‘Profesión’

¿ÉLITE?

Es 8 de septiembre. Estío languideciente, con coletazos de calor, a las puertas el otoño. Reincorporación a la vida rutinaria, también la laboral, con mayor o menor entusiasmo. Y los sanitarios adaptándose a la presencia exacerbada o larvada del coronavirus. Los fisioterapeutas celebran es este día, cada año, su día mundial. 

No nos sorprendería que el lector, con altas posibilidades de ser fisioterapeuta, no se haya enterado de esta celebración o que, aún sabiéndolo, no le haya dedicado más que un pensamiento fugaz. Pudiera ser que nos pasáramos de listos y seamos excesivamente pesimistas sobre la implicación de nuestros colegas en su profesión. También somos muy escépticos sobre el reconocimiento y desarrollo de la misma en la sanidad pública y privada. Aún así hemos  escrito en Twitter unas líneas con esa sensación.

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VOCACIÓN

¿Es necesaria la vocación para ejercer una profesión sanitaria? Esta es la pregunta que nos hemos hecho en muchas ocasiones, en rumiaciones o en conversaciones con otras personas. Hace unos días la repetimos en alto y, como en otras reuniones grupales, parece que se daba por hecho que la respuesta es un sí categórico.

En aquella conversación surgió el tema de la elección que los jóvenes bachilleres tiene que hacer en estos días, tras superar las pruebas de evaluación que les dan acceso a la universidad. Muchos de ellos lo tendrán claro por una inclinación gestada desde hace años o nacida por el contacto con alguna profesión a través de otras personas o en los multiples canales de información que conviven hoy día. Otros, sin embargo, elegirán por descarte o preferencias menos evidentes, presiones o inercias familiares, creencias sobre las salidas profesionales o sobre expectativas económicas. En todo caso, todos elegirán por algún motivo más o menos manifiesto ante los demás o ante ellos mismos.

En aquel debate amistoso se pesupuso por alguien que los sanitarios eligieron en su día por vocación. Y también se apostilló que esa vocación debiera permanecer en el tiempo en este grupo de profesionales. Surgió además la cuestión de si esta situación se daba en otras profesiones con marcado cariz de servicio, como pueden ser los policías. Habiendo en el grupo parlante representantes de ambos colectivos las respuestas no obedecían a opiniones o creencias distantes de la realidad parcial de cada uno de ellos.

En el caso del policia admitió sin ningún sonrojo por su colegas que la vocación no estaba presente en muchos de los mismos. Estamos seguros que si hubiera habido bomberos o miembros de la UME habría pasado lo mismo. Y es que, además, NO pasa nada porque sea así. Integrar el funcionariado estatal, autonómico o municipal es un privilegio, al menos así lo ve mucha parte de nuestra sociedad. Y sería inocente pensar que un bombero lo es sólo porque quiere exponerse a peligros por afán de servicio o desencarcelar accidentados. Probablemente un sueldo muy digno, la disponibilidad de jornadas laborales compaginables con otras actividades, prestigio social, etc. sean motivos suficientes.

En el caso de las profesiones sanitarias pueden darse condiciones que las hagan atractivas sin requerimiento de una vocación en el sentido un tanto romántico de sentimiento de llamada, de inclinación incontenible, de tendencia impetuosa, de generosa solidaridad. Si nos fijamos en la profesión sanitaria de más consideración social, la Medicina, podría pensarse que años de sacrificado estudio, seguido de más años de formación especializada, no pueden sobrellevarse sin un ánimo impulsado desde la vocación. No lo podemos asegurar ni refutar. Pero sí tenemos experiencias que nos indican que la vocación, si la hubo, se puede esfumar y transformarse en reclamo de mejores condiciones económicas sin las cuáles aquella no se mantendría. Ídem se puede decir de la Enfermería que a base de jornadas intempestivas, menores retribuciones y consideración que la Medicina, acaba socavada y desmotivada. Entonces, concluímos que la vocación filantrópica no es imprescindible para mantenerse en estas profesiones, las más representativas entre las sanitarias.

¿Y qué decir de la Fisioterapia, nuestra profesión? Pues algo parecido. Nos atrevemos a afirmar, ahora sí, que esa vocación a la que aludimos al principio del párrafo anterior NO es la que ha seducido a muchos de esos bachilleres que desean estudiarla ni a muchos de los que la estudiaron. Cierto prestigio social percibido, ciertos prejuicios y creencias sobre la empleabilidad y la remuneración, atraen a unos jóvenes naturalmente ingenuos y sorprendentemente desinformados. Y, como en todas las profesiones, sanitarias o no, las condiciones laborales, el contexto, las ambiciones, la frustración o el descubrimiento de que hay otras cosas pueden aminorar o directamente acabar con cualquier atisbo de vocación.

Repuesta a la pregunta de inicio: NO. El día a día como compañero y usuario de la sanidad, pública y privada, nos hace ver que se puede ejercer sin vocación. ¿Significa eso que se haga mal? Taxativamente NO. Obligación y responsabilidad no son incompatibles con falta de devoción y entusiasmo. Se puede ser un fisioterapeuta muy competente sin sentir ese anhelo de ayuda desinteresada ni una llamada interior hacia la profesión. Otra cosa es si eso es lo que más enriquece, reconforta o colma la vida profesional y, por qué no, la personal. Nosotros, hasta ahora, todavía vemos la Fisioterapia como una presencia que sirve para mucho más que para darnos de comer. ¿Y vos?

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¿NORMALIDAD?

La manida expresión “ver la luz al final del túnel” es aún más recurrente en estos días. En el ambiente se percibe una especie de final de ciclo, un pasar de página, una relajación progresiva a la espera de la reactivación de un montón de cosas que la pandemia ha adormecido,  del renacimiento de otras cosas, del resurgimiento de lo que sucumbió tras tantos meses.

Es hora de tomar impulso, de reiniciar lo que se quedó a medias o sin empezar, de retomar proyectos. Pero también de análisis, estudio, miradas retrospectivas con lo que se sabe y lo que se ha aprendido. Hoy nos proponemos hacer un muy sucinto retrato de lo que ha sido esta pandemia, desde una visión totalmente particular, en un hospital cualquiera. Lo haremos como fisioterapeuta, con mención específica a lo que fue y puede ser para la Fisioterapia.

El coronavirus irrumpió con aviso pero con virulencia allá por comienzos de marzo de 2020. Desde entonces ha habido distintos periodos más o menos reconocibles, de duración e intensidad variable dependiendo de quien hable y desde donde se hable. Por ello nuestra propuesta es totalmente arbitraria y se puede someter a la crítica del lector. Se agradece.

Los meses de marzo y abril supusieron lo que se dio en llamar la primera ola. Nosotros lo calificamos de ETAPA EFERVESCENTE, ya que se caracterizó por ebullición, la eclosión de una situación novedosa, el desbordamiento, el momento álgido que provocó la crisis sanitaria y casi lleva al colapso del sistema. Fue el momento de la adaptación, de la versatilidad, de la cooperación, del EQUIPO. Pocas veces veremos a los sanitarios sin distinción arrimar el hombro en la misma dirección, sin suspicacias, sin clasismos. Fue el momento del aplauso ante el evidente esfuerzo, el trabajo duro en medio de la incertidumbre y el miedo. Y la Fisioterapia reclamaba convencida que podía y debía participar en la ayuda a los pacientes de planta y UCI, viendo también que muchos de esos mismos usuarios nos iban a necesitar en un indefinido proceso de recuperación ante las más que probables secuelas.

El mes de mayo nos trajo la calma tensa, la tranquilidad aparente, la fatiga tras el sobreesfuerzo. Fue una ETAPA EXPECTANTE, en la que quizá el calor atenuaría al virus, quizá los viajes lo propagarían con renovado brío, quizá la mascarilla se convertiría en algo innecesario. Fueron meses de ESPERA ante un otoño quizás normal, con previsiones a medias  y, a veces, sin previsiones. Muchos disfrutamos de vacaciones, nos quisimos olvidar de aquellos días en los hospitales, con pacientes moribundos, aislamientos penosos y también recuperaciones gratificantes. Mientras, las unidades de Fisioterapia fueron retomando una actividad con “aforos limitados”, enfundados en batas, gorros y gafas hasta entonces extraños. Y los “fisios” en la UCI y plantas, con y sin Covid, más presentes que nunca, más visibles, más útiles. Muchos enfermeros, auxiliares  y médicas nos lo dijeron.

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NUEVO CÓDIGO DEONTOLÓGICO

El Consejo General de Colegios de Fisioterapia de España (CGCFE) ha aprobado un inédito código deontológico, en tanto que ha contado con la participación de varios de sus miembros y regula el ejercicio de la profesión en todo el Estado. Hasta ahora, cada colegio disponía de su propio código, con lo que criterios, normas y valores que nos han de servir de guía se unifican.

Conocemos intentos previos por lograr este hito pero es ahora cuando se cristalizan. Parece sensato pensar que un país con las dimensiones de España y con la cotidiana y notoria movilidad entre sus diferentes provincias y comunidades autónomas no sea víctima de la dispersión y heterogeneidad normativa en un ámbito tan importante como la ética y deontología profesionales. Somos un poco nefelibata, y tendemos a pensar que este espíritu unitario se podría extender a otros ámbitos de la profesión. Pero quedémonos hoy en el código.

No pretendemos hacer un análisis del mismo. Como en otras ocasiones hay otros colegas que ya lo han hecho. Por ejemplo, con  su estilo habitualmente irreverente, @LaOtraFisio en su bitácora (1). De todas formas, creemos necesario, por no decir obligatorio, que lo es, el conocimiento del original por todos los fisioterapeutas ejercientes. Su consulta se puede hacer en el sitio del CGCFE (2).

Por nuestra parte sólo haremos algunas anotaciones sobre cuestiones que nos llamaron la atención. Para empezar, somos escépticos sobre lo dicho en el párrafo anterior. De los más de 60.000 fisioterapeutas españoles dudamos de que unos cientos lo hayan leído. Pero es que no esperamos que lo lean muchos más. Resulta chocante que ni siquiera los estudiantes, en nuestra siempre limitada experiencia, lo conozcan. Es lógico pensar que en los estudios de Grado se han tratado temas de legislación y ética, pero nos damos cuenta de que quedan en recuerdo lejano o directamente se olvidan engullidos entre otros contenidos más técnicos o cercanos a los procedimientos puramente asistenciales.

Idealmente, los temas como el código deontológico, la legislación básica en materia de asistencia sanitaria, protección de datos o la misma orden ministerial que regula el título de Fisioterapia, son un terreno poco abordado e integrado en el resto de materias. El prácticum, la asignatura que más conocemos, debe ser el marco en el que esto sea posible. Para ello, profesores asociados y/o tutores han de hacer explícitos estos temas, aunque sospechamos, como  dijimos antes, que esto no es así quizás por la falta de conocimiento de los propios profesionales y por la presencia sólo teórica en las guías docentes de la asignatura. (más…)

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VENTILEMOS

Llevamos más de un año conviviendo con la pandemia de la Covid-19. Se está haciendo largo pero, como hemos dicho en otras ocasiones, con el tamiz del tiempo esta situación se situará en la categoría de anécdota histórica con la nada insignificante característica de haber sido compartida por toda la humanidad, en mayor o menor grado. Para la Fisioterapia será considerada como hito, estando aún por ver si tiene la trascendencia que quisiéramos como palanca profesional.

Sea como fuere, el trabajo de muchos fisioterapeutas, una inmensa minoría, se ha reconocido por doquier. Hemos aparecido, enfundados en los equipos de protección, en cabeceras de periódicos, telediarios y redes sociales. Se nos ha conocido en la importantísima tarea de las plantas hospitalarias y se valora la contribución a la recuperación de las secuelas que en muchos ha dejado la enfermedad. Como el resto de compañeros tuvimos que adaptarnos a situaciones novedosas, desconocidas, y aprender sobre la marcha.

En los hospitales, al menos en el país desde el que escribimos, había un grupo de fisioterapeutas bregados con el trabajo en las UCI. Nosotros llevábamos ya tiempo en esas lides, recordando formaciones previas, leyendo, consultando material audiovisual. Sin embargo, para la mayoría, salvando un grupo de colegas avezados, el entorno de los cuidados intensivos no resultaba el cotidiano, el ordinario en el que el profesional se siente cómodo, capaz de afrontar casos complejos y de compartirlos sin rubor con enfermeros y médicas. Por eso, la pandemia, con su irrupción y la demanda de fisioterapia, nos impelió a profundizar más en un mundo un tanto hostil. Insisto, hay fisioterapeutas en España que se mueven en las UCI como pez en el agua, unos cuantos.

La ventilación mecánica es uno de esos procedimientos que conocemos, habitualmente, de manera superficial. Hasta no hace mucho muchos de nosotros mirábamos el aparataje con distancia, literalmente. Nos preocupaba que sonara alguna alarma, y poco más. Eso era cosa de “los de la UCI”, entre los que no nos incluían ni nos incluíamos. La pandemia ha cambiado en cierta medida este relato, al menos en nuestra experiencia personal. Con la siempre inestimable ayuda de los compañeros, especialmente de Enfermería, hemos ido perdiendo el miedo, con prudencia, respeto, pero con la convicción de que saber más sobre la ventilación mecánica y los ventiladores es una necesidad para ensanchar la aportación de los fisioterapeutas a la atención a pacientes críticos.

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¿ESTAMOS EN FLUJO?

En las últimas semanas el sistema sanitario y los distintos elementos constitutivos de nuestra sociedad en su conjunto, y los individuos que la formamos, nos hemos visto sometidos a un nivel de tensión con pocos precedentes cercanos, al menos en su intensidad.  La reacción ante la crisis sanitaria, laboral o económica por la Covid-19 ha sido dispar, con luces y sombras, con comportamientos admirables, criticables o reprensibles.

Todo eso tendrá un análisis pormenorizado y aparecerá en los libros de Historia. En lo personal, cada uno tendrá que sacar sus propias conclusiones y aprendizajes. Y nos planteamos qué ha supuesto en la vida de los profesionales sanitarios. Muchos han estado en primera línea, al borde de la cama del paciente, otros respaldando la labor de aquellos, en logística, laboratorio, farmacia y transporte, entre otras tareas.

En entradas previas hemos hablado de la implicación de la pandemia en la labor de los fisioterapeutas y en la nuestra personal. Está por ver si eso supondrá cambios en nuestro trabajo cotidiano en las UCI y en otras plantas de hospital, en los tratamientos de los pacientes ambulatorios, en las residencias o en las clínicas de fisioterapia privada.

Lo que sí tenemos claro es que estos más de 50 días desde el inicio de la alteración en nuestra actividad hospitalaria han supuesto un cúmulo de aprendizajes implícitos y explícitos que esperamos sean de provecho para el futuro. Las situaciones novedosas han espoleado ganas de aprender individualmente y como colectivo con multitud de actividades formativas y divulgadoras en línea y a través de las redes sociales. Esas ganas responden a la necesidad adaptativa a un entorno cambiante, pero también a la motivación intrínseca.

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FISIOTERAPIA EN LA UCI COVID-19: NUESTRA EXPERIENCIA

El pasado 17 de abril de 2020 tuvimos la oportunidad de concurrir a una mesa para exponer nuestra experiencia de estas últimas semanas como fisioterapeuta en la Unidad de Fisioterapia del Hospital Universitario de Fuenlabrada. 

Desde justo un mes antes, el 17 de marzo, continuamos subiendo a la UCI. Es nuestra práctica habitual, a diario, en un tramo horario de nuestra jornada laboral. Pero ahora lo hacíamos para colaborar con el personal para los cambios de posición protocolizados en paciente con síndrome de dificultad respiratoria fruto de la Covid19. Era un momento de incertidumbre, desubicación, adaptación de roles,…un esfuerzo insólito y titánico de muchos hospitales para responder a la llegada indigerible de pacientes con necesidad de atención indiferible. Nuestra función en esta primera etapa fue de ayuda en las tareas en las que nos demandaban, no complejas, pero que tampoco eran parte de nuestra labor como tales fisioterapeutas. En la UCI y en otros departamentos. Después hemos ido basculando al ejercicio de nuestras competencias en pacientes hospitalizados, a la par que realizábamos otras tareas como el contacto telefónico con nuestros pacientes ambulatorios de antes de la pandemia.

Quizá por la difusión que hemos hecho en Twitter de lo que iba aconteciéndonos, Beatriz Simón, en nombre del Colegio de Fisioterapeutas de la Comunidad de Madrid, nos pidió participar en un seminario compartiendo mesa con el intensivista Federico Gordo Vidal y con el fisioterapeuta ucista Ricardo Rodrigues Gomes. No podíamos negarnos, por el compromiso histórico que tenemos con el Colegio, por el compromiso con la Fisioterapia, y por ver en nuestra comunicación una oportunidad de difundir lo que se hace, lo que se puede hacer y lo que deberíamos hacer en las UCI.

Sin más rollo dejamos la parte que expusimos y también el enlace al seminario completo. No deje el lector interesado en estas lides de escuchar a Federico y Ricardo, lo merecen más que nosotros.

Adenda: el 16 de junio de 2020 la Universidad Privada San Juan Bautista de Perú nos invitó a contar nuestra experiencia en el marco de una conferencia internacional.  Aunque el grueso de lo que expusimos está en el vídeo previo, presentamos para el lector interesado nuestra ponencia en este evento. Se incluyen datos adicionales de las consecuencias de la pandemia y las posibles propuestas para la fisioterapia del futuro.

Adenda 2:

Unas semanas después de la anterior presentación el programa Hoy por hoy, de la Cadena Ser Madrid Sur, emitió una entrevista con nosotros en la que hablamos de la fisioterapia durante las etapas iniciales de la pandemia.

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PAPEL O NO PAPEL

Las formas de comunicación se han transformado radicalmente desde el advenimiento de Internet. Revistas, periódicos, libros, enciclopedias, las maneras de transmitir información y conocimientos en los siglos precedentes han ido adaptándose a la era digital, abandonando en muchos casos el tradicional formato en papel.

En fechas recientes se nos pidió desde el Colegio de Fisioterapeutas de la Comunidad de Madrid una pequeña reflexión sobre el uso del papel para la publicación del su revista mensual “30 Días de Fisioterapia”. Esta sirve para informar de aspectos relevantes de la vida colegial, actuaciones, ofertas, gestiones del Colegio, informaciones sobre aspectos sanitarios, profesionales u oferta formativa y de la biblioteca. Una vez publicada nuestra opinión en la revista la reproducimos, con alguna variación, en esta bitácora.

En los albores de este siglo unos cuantos estuvimos en el germen del “30 Días”. Algunos lo calificaban de “pasquín parroquial”, obviando el esfuerzo desinteresado de sus colegas. Con este bagaje, nos atrevemos a opinar sobre la adaptación del mensual.

Se cuestiona su edición en papel, y su envío a los miles de colegiados por correo “ordinario”. Esto supone un gasto abultado para nuestras arcas y lo hace poco o nada “sostenible”, en su doble acepción económica y ambiental. Es muy razonable, ecológico y políticamente correcto, pero…

La implicación del colectivo en los asuntos profesionales y en la vida colegial es más bien baja, siendo benévolos. No parece que estemos intrínsecamente muy motivados a participar ni ser partícipes. El interés parte, para muchos, del aprovechamiento de los servicios colegiales como el seguro de responsabilidad o el “cheque bebé”. Otros servicios muy importantes, como las asesorías o la biblioteca, son de uso minoritario. Las comisiones, con un papel muchas veces trascendental, son cosa de unos cuantos. Los vectores de acción profesional más actuales (ejercicio terapéutico, oncología o intrusismo) son compartidos también por una minoría, a pesar de que pueda estar muy presente en redes sociales y en mentideros políticos y de gestión.


Por esos motivos, creo que el “30 Días” puede ser el único elemento de comunicación con su profesión para muchos y que, en un contexto de abundancia de fuentes de entretenimiento y de información, recibirlo cada mes puede servir para mantener un hilo con lo que se dice y se hace desde el Colegio, además de otras muchas cosas. Por otro lado, no hay que olvidar que hay fisioterapeutas “no digitalizados” que pueden reclamar en caso de la desaparición del formato actual.

Con el tiempo, de manera progresiva, es comprensible, no obstante, que caminemos hacia otras posibilidades, como las propuestas por otros colegas. Se podrá simultanear el envío en papel a los que lo deseen con el envío a nuestros buzones de correo electrónico para todos los colegiados, y finalmente el papel podría desaparecer. En nuestras manos, si queremos participar y opinar, está andar ese camino.

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EL EJERCICIO COMO PARTE SUSTANCIAL DE LA FISIOTERAPIA

En el mes de septiembre pasado publicamos un artículo editorial en la revista Fisioglía. En él hablábamos de la importancia que el ejercicio como tratamiento de la enfermedad y sus secuelas,  como prevención de las mismas en sus distintos tipos, y como promoción de la salud en el ámbito de la Fisioterapia.

Lo hicimos con mucha premeditación, ante la posibilidad de que una parte tan nuclear de la profesión se vea cuestionada como tal y se pretenda que otros profesionales no sanitarios la asuman como propia. Quizá el ruido mediático nos alerte más de lo que realmente sea este asunto. O quizá no. En todo caso reivindicar este vector de acción como propio y tomar medidas “preventivas” desde los órganos representativos y académicos de la profesión para evitar su menoscabo nos parece muy pertinente.

Pasados tres meses de su publicación lo reproducimos aquí como púlpito en el que dar difusión a una idea que consideramos trascendente, esperando lo llegar así a una mayor audiencia.

Fuente: https://www.ecoledudos.org/concept/

Publicado en fisioGlía 2019, 6(3): 38
En los últimos tiempos percibimos un renovado interés en el ejercicio terapéutico como forma de tratamiento de pacientes y usuarios de la fisioterapia. Esa percepción se acrecienta, creemos, por el debate surgido en redes sociales en relación con el uso de esta herramienta. No es nuestro objetivo usar esta tribuna para repetir argumentos y contrargumentos. Simplemente nos parece pertinente incidir en que el tratamiento de enfermedades es competencia de profesionales sanitarios. También promoción y prevención forman parte de la labor cotidiana de los mismos. Como además se ha dicho, las herramientas terapéuticas pueden ser usadas en conjunción por varias profesiones, teniendo en cuenta que cada disciplina tiene sus competencias y fronteras. El ejercicio es un ejemplo de ello. Los graduados en ciencias de la actividad física y del deporte (CAFYDE) recomiendan, pautan, dosifican, enseñan ejercicio. El médico o el enfermero, profesionales sanitarios, también. Entonces, ¿qué papel juegan los fisioterapeutas?
Para los que suscriben, el ejercicio, como parte de la fisioterapia, está intrínsecamente unido a su actividad. En la universidad de los años 90 del pasado siglo, al menos en la nuestra, se enseñaba que el ejercicio está en la génesis y devenir de la profesión y ha sido una práctica consuetudinaria a lo largo de su historia. Entre nuestros profesores estuvo José López Chicharro, que nos deleitaba con su Fisiología del Ejercicio. Además, no sólo en teoría, también disfrutábamos haciendo preparación física como asignatura propia en primero y segundo de carrera.
Se oyen y leen manifestaciones sobre la competencia de los fisioterapeutas para prescribir y aplicar ejercicio a sus pacientes, presuponiendo quizá que no poseen conocimientos necesarios. No nos parece que esa suposición se pueda sostener. Además, parece lógico que la presencia de enfermedad aconseje que los que la aborden sean profesionales sanitarios, integrados generalmente en estructuras pluridisciplinares. Por tanto, por competencia, por historia, por costumbre y por adecuación a las formas habituales de trabajo y estructura de los servicios sanitarios, el ejercicio como tratamiento se realiza habitualmente en unidades de fisioterapia. A partir de aquí, se hace imperativo, como en cualquier campo, prepararse, actualizarse en la prescripción de ejercicio en poblaciones específicas, de forma sistemática y estructurada, con bases científicas.
En este contexto de debate interdisciplinar, a veces disputa, el ejercicio terapéutico se ha convertido en una línea prioritaria, estratégica de la Fisioterapia a nivel institucional. Algún día debimos de dejarlo apartado, quizá dimos prioridad a terapias pasivas o abordajes más espectaculares y novedosos. Se han organizado cursos de posgrado con premura que invaliden argumentaciones en contra de nuestra capacitación para promover y prescribir ejercicio. Es una apuesta acertada, en nuestra opinión. Además, sería conveniente que todas las universidades profundicen, si no lo han hecho ya, en el ejercicio terapéutico. El Grado de cuatro años permite eso y mucho más.

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PERSPECTIVA DE GÉNERO

Los días prestivales suelen ser ajetreados. Fin de curso, examen por nuestra faceta de estudiante eterno, preparación de proyectos, intentando pulir algunos flecos. Todo antes de que  la galbana veraniega fulmine cualquier atisbo de iniciativa. Y si vemos oferta formativa la aprovechamos, en un intento de aprender relajadamente, sin presiones evaluadoras. Así, este junio vimos la oportunidad de ahondar un poco en un tema que nos llamó la atención hace unos meses, la violencia de género.

No es que fuera un tema ajeno a nuestro interés. La diferencia es que ahora lo hacíamos como profesional sanitario. En el temario de la reciente convocatoria de plazas de fisioterapia para la Comunidad de Madrid, se incluían dos capítulos llamativos. Se trataba de la ley contra la violencia de género y de la ley de igualdad. Nuestra reflexión fue que lo que se dice en esas leyes dista de la realidad vivida como profesional en cuanto a la concienciación de su relevancia y a la formación ante posibles casos en nuestra práctica. Preguntas como qué es la perspectiva de género, cómo podemos hacer para evitar sesgos de género o fomentar la igualdad o qué hacer ante la sospecha o constatación de violencia hacia una mujer no encontraban respuesta en nuestro limitado conocimiento.

Por eso aprovechamos la oferta formativa de la Consejería de Sanidad de Madrid para sus profesionales en este asunto, que no es poca. Nos acogió el Hospital Universitario Infanta Sofía, con un grupo de diez profesionales que tenían mucho que aportar. Incluía judicatura, policía, psicología, trabajo social, medicina, enfermería y docencia universitaria. Aprovechamos para dejar alguna que otra reflexión sobre esta cuestión.

Antes, en relación con la legislación, cabe aclarar que cuando hablamos de violencia de género la ley orgánica 1/2004 (1), en su exposición de motivos, dice que se trata de “violencia que se dirige sobre las mujeres por el hecho mismo de serlo, por ser consideradas, por sus agresores, carentes de los derechos mínimos de libertad, respeto y capacidad de decisión. Además se ejerce  por parte de quienes sean o hayan sido sus cónyuges o de quienes estén o hayan estado ligados a ellas por relaciones similares de afectividad, aun sin convivencia“. El ámbito sanitario se aborda en el artículo 15 diciendo que “se desarrollarán programas de sensibilización y formación continuada del personal sanitario con el fin de mejorar e impulsar el diagnóstico precoz, la asistencia y la rehabilitación”. Y en relación con la formación  universitaria “las Administraciones educativas competentes asegurarán que en los ámbitos curriculares de las licenciaturas y diplomaturas, y en los programas de especialización de las profesiones sociosanitarias, se incorporen contenidos dirigidos a la capacitación para la prevención, la detección precoz, intervención y apoyo a las víctimas de esta forma de violencia”.

La ley orgánica 3/2007, de igualdad efectiva (2) dice que los servicios de salud desarrollarán  “la integración del principio de igualdad en la formación del personal al servicio de las organizaciones sanitarias, garantizando en especial su capacidad para detectar y atender las situaciones de violencia de género”. Además “la presencia equilibrada de mujeres y hombres en los puestos directivos y de responsabilidad profesional del conjunto del Sistema Nacional de Salud”.

A tenor de lo expuesto, los profesionales debemos estar preparados para situaciones tan delicadas como agresiones, físicas o psicológicas, a mujeres en el ámbito de la violencia de género. Por otro lado, debemos integrar la igualdad como condición en los ámbitos asistencial, docente y de gestión. Intentemos responder a algunas cuestiones, esperando el retorno o la corrección del lector que lo considere oportuno por medio de comentario. (más…)

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ME HA TOCADO UNA BECA, ¡LÁSTIMA!

Cualquiera en sus sanos cabales se alegraría de que le concedieran una beca. Es el caso, aunque con un poco de pesar. El pasado 25 de abril se celebró la asamblea general de los fisioterapeutas colegiados en la Comunidad de Madrid. Y en ella es costumbre el sorteo de becas de formación entre los asistentes. Nunca nos ha tocado la lotería, al menos en una cantidad notable, pero sí hemos sido agraciados tres veces con este premio a la asistencia.

Créanos el lector que no hay arreglo para favorecernos. Hemos participado en el Colegio de Fisioterapeutas de Madrid activamente en la elaboración de su revista mensual hace casi veinte años, hemos redactado multitud de artículos para la misma en años posteriores; y hemos disfrutado de la participación y apoyo de la entidad colegial en eventos organizados para la profesión como las cinco Jornadas Interhospitalarias de Fisioterapia y la más reciente Jornada de Prácticum. Pero no, no nos han favorecido en el sorteo. Ha sido una pura cuestión de azar. Desgraciadamente.

Sin ponernos trágicos, decimos desgraciadamente porque ese azar era de probabilidad fácil.  En las distintas asambleas a las que hemos acudido no recordamos haber llegado nunca a la centena de presentes. En esta ocasión dudamos si llegaban a cuarenta. Así cualquiera. Recordamos haber usado la bitácora al menos en otras dos ocasiones para quejarnos de la poca implicación del colectivo en el Colegio. Lo hicimos en una entrada en 2010 y de nuevo al año siguiente. A riesgo de parecer pesados, reiterativos y gruñones no nos hemos querido escapar a la crítica de la “asamblea vaciada”,  haciendo uso de ese adjetivo que se oye últimamente en otros planos reivindicativos. Esa crítica pretende ser constructiva. Si en 2011 parecía haber 7200 razones para no asistir este año debió haber más de 11000.

Entrada del CPFM. La mayoría de sus propietarios no saben ni dónde está.

En el pasado año hubo elecciones para elegir al equipo que gobierna el colegio. La participación fue destacada por muchos, aún sin llegar a 1000 votos, si no recordamos mal. Es decir, ni el 10% de los colegiados. Los números nos delatan. Eso es incuestionable. Tiraremos de expresión hecha: mal de muchos, consuelo de tontos. No creemos que haya mucha diferencia con otros colectivos, sanitarios o no. (más…)

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12 CUESTIONES SOBRE EL PRÁCTICUM

El pasado 11 de octubre asistimos en nuestra faceta de escuchante aprendiz a la jornada sobre el Prácticum en Fisioterapia organizada por el Colegio de Fisioterapeutas de la Comunidad de Madrid y por Fisioeducación. Como integrante de esta última tuvimos también responsabilidad en la elección de ponentes, formato, horarios. Se trató para nosotros de un hito importante en el afán de dar un peso específico al Prácticum.

Fue muy interesante el contenido, tocando desde distintas perspectivas aspectos como el razonamiento clínico, la evaluación o la relación entre universidad y centros en los que se desarrolla esta asignatura. Nuestras expectativas iniciales se vieron satisfechas. No estaría demás que el Prácticum tuviera más foros en los que propiciar el encuentro y el debate para compartir, proponer y mejorar. Ojalá los haya.

La educación clínica, prácticas externas o prácticum es tema continuado en nuestra vida profesional. Estamos obligados a ello al tener, por voluntad y vocación, estudiantes durante gran parte del año. Sentimos esta labor, la docente, como importante, motivante y retadora. Muchas entradas de esta bitácora así lo atestiguan. También sentimos que, quizás, desde los ámbitos académicos no se la tiene tanta estima como su carga lectiva y naturaleza aconsejaría. Pero dejemos las quejas. Dos meses después de aquella jornada, con su poso asentado, además de nuevas y antiguas reflexiones, queremos rescatar algunas cuestiones y dudas antes de que el turrón nos ofusque la mente. Empezamos.

1. Evaluación del Prácticum. Como proceso interno, la formación ha de ser  evaluada por los tutores/profesores. También por los gestores (supervisores, comisiones de docencia, direcciones de hospital y de otros tipos de centros de prácticas,…). Por supuesto, también por la universidad que envía a sus estudiantes a los centros. Y, finalmente, por las  agencias evaluadoras de las titulaciones (ANECA o análogos autonómicos). Nos planteamos si esta evaluación se hace de manera formal, sistematizada, periódica, o si se confía en el buen hacer y sólo se cuestiona si surgen problemas o quejas.

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