‘Investigación’

PRUEBAS DIAGNÓSTICAS (V): PROBABILIDAD PREPRUEBA

Cuando un clínico atiende a un paciente o usuario y tiene que resolver un problema lo primero que ha de hacer es elaborar una hipótesis diagnóstica. Para llegar a ella ha de hacer conjeturas, elaborar explicaciones, aplicar y revisar pruebas que le lleven a un diagnóstico, que tendrá un mayor o menor grado de incertidumbre. Este será necesario para poner en marcha, o no, un tratamiento.

Todos entendemos que es así, y que en ese proceso se ponen en juego conocimientos explícitos e implícitos adquiridos por aprendizaje y experiencia. Es aquí donde entra en juego el razonamiento clínico, hilando más fina o rudamente lo que sabemos con la práctica previa. Se comprende, entonces, que lo que hemos visto en las entradas anteriores  sea necesario conocerlo para formalizar  el proceso diagnóstico y reducir el margen de incertidumbre inicial.

La entrevista, la observación, la información de otros profesionales y/o de familiares o allegados aportan una materia prima que sirve para construir un proceso diagnóstico, a veces de modo determinante, incluso evitando la necesidad de pruebas manuales o instrumentales. Bien porque estimo que es poco probable tal o cual diagnóstico, bien porque estimo que es altamente probable.. Otras veces, las pruebas son necesarias para hacer la aproximación diagnóstica que nos ayude en la toma de decisiones. Y a la hora de concretar la utilidad de su resultado es muy interesante saber cuál es la probabilidad de que acertemos. Los datos aportados por la literatura nos dicen, como hemos visto, los parámetros de validez y relevancia de una prueba  (sensibilidad, especificidad, cocientes de probabilidades). El resultado de la prueba tendrá peso si la probabilidad del diagnóstico incrementa la que inicialmente habíamos planteado (o la reduce en caso de diagnóstico “negativo”). Esa probabilidad inicial se denomina, como vimos, preprueba, preexamen, o pretest.

La probabilidad preprueba es, pues, la probabilidad de que un sujeto posea una condición o enfermedad antes de realizar una o varias pruebas. Se puede estimar a partir de la práctica cotidiana o del juicio clínico. Como dijimos antes, también son fuente de probabilidad preprueba los datos de la historia clínica propia o ajena y la prevalencia. Vemos, pues, que a pesar de estar empeñados en llegar a un diagnóstico certero a partir de datos objetivos, esto no deja de ser una loable pero inviable opción. La experiencia, el ojo clínico, el reconocimiento de patrones, nos van guiando de manera consciente e inconsciente a una conclusión, un pre-diagnóstico probabilístico. Si este me aporta seguridad, con un margen aceptable de incertidumbre, actúo en consecuencia (iniciamos un tratamiento, derivamos a otro profesional, confiamos en la evolución natural). Si permanece la inseguridad o desconfianza en un diagnóstico probable aplico pruebas clínicas disponibles, válidas, adecuadas, en base a la literatura. Y, con aquella probabilidad preprueba o prediagnóstica más los cocientes de probabilidades de las pruebas llegamos (tal y como vimos en la entrada anterior) a la probabilidad posprueba.

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PRUEBAS DIAGNÓSTICAS (IV): PROBABILIDAD POSPRUEBA

Como hemos visto en la entrada previa, el cociente de probabilidades me da una idea de la utilidad de una prueba diagnóstica una vez la hemos aplicado y conocemos su resultado en un paciente. Si tiene determinados valores me confirma que dicho resultado es relevante. Vimos también que el cociente de probabilidades se obtiene a partir de la sensibilidad y especificidad de una prueba y que, al contrario que los valores predictivos, no depende le la probabilidad preexamen o de la prevalencia de la condición a estudio.

Lo que proponemos ahora es conocer la probabilidad de que un paciente tenga o no la condición o enfermedad que se estudia mediante una prueba validada, teniendo en cuenta los cocientes de probabilidades de dicha prueba y la probabilidad estimada previamente (preprueba, preexamen o pretest). Es decir, si sé cuánto de relevante es el resultado de la prueba y la prevalencia de la condición (o la estimación de la probabilidad preprueba a partir de anamnesis y examen físico), ¿cuál es la probabilidad de confirmar ese resultado?

La prevalencia será la de la población a la que pertenezca nuestro paciente o usuario. Pero, si tenemos en cuenta la experiencia del profesional y los datos de la historia clínica, se hace la estimación “personalizada” para ese paciente. Esta es la situación más típica a la que se enfrenta un fisioterapeuta. Con el dato de la probabilidad preprueba y los de los cocientes de probabilidades (o razones de verosimilitud o likehood ratios) obtengo una probabilidad posprueba de que el paciente tenga o no la condición. Para ello, podemos hacer los cálculos pertinentes según el teorema de Bayes, lo cual nos complica un poco la vida. O podemos, siendo prácticos, emplear un diagrama bidimensional que nos presenta el cambio de probabilidades, de la preprueba a la posprueba, el nomograma de Fagan:

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PRUEBAS DIAGNÓSTICAS (III): COCIENTE DE PROBABILIDADES

En las dos entradas previas hemos hablado de las propiedades intrínsecas de una prueba diagnóstica, sensibilidad y especificidad, que nos dan una idea de la validez de la prueba para detectar una condición; y de los valores predictivos, que nos informan de la calidad de la prueba diagnóstica para conocer la realidad de un paciente del que conocemos el resultado en dicha prueba.

Con esos datos, que encontraremos en la literatura científica, puedo discernir si la prueba es útil en la asistencia a nuestros usuarios. Sin embargo, si desconozco la prevalencia de la condición a estudio en la población con la que trabajo o quiero utilizar una prueba prescindiendo del dato de probabilidad preexamen o preprueba necesito recurrir al COCIENTE DE PROBABILIDADES.  Como su nombre indica en una relación, que se establece entre el porcentaje de positivos “verdaderos positivos” (sensibilidad o S) y el porcentaje de positivos “falsos positivos” (sujetos que dan positivo sin la condición -o realmente sanos- de entre todos los positivos), para el cociente de probabilidades positivo (CP+). Para el cociente de probabilidades negativo (CP-) se divide el porcentaje de negativos “falsos negativos” (sujetos que, entre todos los negativos,  han dado negativo teniendo realmente la condición o enfermedad) y el porcentaje de negativos “verdaderos negativos” (especificidad o E)  -o realmente sanos- de entre todos los negativos. El cociente de probabilidades también se denominan razón de verosimilitud, y en inglés es el likehood ratio.

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PRUEBAS DIAGNÓSTICAS (II): VALORES PREDICTIVOS

En la entrada previa hicimos un sucinto repaso de lo que es la sensibilidad y la especificidad de una prueba diagnóstica. La idea central es, para nosotros, que la alta sensibilidad determina que la prueba es adecuada para descartar la condición a estudio; en cambio, la especificidad elevada nos dice que la prueba es adecuada para confirmar la condición a estudio. Esto nos da una idea de cuan adecuada es una prueba para una condición cuya presencia o ausencia se conoce.

En la práctica clínica el proceso es distinto. Partimos de un usuario o paciente del que queremos saber si tiene o no una condición o enfermedad. Es decir, el condicionante es el resultado de una prueba (positiv0 o negativo) del que tengo que saber si eso implica la tenencia o no de la condición. Por poner un ejemplo, si tenemos un paciente con dolor de rodilla podemos intentar determinar si se debe a un problema meniscal con la prueba de McMurray. Usamos esta u otra prueba si se ha constatado su validez en el correspondiente estudio y queremos responder a la cuestión “¿si da positivo en la prueba tiene una meniscopatía?”

Los VALORES PREDICTIVOS pretenden lo que en realidad hacemos, valorar si una prueba (de la que conocemos sensibilidad y especificidad) me permite conocer la probabilidad de que el usuario tenga o no una condición (enfermedad, alergia, intolerancia al ejercicio, etc.), dependiendo de si el resultado para la misma es positivo o negativo. El matiz, nada baladí, es que ahora partimos de una probabilidad preexamen. Este es el cálculo que el clínico hace de probabilidad  de que su paciente tenga la condición a estudio en base a la prevalencia poblacional, hallazgos físicos o de la anamnesis, por ejemplo. Con ese dato en mente calculamos la relación entre los verdaderos positivos (enfermos que detectaría la prueba según su sensibilidad) y el total de positivos. Este es el valor predictivo positivo (VPP) o número de positivos reales del total de positivos. En términos matemáticos el VPP es igual al cociente entre los verdaderos positivos y la suma de los verdaderos positivos (VP) y los falsos positivos (FP):

  • VPP= VP/(VP+FP)

Igualmente calculamos la relación entre los verdaderos negativos (sanos que detectaría la prueba según su especificidad) y el total de negativos. Este es el valor predictivo negativo (VPN) o número de negativos reales del total de negativos. En términos matemáticos el VPN es igual al cociente entre los verdaderos negativos y la suma entre los verdaderos negativos (VN) y los falsos negativos (FN):

  • VPN= VN/(VN+FN)

Recordemos, para el cálculo de los valores predictivos partimos de datos de sensibilidad y especificidad de una prueba diagnóstica (que no dependen de población/paciente/usuario al que se aplican) y de una prevalencia o probabilidad preexamen (que es diferente para cada paciente o población).

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PRUEBAS DIAGNÓSTICAS (I): SENSIBILIDAD Y ESPECIFICIDAD

Oímos mucho esas palabras cuando se habla de la validez de una prueba diagnóstica. Son términos cuya significación se puede intuir por su acepción corriente en el habla cotidiana. Sin embargo, si se nos pide una explicitación de su significado concreto en el ámbito sanitario tal vez muchos tengamos problemas para interpretar y desarrollar el mismo.

Vamos a intentar aclarar(nos) con estos términos. En las profesiones sanitarias se llevan a cabo constantemente pruebas que nos ayudan a tomar decisiones en base a una supuesta validez. No es, por tanto, un asunto menor. Empezaremos por precisar algunos términos en el contexto de las actuaciones de los profesionales de la salud.

Prueba. Método que permite obtener información sobre el nivel de salud o enfermedad, o condición, del paciente o usuario. Así, una prueba de embarazo pretende saber si la usuaria tiene la condición de encinta; una prueba de Jobe pretende reconocer una lesión del músculo supraespinoso. Queremos manifestar, aunque no nos haga caso casi nadie, que la sustitución de la palabra “prueba” por test nos parece una necedad. También conviene recordar que la palabra prueba, con otra acepción, es la mejor traducción para evidence, cuando hablamos de “evidence-based practice”.

Validez. Una prueba es válida si cumple con unos criterios de calidad, en definitiva, si es capaz de detectar la condición o enfermedad o ausencia de la misma. Una de las maneras de conocer la validez de una prueba es el binomio sensibilidad-especificidad.

Patrón de oro o estándar de referencia. Es el mejor método conocido para ratificar la presencia o ausencia de la condición a estudio. Puede ser una prueba o una combinación de ellas, o incluso el seguimiento de los sujetos sometidos a evaluación. Este patrón de referencia debe ser independiente de la prueba evaluada y la precisión de la misma se define por la concordancia con aquel. Así, idealmente, una  combinación de dolor al estiramiento de un tendón, dolor a la palpación, y dolor a la contracción resistida podría ser indicador de una tendinitis, confirmada en su momento por un hipotético patrón de oro como una ecografía o una artroscopia, por ejemplo.

Teniendo estos conceptos claros podemos entender lo que es la SENSIBILIDAD (S). Un prueba es sensible cuando se provoca u obtiene (valor positivo) en presencia de lo que pretende verificar. Dicho de otro modo, es sensible a lo que la provoca, obtiene, suscita o detecta. Así, si tengo un prueba de flexión, aducción y rotación externa (FADERE) de cadera positiva en un 30% de los casos en los que luego o antes se ha demostrado tendinopatía glútea de manera independiente, la sensibilidad es de 30%. Un 70% de los casos confirmados por un estándar de referencia no serían detectados.

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SERVIDUMBRE CIENTÍFICA

A veces el tiempo nos hace perder la perspectiva de las cosas. O distorsionarla. La Fisioterapia, entendiendo como tal al cuerpo de integrantes de instituciones académicas y a los colegios profesionales, ante la necesidad de reconocimiento y cimentación de una joven disciplina, se subió al carro de la Medicina Basada en Pruebas (o evidencias). Lo hizo de forma entusiasta, empujada por una corriente dominante en las profesiones sanitarias. Pudo ser necesario, incluso inevitable, pero en el camino quizás no consideramos algunas peculiaridades de nuestra profesión.

En una reciente publicación en su bitácora Carlos López Cubas aludía a las diferencias entre el contexto investigador y la realidad de los pacientes que acuden al fisioterapeuta (o a cualquier otro sanitario). Titulaba la entrada Crisis científico-clínica, y explicaba somera pero acertadamente las discrepancias entre el objeto y la muestra de un estudio y un paciente de cualquier hospital o clínica. En efecto, la cantidad de variables que rodean al paciente y a la intervención hace difícil su control, tal y como se pretende en un ensayo bien diseñado. En los estudios se trata de minimizar los sesgos y normalizar las distintas situaciones, algo poco accesible en la cotidianidad de la fisioterapia.

Nosotros hicimos una reflexión al respecto en un editorial de la revista fisioGlía (1), parte del cual  rescatamos aquí para consideración del lector:

“La Fisioterapia Basada en Pruebas (FBP), así preferimos llamarla algunos, se ha convertido en el paradigma de la fisioterapia científica, virtuosa, adecuada, útil. Como remedo del movimiento en la Medicina, pensamos que era la manera de buscar el reconocimiento y el respeto de las demás disciplinas y el camino para manifestar nuestra valía. Muchos, entendemos que con buenas intenciones, asumieron con un ímpetu extremo los principios de la FBP. Así, se comprueba en algunos comentarios cómo se busca una consideración rigurosa de lo afirmado en los estudios publicados. Quizás eso haya llevado a perder de vista que cuando se habla de aplicar los resultados de la investigación a la práctica se dice también que la experiencia del clínico, el contexto y las preferencias del paciente juegan un papel tan o más importante que lo primero. Todo eso es práctica basada en evidencias. Sus precursores ya lo dijeron, aunque el tiempo haya hecho perder esa noción a muchos. (más…)

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MESH ON DEMAND

 

No es lo que parece. Para los avispados bilingües la traducción automática al leer les puede hacer creer que hablamos de mallas o redecillas por encargo. Nosotros simplemente nos hacemos eco de una reciente incorporación a la base de datos de revistas del ámbito biosanitario Pubmed.

En realidad “Mesh on demand” es una herramienta incorporada al buscador de términos clave Mesh BrowserEl Mesh (acrónimo de Medical Subject Heading) es el tesauro de vocabulario controlado de la National Library of Medicine de EE.UU. Mesh on demand se puede consultar desde mayo de 2014. Es especialmente útil para los que no están familiarizados con el uso del tesauro. Permite localizar los Mesh, sin los calificadores que focalizan cada uno de ellos en un determinado aspecto (terapia, contraindicaciones, ética, fisiología, etc.).

Su funcionamiento es sencillo. Se introduce el texto, de hasta 10.000 caracteres, en un recuadro y se pica en Buscar. Tras unos segundos, con paciencia, aparecen bajo el texto los términos Mesh que un programa interpreta como tales. Podemos consultarlos picando en el signo de interrogación que aparece al lado de cada uno. Con ello identificamos palabras clave que pueden ser relevantes en el texto que consideramos importante en nuestra búsqueda de información. Así podemos progresar en esa búsqueda empleando términos que tal vez desconocíamos.

Mesh on demand. Pinche en la imagen para agrandar.

Como hemos dicho será útil para el menos conocedor del tesauro pero, pensamos, también para el más experimentado. Esperamos que os sirva de ayuda.

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CAMINO DE LA CUARTA

 

Como en los años precedentes, y ya van cuatro, participamos en la organización de las Jornadas Interhospitalarias de Fisioterapia del Hospital Universitario de Fuenlabrada. Lo hacemos a título personal y como parte de fisioEducación, copatrocinadora oficial. Nuestra tribuna en Madrimasd, como sistema de divulgación científica, nos sirve para dar pábulo al evento.

En 2014 la fecha elegida ya desde la finalización de las terceras jornadas es el 14 de noviembre, viernes como en las ediciones anteriores. La organización, como algunos lectores sabrán de primera mano, es compleja, trabajosa, llena de recovecos y detalles que hay que ir puliendo poco a poco. El proceso, a pesar de todo, se hace más llevadero con la experiencia acumulada. Y sobre todo, se hace más fluido gracias a las mejoras incorporadas al sitio web por su creador, Luis Bernal Ruiz. Podemos ser hasta cansinos, pero nos parece ineludible hacer alusión a su trabajo de trastienda, que facilita todo el procedimiento de inscripción, envío de mensajes, recepción de trabajos o difusión de información.

Creemos haber acertado en el plantel de ponentes. Hemos mantenido la estructura en tres mesas con cuatro áreas temáticas (Docencia, Clínica, Investigación/innovación y Gestión) y, como el año pasado, la exposición de un taller. La fisioterapia neurológica y en cuidados críticos tendrán presencia por primera vez de manera específica. Abordaremos la aportación de la imagen a nuestro trabajo o la incorporación de la cultura científica a las publicaciones de Fisioterapia. Contaremos con figuras dentro de la Fisioterapia española. Sin duda, todo un privilegio que no sería posible sin la participación desinteresada de todos los ponentes. Para más detalle podéis ver el borrador del programa en este enlace.

Queda mucho por hacer. Necesitamos la aportación de muchos otros. Simplemente asistiendo o proponiendo comunicaciones y/o carteles. Al final ese es el éxito o fracaso de una jornadas, que cuenten con vuestra presencia como foro para compartir, debatir, aprender, y con ello promover y fomentar la Fisioterapia. Seguimos apostando por un encuentro para y por fisioterapeutas. ¿Nos vemos en otoño?

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FORMACIÓN EN BASES DE DATOS

Hemos aludido en multitud de ocasiones a la necesidad de fundamentar nuestras actuaciones como profesionales sanitarios. Un paso ineluctable es la búsqueda del conocimiento actualizado, publicado habitualmente en revistas de divulgación científica. Pero para ello han de adquirirse habilidades que hagan eficiente la pesquisa. Eso es lo que se pretende con la actividad formativa que presentamos ahora.

El Colegio de Fisioterapeutas de la Comunidad de Madrid (CPFCM) ha decidido incluir entre sus actividades formativas el curso “Fisioterapia Basada en Pruebas: bases de datos biosanitarias”, y del cual seremos docente. Nuestro objetivo será el manifestado en muchas ocasiones en esta bitác ora , es decir, facilitar el uso de una herramienta imprescindible para justificar nuestras prácticas y aumentar nuestro conocimiento en fisioterapia y en las demás ciencias básicas y aplicadas.

La búsqueda de información es necesaria para cualquier proceso de investigación, la revisión de las tecnologías sanitarias o la elaboración de protocolos. Es también, como reza el título del curso, un elemento esencial en la Atención Basada en Pruebas (ABP) o Evidencias, marco de referencia en la asistencia sanitaria actual.

El CPFCM abrirá el plazo de inscripción el 14 de marzo. El curso se desarrollará en dos jornadas, el 14 y el 28 de abril, en horario de 9 a 14 y de 15 a 18.30 horas. El fisioterapeuta interesado puede informarse en la página del CPFCM.

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¿FISIOTERAPIA INEFICAZ? (y II)

Hemos visto en la entrada anterior como la utilización de una parte muy importante de  tecnologías y procedimientos terapéuticos adolece llamativamente de falta de apoyo en pruebas solventes procedentes de estudios controlados. La Fisioterapia no escapa a esta circunstancia aunque se pueden buscar explicaciones y proponer cambios que mitiguen esa situación.

Si recapitulamos vimos como una gran mayoría de tratamientos carecen de soporte científico sólido, entendido este como el emanado de los ensayos controlados aleatorizados. Ello no implica que no tengan base científica alguna, pues hay otros tipos de estudios que apoyan las intervenciones a la espera de nuevos descubrimientos. A la par, tal y como refleja el estudio de Serrano-Aguilar (1), una parte muy considerable de los tratamientos aplicados en el contexto descrito en su trabajo se habrían hecho con terapias físicas no validadas. Esto supone un gasto para la sanidad pública calculado a través de los datos  de los que disponían. Así, si se había aplicado LÁSER en mil ocasiones a 1 euro, se habrían gastado 1000 euros sin base científica, de manera ineficiente y sin poder obtener beneficio para el perceptor del tratamiento. Además, no se tendrían en cuenta otros costes, como los derivados del absentismo o del transporte sanitario, ni los de aplicaciones en otras regiones corporales distintas a las recogidas por el estudio.

Si el lector conoce nuestro parecer habrá deducido, por entradas más antiguas, que defendemos la utilización de las pruebas derivadas de la investigación en Fisioterapia (la aplicación de la Atención Basada en Pruebas o Evidencias). También hemos reconocido las dificultades que ello conlleva en nuestra disciplina por las características inherentes a muchas de sus técnicas, aunque esto no ha de suponer un pretexto para la ausencia de cientificidad.

Por ello hay que reconocer que las conclusiones del estudio se Serrano-Aguilar y cols. denuncian una situación, a nuestro entender, difícilmente discutible. Las terapias físicas referidas como inútiles o cuestionables (estimulación eléctrica, el LÁSER, la iontoforesis y la magnetoterapia) se aplican de manera sistemática y generalizada en muchas unidades hospitalarias, centros de salud y otros establecimientos sanitarios, públicos y privados. Existen muchos estudios que abordan su eficacia y revisiones que las discuten basándose en ensayos de deficiente calidad metodológica. Por ello, a falta de pruebas con cierta fortaleza, amparados quizás en la incertidumbre y, sobre todo, en un uso incuestionado, rutinizado y acrítico, se siguen utilizando de forma indolente. Con ello nos alejamos del paradigma que no por imperante, al menos de manera teórica, es el que debería guiarnos, el de la Atención Basada en Evidencias. Así que, como hemos dicho, no debemos desoír la información del estudio en cuestión.

Pero, creemos, las conclusiones no son en absoluto sorprendentes. Sabemos de la inutilidad de muchas de nuestras intervenciones. Y, como muchos pensamos, es éticamente reprobable. Nos choca cómo se siguen enseñando en algunas universidades intervenciones que luego no están presentes en la práctica cotidiana o que carecen de eficacia comprobada. Las leyes que regulan el trabajo de cualquier profesional sanitario y los códigos deontológicos son obviados en el momento en que no nos amoldamos al “actual estado de la ciencia”.

Sin embargo, y he aquí un aspecto clave que quizás ha sido pasado por alto, comprensiblemente, por Serrano-Aguilar, Kóvacs y demás autores del estudio. En el contexto en el que esas prácticas han sido computadas los fisioterapeutas no son decisorios sobre la contingencia de su aplicación. Pensamos que es esta una situación absolutamente irregular e incomprensible que genera un inadecuado uso de recursos y un conflicto moral inasible que puede tener implicaciones en la atención sanitaria. No se trata de evadir nuestra responsabilidad como los profesionales encargados de la gestión de las terapias físicas, sino de aclarar las circunstancias en las que, fruto de una prescripción, el sistema impone un procedimiento de dudosa eficacia.

Por otro lado, en el trabajo se incluye únicamente la fisioterapia aplicada en centros privados con concierto con la sanidad pública, y esto merece alguna apreciación.  En nuestra experiencia en este tipo de centros serían variables a considerar el tiempo de aplicación de la terapia y el personal, en cuanto a disponibilidad y cualificación. Estos factores tienen peso en un entorno donde el beneficio económico es clave, y ello podría afectar a la forma de aplicar lo procedimientos de fisioterapia y, con ello, a los efectos pretendidos de los mismos cuando estos sí tienen aval científico.

Para terminar, es para nosotros preocupante que la Fisioterapia, que es en definitiva de lo que se habla, pueda verse perjudicada por interpretaciones parciales de este, por otro lado, necesario estudio. Estamos convencidos de los beneficios que nuestra profesión puede aportar a la sociedad y de la potencialidad de sus profesionales truncada en multitud de ocasiones por un sistema continuista. Quizás por ello este estudio sirva para espolear a los gestores y a los profesionales en una práctica acorde con las exigencias del momento.

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Referencias

1. Serrano-Aguilar P, Kovacs FM, Cabrera-Hernandez JM, Ramos-Goni JM, Garcia-Perez L. Avoidable costs of physical treatments for chronic back, neck and shoulder pain within the Spanish National Health Service: a cross-sectional study. BMC Musculoskeletal Disorders 2011, 12:287.  doi:10.1186/1471-2474-12-287. PMID: 22188790 [PubMed - as supplied by publisher].

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¿FISIOTERAPIA INEFICAZ? (I)

El pasado 16 de febrero una noticia sobre la aparente ineficacia de los tratamientos físicos alcanzó una gran difusión en muchos  medios de comunicación. Las reacciones no se han hecho esperar en múltiples foros y, con algunos días de calma, también queremos manifestar nuestra opinión sobre lo “revelado” en el aludido estudio.

El trabajo, titulado “Avoidable costs of physical treatments for chronic back, neck and shoulder pain within the Spanish National Health Service: a cross-sectional study” (1), fue publicado en BMC Musculoskeletal Disorders, en su número de diciembre. Los resultados se comunicaron a la prensa no especializada el 16 de febrero, con una difusión que llegó a los informativos de las principales cadenas de televisión nacionales. Esto da aún mayor notoriedad a la noticia, más si consideramos la posible percepción generada, sin matices, en la población sobre los tratamientos que recibe.

Según la noticia “el Servicio Canario de Salud gastó más de 5.100.000  euros en costear en centros privados concertados el tratamiento rehabilitador de 8.308 pacientes con dolor de cuello, 5.693 con dolor lumbar y 5.035 con dolor de hombro. Como media, estos pacientes recibieron entre 30 y 35 sesiones de rehabilitación, en las que se aplicaron una media de cuatro técnicas rehabilitadoras distintas” (2). No se han hecho esperar titulares sentenciosos sobre las consecuencias de utilizar fondos públicos cuya repercusión sería nula o incluso perjudicial para los perceptores de la atención sanitaria.  Se habla “malgasto” (3) o despilfarro (4), palabras nada tranquilizadoras en los momentos actuales, en los que sentimos los recortes presupuestarios y en servicios como un peligro con cada día más implicaciones en nuestras vidas.

Evidentemente la Fisioterapia, como disciplina y como profesión, está concernida por las conclusiones de este estudio. Sin poner en duda la metodología del mismo, y tratando se no cegarnos por esta circunstancia que atañe directamente a nuestro desempeño y a la valoración que pueda derivarse de nuestro trabajo, caben muchos matices y consideraciones. El Consejo General de Colegios de Fisioterapeutas ha publicado sus peros (5), que nos parecen acertados, pero que tal vez sean difíciles de entender para los profanos y seguro que no alcanzan la repercusión de la noticia que los ha originado. Otros colegas (6) han aportado sus opiniones sobre este asunto, tras la lectura de la publicación en cuestión, y han arrojado cierta luz que contradice o amortigua las conclusiones de la misma.

Por nuestra parte intentaremos decir, sin ambages y con prudencia, lo que opinamos. En primer lugar, y esto no es trivial, el estudio alude de manera invariable a diversas formas de fisioterapia o modalidades de fisioterapia (physical therapy o physical therapy modalities), y no deberían extenderse sus conclusiones a toda fisioterapia.  Por otro lado, el estudio se refiere a casos crónicos de dolor de cuello, espalda u hombro. Sabemos que es precisamente en estos casos en los que los efectos de las terapias son menores, incluidas las físicas. Podemos plantearnos unos resultados distintos si se trata de procesos agudos o en otros estados de cronicidad. Precisamente uno de los inconvenientes mayores de la asistencia sanitaria pública, incluida la concertada, es la demora que impide un tratamiento que  pudiera conseguir mejores resultados. (más…)

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CONGRESO EN LA “BLOGOSFERA”

Entre los días 10 y 13 de noviembre se celebró el I Congreso Internacional de Fisioterapia e Investigación en la ciudad de Sevilla, organizado por el Colegio de Fisioterapeutas de Andalucía. Sólo el título invitaba a la asistencia pero, como sabrán los lectores de esta bitácora, nosotros estábamos enfrascados en la 1ª Jornada Interhospitalaria de Fisioterapia, en el Hospital de Fuenlabrada.

No obstante, uno de los avances que nos ofertan los compañeros que vierten sus reflexiones en blogs es la posibilidad de compartir las mismas, como una suerte de red, tejida con sus comentarios, desde distintas visiones. Así, aún sin acudir a este tipo de eventos, podemos aprovecharnos de sus contenidos, enriquecidos por las opiniones a nuestro entender críticamente constructivas de algunos fisioterapeutas inquietos.

La distancia, el tiempo, las obligaciones familiares y profesionales y, por qué no decirlo, el coste ciertamente elevado que tuvo este congreso pudieron disuadir a muchos de su asistencia al mismo. Pero gracias a estos colegas podremos conocer algunas de las seguro que importantes aportaciones difundidas en Sevilla sobre aspectos claves para la profesión. Podéis leer algunos de sus comentarios en estos enlaces. Que aproveche.

Océano mar:

http://desdeoceanomar.wordpress.com/2011/11/15/el-congreso-de-sevilla/

Fisioterapia…y demás:

http://rubentovar.blogspot.com/2011/11/reflexiones-de-un-congreso-i.html

http://rubentovar.blogspot.com/2011/11/reflexiones-de-un-congreso-ii.html

Diario de un fisioterapeuta:

http://aprendiendofisioterapia.blogspot.com/2011/11/reflexiones-post-congreso-o-reflexiones.html

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