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BREVE EXPERIENCIA EN GESTIÓN

 

En tiempo estival se acumulan las vacaciones en muchos centros de trabajo, incluidos hospitales y unidades de fisioterapia del ámbito público y privado. Toca reorganizar para que los pacientes puedan seguir siendo atendidos. Además, los responsables, supervisores, coordinadores, jefes, o como quiera que se les llame, también tienen derecho a un merecido descanso. Y también hay que realizar su labor.

En esta coyuntura vacacional se nos propuso, quizás como último cartucho, suplir a la persona que comanda un equipo integrado en su mayoría por fisioterapeutas, además de algunos terapeutas ocupacionales, auxiliares y celadores. A la primera emoción de sorpresa, tal vez algo de agradecimiento, le siguieron sensaciones de compromiso con el resto de compañeros, de responsabilidad y de inquietud ante la posibilidad de no saber llevar a cabo aquello con un mínimo de solvencia. Todo se aderezó con una dosis de urgencia, y con ello cierto miedo escénico ante el nuevo papel, que pudo aplacar el autoconvencimiento de que lo hacíamos como contribución, favor o ayuda al equipo, y que los errores serían tratados con indulgencia.

Pues bien, tras dos semanas de ascenso imprevisto y reversible, volvemos a ser un fisioterapeuta raso. Las experiencias han de valorarse, seguro que con más justicia, con el tiempo, pero vamos a atrevernos a mostrar algunas de las reflexiones surgidas con esta.

Primero de todo, creemos en la dificultad que entraña la dirección de un grupo de personas cuando además se ejerce un puesto intermedio, sometido a presiones desde arriba y desde abajo. Se pueden generar muchas antipatías por tener que ser polea de transmisión de decisiones e imposiciones. Nuestra breve experiencia no ha cambiado este parecer aunque, dada la naturaleza de estas sustituciones, no hayamos tenido que padecer esos malos tragos. Hecho este reconocimiento también hay que decir que se puede hacer con más o menos justicia, equilibrio, cercanía, comprensión y defensa del grupo. Ahí están las capacidades innatas y adquiridas de los jefes.

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MÁS DE LO MISMO (III)

Como intuimos y advertimos en la entrada previa de esta saga, el tema del latente o manifiesto conflicto interprofesional ha sido, y será, recurrente. De nuevo otro episodio vivido por un fisioterapeuta nos ilustrará sobre una situación cotidiana en muchos servicios y unidades hospitalarias de la sanidad pública y privada del Estado español.

En un contexto de derivación con prescripción, emanado de un modelo presente y heredado del pasado, que se resiste a ser modificado por la inercia propia de los grandes sistemas sanitarios, los fisioterapeutas aplican sus tratamientos con criterios ajenos. No recuperaremos nuestros argumentos lapidarios, razonados, sobre esta situación. La Fisioterapia es una parte tan insignificante en los mastodónticos servicios de salud que recordarlos será, probablemente, clamar en el desierto. Esperemos que otros gestores descubran esta nimia representación de la ineficiente administración de la sanidad española.

Sin embargo, relataremos de nuevo un ejemplo concreto de las situaciones a las que esta forma de funcionar nos lleva y de las connotaciones éticas que de él se puedan extraer. Vamos pues. Un médico especialista en Rehabilitación, el cliente, nos pide aplicar unos determinados tratamientos a un paciente. Lo de pedir es un eufemismo, pues sea la relación cordial, amistosa o distante, en realidad la derivación lleva implícita o explícitamente una dirección, tutela o imposición. De otra manera el sentido de la derivación no tendría sentido. El fisioterapeuta decide que alguna de las peticiones no está de acuerdo con sus conocimientos basados en su experiencia pero también, menos mal, en lo publicado sobre situaciones similares. Obra en consecuencia, según lo que le exige el código deontológico y su lógica responsabilidad.  Lamentablemente, creemos, esto desata comentarios airados por el médico derivante, que reclama la supremacía de su criterio y el restablecimiento del tratamiento pautado. Como ya sabemos, esto no es otra cosa que negar al fisioterapeuta el desarrollo de su trabajo acorde a sus competencias legalmente reconocidas.

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LO INJUSTO DE LOS NÚMEROS

 

Los números son algo a lo que aspiramos en ciencia. Sin entrar en disquisiciones filosóficas la representación numérica, la asignación de números a constructos teóricos, a interpretaciones, a creencias o a sentimientos parece ser un aspiración que nos hace más creíbles a la vez que objetivos.

Sin embargo los números fríamente expresados, sin invitar a un análisis más sosegado, nos pueden jugar malas pasadas, ser usados de manera interesada, evadiendo explicaciones de los hechos que supuestamente reflejan. Los estadísticos son los que, a priori, conocen el poder de la manipulación de los datos y poseen el conocimiento necesario para sopesar la realidad de los mismos. Los que como profesionales o ciudadanos no tenemos ese saber nos vemos inermes y vulnerables ante los números adornados, enrevesados, oscuros o inaccesibles que se nos presentan.

En el ámbito sanitario, a poco que escarbemos, descubriremos ejemplos de cómo, con un estrategia bien diseñada, se puede orientar las conclusiones de un estudio según nuestras preferencias. De ahí la importancia de conocer esto y la estadística en general en las disciplinas sanitarias, al menos a un nivel interpretativo. En una perspectiva más amplia, se hace imprescindible fomentar un espíritu crítico, de sano escepticismo tanto en los estudios sobre intervenciones como  en los observacionales.

Como ciudadanos también deberíamos conocer las triquiñuelas de la manipulación informativa, que muchas veces, por desconocimiento o interés, nos hacen llegar noticias sobre encuestas, productos o hechos que el tiempo demuestra inexactas, incorrectas o tendenciosas. Ese “estar alerta”, esa duda razonable, el sometimiento a un reflexión o un saber esperar debería ser parte de una inteligencia social enseñada en las escuelas y en los hogares.

Hace unos días saltó a la prensa una noticia que implicaba a varios hospitales públicos de Madrid. Se hablaba de listas de espera, de reclamaciones, de satisfacción. Los autores recogían las deficiencias de los datos aportados por la Administración que complicaban una justa interpretación de los mismos. Sin embargo, el lector recordará inevitablemente la frialdad de los números que condicionará su opinión, y seguro que también la de los implicados (los gestores, trabajadores y población que asiste a esos centros). Así, en el Hospital Universitario de Fuenlabrada se habla de 55 quejas por cada 10.000 actos, o de que se tardan 37 días en ser recibido por un médico especialista. No se contempla el perfil de la población, el número de profesionales y la ratio en relación a esa población, la calidad de la atención (también medida, cómo no, por números), la distribución de las quejas, su pertinencia o circunstancias puntuales que las pudieran alimentar, etc.

En definitiva, los números pueden tener explicaciones alternativas o pueden estar condicionados por interpretaciones interesadas. Cuidado.

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8 POR HORA

 

No, no es la velocidad de marcha de una persona, animal o vehículo.  Ocho son los pacientes atendidos por un fisioterapeuta en una hora en algún establecimiento sanitario de este país.

Esa era la denuncia de un colega en Twitter en estos días:

Los que lean y conozcan la realidad de la práctica de la Fisioterapia en España no se asombrarán. A muchos incluso les parecerán pocos pacientes. Al profesional sanitario de otras disciplinas tampoco le tiene que sorprender, pues probablemente esta situación se dé en su trabajo cotidiano. Para el que lo vea con la distancia del desconocimiento puede hacerle pensar que es poco tiempo, desde una visión de atención personalizada de la Fisioterapia. En todo caso, ese número, en sí mismo, no dice gran cosa. El mucho o el poco lo determinarán las condiciones concretas en que se ejerza el tratamiento o su finalidad (puede ser grupal, educacional, de aprendizaje).

Pero intuimos que el tuit denuncia una situación, la asigna una valoración negativa. Es lícito pensar que el dedicar siete minutos y medio a un paciente tal vez no sea adecuado para abordar un tratamiento individualizado. Al inicio del mismo, si somos serios, y diríamos que éticos,  se supone una evaluación subjetiva y objetiva del paciente, idealmente teniendo en cuenta las dimensiones psicológica y social. Es más, cualquiera preferiría que esto fuera así siempre como paciente. La aplicación terapéutica, y sus resultados, vendrán determinados por esta etapa previa. Cada sesión posterior, si las hubiera, podrán durar más o menos.

Hemos dicho en otras ocasiones que la conveniencia de la fisioterapia aplicada no tiene una relación concreta con la duración de la misma. Tan eficaz puede ser un tratamiento de cinco minutos como inútil otro de cuarenta y cinco. Tampoco todos los pacientes requieren una atención igual en tiempo. Sin embargo, la consideración de lo anteriormente dicho hace que creamos altamente improbable una fisioterapia de calidad en esos aproximadamente siete minutos y medio.

Cuestiones de gestión hacen que en la mayoría de los centros asistenciales se deba prever cuánto dura un tratamiento y el número de pacientes por profesional. En la sanidad privada además se hace inevitable la cuestión crematística, que invita a aprovechar los medios humanos disponibles. Pero esto no debe superponerse a los deberes y derechos de pacientes, y de profesionales. Ya dejamos claro nuestra postura en cuanto al tiempo del fisioterapeuta (1). No repetiremos los argumentos en detalle, pero deben aunarse los aspectos de administración con los clínicos, considerando las obligaciones en materia de documentación clínica, en formación permanente y en docencia, donde esta se lleve a cabo.

Para hablar de un caso concreto, en el Hospital Universitario de Fuenlabrada se asignan pacientes para tratamientos individuales en tramos de media hora. Se podrá decir que es poco o mucho. Pero, para los que trabajamos sobre el terreno, conocemos la realidad asistencial, es muy importante disponer de un tiempo “protegido” que permita abarcar la complejidad de los casos, en sus distintas dimensiones. Esto es compatible además con una razonable flexibilidad y responsabilidad para manejar los casos con solvencia y calidad. No daremos recetas, pero creemos que, hasta ahora, al menos en este aspecto, se hacen las cosas bien. Finalizando, partiendo del tuit que aparece más arriba, en lo que cualquiera podría estar de acuerdo es en que los tiempos de fisioterapia son descaradamente insuficientes en muchos sitios. La solución no es fácil y requeriría el concurso de profesionales, colegios y gestores. ¿Empezamos?

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Referencias

1. González García, JA. De nuevo, el tiempo del fisioterapeuta. En Fisioterapia. Acceso 31 de marzo de 2014. Disponible http://www.madrimasd.org/blogs/fisioterapia/2011/03/01/de-nuevo-el-tiempo-del-fisioterapeuta/

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NUESTRO DÉCIMO CUMPLEAÑOS

 

Celebramos nuestro cumpleaños, el de nuestros deudos, el de otros allegados y amigos. Lo hacemos con más o menos regocijo. No es tan común la celebración que motiva esta entrada.  Se cumplen diez años desde que el Hospital Universitario de Fuenlabrada, el que consideramos nuestra casa, inició su actividad asistencial. En este mes, hace diez años, recibimos a nuestros primeros pacientes en la Unidad de Fisioterapia. 

No es fácil que en el devenir de nuestra vida profesional seamos testigos partícipes del inicio de la andadura de un centro hospitalario. Es cierto que ha habido momentos de aperturas paralelas de hospitales en el pasado reciente, pero no deja de ser extraordinario ser parte de ello. A la incertidumbre y la ilusión de cualquier incorporación a una empresa se añade que este proceso fue colectivo de un numeroso grupo de profesionales, sanitarios y no sanitarios. Además, el camino fue largo, con distintas fases que se iban superando esperando la evaluación final. Los aspirantes, en general, éramos jóvenes, más o menos, pero con cierta experiencia y formación. Como aquella frase que se acuñó en los 90, nos considerábamos JASP, Jóvenes Aunque Sobradamente Preparados.

Se ponía en marcha un hospital con una forma de gestión distinta, como Ente público. Para muchos, aún hoy día, esa figura no aclaraba que somos un centro administrativa y económicamente por entero de carácter público, pero con posibilidades de funcionamento, en algunas cuestiones,  más flexibles y autónomas.

Hospital Universitario de Fuenlabrada

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LISTAS DE ESPERA Y FISIOTERAPIA

 

La lista de espera en el ámbito sanitario puede definirse por la enumeración de los usuarios de un servicio de salud que han de recibir una atención de naturaleza diagnóstica o terapéutica. La prestación de la atención ha sido considerada necesaria o pertinente en el marco de la asistencia sanitaria pero no se puede aplicar de manera inmediata. Entonces, según unos criterios preestablecidos, se elabora esa relación que dispone el orden en el que los usuarios serán atendidos.

Se considera que debe haber un “tiempo máximo de acceso” a las prestaciones, según establece el Real Decreto 1039/2011 (1), que viene a desarrollar las previsiones de la Ley 16/2003 (2), de 28 de mayo, de cohesión y calidad del Sistema  Nacional de Salud. Estas disposiciones hacen alusión sobre todo a procedimientos quirúrgicos. Sin embargo, las listas de espera están presentes muy habitualmente en procedimientos diagnósticos, de cribado o de tratamientos varios. Y también, en la Sanidad Pública, en la prestación de la Fisioterapia, tanto en la Atención Primaria como Especializada.

Nuestro medio es la asistencia hospitalaria, con itinerarios de acceso a la fisioterapia instaurados desde hace décadas, en época del INSALUD,  e imitados, creemos, por los servicios de salud nacidos de las transferencias a las autonomías de esta competencia. Nuestros usuarios, antes de llegar a las Unidades de Fisioterapia, han permanecido un tiempo variable en una lista de espera. La situación en la que arriban está condicionada, muchas veces de manera sustancial, por la demora, cuando existe, con la que son atendidos respecto al inicio de su proceso. El resultado del tratamiento también puede verse afectado, más o menos, por esta circunstancia. Por tanto, cuestiones administrativas, estructurales, organizativas, ajenas a cuestiones clínicas condicionan la asistencia y su resultado. Es este un asunto encuadrado en la Gestión. Entonces, nos podemos preguntar, ¿qué podemos hacer desde nuestro puesto de clínicos?, ¿es algo  que nos atañe o es un problema de otros? (más…)

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MÁS DE LO MISMO (II)

El tema de esta vez es el que de manera reiterativa hemos abordado en multitud de ocasiones en este y en otros sitios. Podría ser parte de una colección de artículos y, a sabiendas, no vamos a cerrarlo con un “y II”. El asunto de la convivencia entre profesionales de distintas disciplinas, con sus conflictos, éxitos, fracasos, alegrías y miserias da para mucho. Nos detendremos, una vez más, en una cuestión central de la Fisioterapia a raíz de un episodio de tantos que nos han contado sobre ella.

En muchos de los establecimientos sanitarios donde trabajan, los fisioterapeutas comparten pacientes con profesionales de la Medicina Física y de Rehabilitación. Normalmente, estos derivan esos pacientes a aquellos, con una pauta, prescripción, sugerencia o imposición (de esa y otras maneras se puede llamar según el contexto). La manera de afrontar esta situación es variada. En muchos sitios se espera que el fisioterapeuta sea mero ejecutor de lo que indica la derivación, aún en contra de su criterio; en otros, el fisioterapeuta modula, adapta, corrige lo prescrito, con la aquiescencia de la organización, del médico especialista en Rehabilitación o de ambos; en otros, a pesar de que se da la posibilidad de la segunda opción, el fisioterapeuta renuncia a hacerlo por comodidad, pragmatismo o pereza;  en otros (no conocemos ninguno) el fisioterapeuta obvia las indicaciones que se le han transmitido, ocasionando un conflicto, pues cuestionaría así la figura del autor de las mismas.

Convendría manifestar, entonces, algunos puntos: (más…)

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¿CÓMO QUIERES QUE TE QUIERA SI…?

 

Esta entrada surge de un impetuoso estado de ánimo. A pesar de ello, trataremos de calmarnos, moderarnos, atemperar el discurso. Tal vez dejaremos pasar tiempo, escribir con sosiego, repensando, para no estimular repuestas improcedente o procedentemente contestatarias.

Uno de los rasgos por los que autodefinimos nuestro carácter es la impulsividad. La experiencia nos demuestra que en muchas ocasiones nos adelantamos a los acontecimientos, hacemos profecías que luego no se cumplen. Esperemos que sea este el caso. Pero no podemos reprimir nuestro deseo de manifestar desasosiego, disgusto, ante las muestras de displicencia implícitas en algunas pretensiones y comportamientos hacia la Fisioterapia, representada en sus profesionales, por algunos médicos especialistas en Rehabilitación. Hemos escrito en algunas ocasiones sobre la relación entre Fisioterapia y Rehabilitación en relación con la confusión originada por la sinonimia supuesta por muchas personas (1) y en relación con el conflicto interprofesional (2). Decimos también que no nos interesa la beligerancia apriorística que se ha fomentado en muchos lugares y de la que, de una u otra forma, hemos sido víctimas. Sin embargo, llegado un punto, resulta inevitable el recelo, la sospecha o  directamente el cabreo. (más…)

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AJUSTE DE RECURSOS POR LIMITACIÓN

La utilización de los recursos es un tema actual. Entendemos que el interés creciente, a veces impetuoso, por la gestión se debe al momento de estrechez dineraria de estos tiempos. El uso eficiente y adecuado no debería ligarse a este contexto aunque, aprovechando la coyuntura, sí se debería hacer un esfuerzo para consagrarlo como una de las máximas del sistema sanitario público.

No abogamos por la restricción indiscriminada en materia sanitaria. Es más, habría que reconsiderar el gasto en otras partidas dependientes de las Administraciones mucho antes de abordarlo en este asunto. Sin embargo, la falta de diligencia en la gestión de los fondos destinados a sanidad bien podría, como en otros ámbitos, haber participado en el desencadenamiento de la situación actual. Por ello, y puestos a recortar, lo que ha de hacerse primero es conocer si, con los recursos diponibles, se hace una distribución basada en criterios de eficacia y eficiencia. Sin olvidar que estamos hablando de salud, donde los aspectos sociales y psicológicos, humanos en general, juegan un papel junto con los puramente económicos.

La fisioterapia es un apéndice minúsculo en relación con las dimensiones del sistema sanitario público. Su gestión no tendría entonces unas repercusiones relevantes en términos de gasto y ahorro. Sin embargo, sí que padece, como el resto, los envites de la  nueva política económica (disminución de recursos materiales, disminución o eliminación de nuevas contrataciones, cierre de unidades y servicios, abandono de nuevas iniciativas de asistencia y/o investigación, etc.). En todo caso, todas las ideas que promuevan la mejora en el uso de los recursos disponibles habrían de ser consideradas. La pena es que, como dijimos, no sea esta la norma en ausencia de crisis.

En línea con lo anterior rescatamos otra vez un concepto presente muy a menudo en el ámbito de los cuidados paliativos: la limitación del esfuerzo terapéutico (LET). Esta se puede definir como la exclusión explícita o la retirada de medidas terapéuticas al constatarse que no producen un beneficio para el paciente. Muy relacionada está entonces la futilidad de una intervención, tando desde el punto de vista objetivo como subjetivo (en relación con las expectativas y valoraciones del propio paciente). Así pues, cabe interrogarse sobre si, para mejorar la utilización de la fisioterapia, no sería más útil la renuncia a la misma, al menos en los términos en los que fue propuesta inicialmente. Cualquier fisioterapia debiera responder con cierta claridad a estas cuestiones: ¿cual es el objetivo de la intervención?, ¿es este factible? y ¿son proporcionados los medios empleados (en cuanto al coste, requerimientos al paciente y/o familia, etc.)? Es fácilmente constatable, al menos para los ejercientes de la fisioterapia pública, que mucha de la práctica cotidiana no da respuesta, o ni siquiera lo intenta, a esas cuestiones. La aceptación de la ausencia de progresión, de la posibilidad de secuelas, de la escasa o nula eficacia de ciertas técnicas o del coste desproporcionado (en términos económicos, laborales, sociales) que supone la asistencia a sesiones de fisioterapia deberían llevar a corregir estas situaciones. Ello implica que los gestores cercanos y distantes de la fisioterapia deberían conocer este estado de cosas y que los fisioterapeutas deberían responsabilizarse más en la detección y comunicación de estos casos. Pero, la cuestión central es que, dadas esas condiciones previas, los fisioterapeutas, como responsables de su tratamiento, vean reconocido su criterio y competencia en la decisión de instaurar su intervención o cesar la misma , en pacto con el paciente y/o familia. Ello contribuiría, a nuestro entender, a un empleo más adecuado de la fisioterapia, tanto en crisis como en ausencia de ella.

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LA GESTIÓN EN FISIOTERAPIA

Uno de los ámbitos en los que el profesional sanitario desempeña su trabajo es el de la gestión. Para muchos esto resulta desconocido y se sienten ajenos a ese mundo. Sin embargo se equivocan, pues todos somos gestionados y todos hacemos gestión de una u otra manera.

Las competencias que debe ejercer el profesional de la fisioterapia incluyen la gestión. Así lo expresa claramente la LEY 44/2003, de 21 de noviembre, de ordenación de las profesiones sanitarias, en su artículo 4.3: “Los profesionales sanitarios desarrollan, entre otras, funciones en los ámbitos asistencial, investigador, docente, de gestión clínica, de prevención y de información y educación sanitarias”. Asimismo, en el artículo 10.2 dice “A los efectos de esta ley tienen la consideraciónde funciones de gestión clínica las relativas a la jefatura o coordinación de unidades y equipos sanitarios y asistenciales, las de tutorías y organización de formación especializada, continuada y de investigación y las de participación en comités internos o proyectos institucionales de los centros sanitarios dirigidos, entre otros, a asegurar la calidad, seguridad, eficacia, eficiencia y ética asistencial, la continuidad y coordinación entre niveles o el acogimiento, cuidados y bienestar de los pacientes”.

Por otro lado la ORDEN CIN/2135/2008, de 3 de julio, por la que  se establecen los requisitos para la verificación de los títulos universitarios oficiales que habiliten para el ejercicio de la profesión de Fisioterapeuta, en su apartado 3, que recoge las competencias que el estudiante debe adquirir, habla de “habilidades de gestión clínica que incluyan el uso eficiente de los recursos sanitarios y desarrollar actividades de planificación, gestión y control en las unidades asistenciales donde se preste atención en fisioterapia y su relación con otros servicios sanitarios”.

En definitiva, la gestión no es algo ajeno, reservado a los jefes o supervisores. Todos somos gestionados y todos hacemos gestión. Desde la utilización correcta o el mantenimiento de las instalaciones o equipos a la participación en la dirección de unidades o instituciones o a la participación en proyectos de investigación y docencia. Además, los estudiantes deben adquirir competencias en gestión por lo que, inevitablemente, donde haya estudiantes se debería abordar la misma.

En la 1ª Jornada Interhospitalaria de Fisioterapia del Hospital Universitario de Fuenlabrada hubo una mesa dedicada a Nuevos modelos de gestión. En ella quedó patente lo dicho en el párrafo anterior. Pero, además, se hizo hincapié en la  necesaria implicación de los fisioterapeutas en los órganos de toma de decisiones que afectan directamente a la profesión. Se atisban medidas que incumben de lleno a la Fisioterapia y que han de contar con la misma a través de sus representantes (asociaciones y colegios profesionales). En época de recortes cabe pensar en tentaciones de medidas que afecten a las condiciones de los fisioterapeutas presentes en la sanidad pública o que traten de incluir otros modelos que conlleven perjuicios para la profesión o para el ejercicio de la misma.

También son importantes la medidas de incentivación dado el actual parón de la carrera profesional. El modelo vigente no incita al compromiso de los más predispuestos a él. Este es un inconveniente que se hace extensivo a todos los organismos públicos  y que tiene relevancia especial en las profesiones sanitarias, en las que investigación, innovación o docencia cobran trascendencia especial para fomentar  conocimiento y progreso.

Todo el esfuerzo y el avance de los últimos años, la oportunidad que supone una nueva titulación de Grado con nuevas exigencias y competencias, precisan de modelos de gestión innovadores, ya presentes en sanidad privada y pública, que rompan con estructuras hiperjerarquizadas, limitadoras, constrictivas, represoras de iniciativas, rígidas que echen por tierra la inversión en formación de profesionales capacitados y eficientes. Las resistencias están y estarán presentes dentro de la profesión y desde otras. La labor de los fisioterapeutas es demostrar con hechos la bondad de esos nuevos modelos que contribuyen a la disminución de gastos, al control de listas de espera, a la satisfacción del profesional y a un mejor servicio al ciudadano. Se trata de dejar hacer. ¿Nos dejarán?

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¿ABRIMOS TODOS LOS DOMINGOS DEL AÑO?

En el artículo que publicábamos hace pocas fechas nos preguntábamos sobre la utilidad y la oportunidad de la fisioterapia durante los domingos y demás días festivos. Apuntábamos hacia la respuesta afirmativa en esta cuestión.

Muchos fisioterapeutas negarían la necesidad de nuestra intervención en esos días. Y efectivamente, si hay que interrumpir un tratamiento o aplicarlo sin continuidad diaria lo lógico es hacerlo cuando convencionalmente y socialmente parece lo más adecuado, fiestas y fines de semana. Sin embargo, existen pruebas, como dijimos, del beneficio de la fisioterapia dominical. En las unidades de vigilancia intensiva la fisioterapia ha demostrado sus beneficios, también en términos de coste-efectividad. Pero concordaremos en que en estos contextos, cambiantes, la fisioterapia ha de tener continuidad. Un ejemplo es la atención prestada por los fisioterapeutas del Hospital Universitario Puerta de Hierro de Madrid, que trabajan los 365 días del año. Así lo hemos constatado en la 1ª Jornada de Actualización Clínica en Fisioterapia Cardiorrespiratoria celebradas en dicho hospital. De otro modo, los potenciales beneficios de la fisioterapia no se alcanzarán, generarán desencanto entre los profesionales y propiciarán la falta de solicitación del fisioterapeuta. La profesión y, sobre todo, el paciente se ven así perjudicados. Esto supone también una llamada de atención sobre la variabilidad de las actuaciones en nuestra disciplina. Para cambiar esta situación se requieren una mirada hacia las pruebas científicas publicadas, una divulgación de las mismas entre neumólogos, cardiólogos o intensivistas y una actitud positiva a los cambios en la gestión de las jornadas laborales, sin que ello suponga un perjuicio en las condiciones y derechos del profesional.


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FISIOTERAPIA DOMINICAL, ¿SIRVE?

Los estudios sobre la eficiencia de la fisioterapia aplicada también en fin de semana no han arrojado resultados concluyentes, al menos en el caso de los pacientes sometidos a artroplastia de rodilla. Dado que estos pueden considerarse como un tipo homogéneo de paciente podemos platearnos la aplicabilidad de las guías de práctica clínica y, en su contexto, de la fisioterapia de fín de semana adicional a la de los demás días.

Un reciente estudio (1) aborda esa cuestión y afirma la conveniencia de la fisioterapia de fin de semana como forma de reducir los días de ingreso hospitalario sin reducir los resultados funcionales de la intervención. Hay que decir que se refiere a los pacientes que han sido intervenidos en viernes o sábado. Por tanto, la fisioterapia que comienza a pesar de ser domingo reduce la estancia hospitalaria. También refuerza la idea de la fisioterapia precoz en sí misma aminora los días de ingreso y mejora los resultados funcionales a corto plazo.

Parece pues que cabe pensar en la rentabilidad de la fisioterapia no sólo en fin de semana, sino en cualquier día festivo. A la espera de estudios económicos rigurosos intuitivamente creemos que los tratamientos de fisioterapia se deberían iniciar o no verse interrumpidos aun en días festivos. El estudio comentado habla de las prótesis de rodilla pero la discusión se puede extender a otros muchos procesos. Así, la fisioterapia respiratoria, con variaciones diarias notables, o las intervenciones en unidades de vigilancia intensiva, se ven suspendidas por vacaciones o en días no laborables, lo que condicionaría su pretendida eficacia. La preocupación por el gasto en recursos humanos se puede solventar con una redistribución de los disponibles o incluso con contrataciones si se demuestra la “rentabilidad” de la fisioterapia.

En nuestra opinión, no está demás considerar la posibilidad de la intervención de los fisioterapeutas en jornadas hasta ahora inhábiles ya que muchas de las enfermedades susceptibles de fisioterapia no se toman descanso. Pensamos además que sería productivo en terminos económicos. Se hacen necesarios estudios que lo confirmen y se aprovechen, como en el caso del estudio referido, las pruebas científicas disponibles.

Referencia

1. Pua YH, Ong PH, Chong HC, Lo NN.  Sunday physiotherapy reduces inpatient stay in knee arthroplasty: a retrospective cohort study. Arch Phys Med Rehabil. 2011 Jun;92(6):880-5. Enlace a Pubmed http://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/21621663 PMID:21621663.

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