La gran transformación de las librerías


Dentro de la inmensidad de foros y eventos para profesionales que desarrolla la FIL tuvimos el placer y el privilegio de compartir Manuel Gil y yo una conferencia sobre la situación de la librería. Se trataba del Foro para Libreros de la FIL y la titulamos: La librería como red social sin algoritmos: políticas públicas de apoyo.

La tesis principal de la exposición era la de señalar la situación de deterioro generalizado en que se encuentran las librerías en el mundo, por lo que compartimos los datos de situación de las librerías en Europa (y específicamente de España), y las políticas públicas de apoyo que se están poniendo en marcha en sus respectivos ámbitos.

El diagnóstico del que partíamos se basaba en la consideración de que mucho antes de que estallara la crisis que ha asolado el mundo del libro en España ya existían indicadores negativos de la situación que permitían prever cómo la cadena de valor predigital, la cadena de valor analógica tradicional, comenzaba a desintegrarse.

La idea de desarrollar políticas públicas de apoyo a la librería (mediante el desarrollo de sellos de calidad, beneficios fiscales y apoyo financiero directo, además de la defensa contra las iniciativas multinacionales que amenazan con convertirse en monopolios de hecho), parte de la convicción de la necesidad de garantizar el acceso a los lectores a la enorme riqueza bibliográfica de nuestro país, de preservar la diversidad de la oferta cultural mediante el mantenimiento de una red que la comercialice y distribuya, de avanzar en un rediseño y reingeniería de estos espacios para encontrar nuevos mix, nuevos modelos de negocio que permitan reflotarlas, adaptarlas a una nueva cadena de valor en la que tienen que encontrar su sitio y su función.

Una idea que propusimos fue la de poner en marcha un Pacto Nacional por el Libro que incluya no sólo a los agentes de la cadena de valor, sino también a lectores y bibliotecarios, todo ello auspiciado por unas administraciones públicas sensibles con el devenir de una industria en serias dificultades en el momento actual, y con unas expectativas sombrías de futuro.

Compartimos aquí la presentación para todos nuestros lectores interesados en el tema. A buen seguro entendemos posible abrir un debate y una reflexión colectiva sobre el asunto. Consideramos que promover una cierta complicidad con la situación de las librerías y los libreros forma parte de una actitud de renovación y de protección del sector, algo que está entre las preocupaciones más acuciantes del Cerlalc por impulsar políticas públicas de apoyo a la librería en Iberoamérica, algunas de cuyas líneas ya están definidas en la Nueva agenda del Libro y la Lectura y que serán desarrolladas en un plan específico en los próximos meses.

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Acceso abierto en América Latina


Las cifras dejan poco lugar a dudas: la producción científica en América Latina, medida por la producción total de artículos científicos o por el número de artículos per capita, no alcanza más que el 2,69% y el 2,38% del total. A la cabeza de ese ranking se encuentran los Estados Unidos de América y los países de Europa occidental, tal como deja ver el siguiente cuadro.

Es cierto que en los últimos años, al menos en términos relativos, el incremento de la producción científica ha sido superior en Latinoamérica, pero el neto de la producción sigue cayendo del lado de las potencias científicas internacionales. Aunque las correlaciones estadísticas sean en muchos casos dudosas y aún indemostrables, lo cierto es que el PIB latinoamericano no solamente no remonta, sino que cae en los últimos años hasta el 1,3% previsto para este año. Y es que los modelos de desarrollo de los países iberoamericanos apenas pueden basarse (apenas parecen querer basarse) en la ciencia y en la innovación. Ni la mismísima Christine Lagarde, con ocasión de sus últimos viajes por el continente, parece atribuirle ningún papel relevante a ese aspecto del desarrollo. Y sin embargo apenas es creíble un modelo contemporáneo de desarrollo económico que no se base en la cualificación de las personas, en la educación, en la ciencia y en la innovación (y en las infraestructuras necesarias para hacerlo posible). Todo lo demás son atajos que conducen a callejones sin salida.

Sería demasiado fácil decir que, simplemente, la calidad de la ciencia latinoamericana no es equivalente a la de las potencias científicas mundiales. Estaríamos más cerca de la verdad si dijéramos que los indexadores que deciden qué revistas y universidades forman o no parte de los candidatos evaluables y que los índices e indicadores que (supuestamente) miden la calidad de lo producido, apenas tienen en cuenta la ciencia producida en Latinoamérica: el Journal Citation Report, de Thomson Reuters, y el Scopus de Elsevier (aun con las recientes adiciones de cabeceras iberoamericanas), siguen representando de manera muy deficiente la investigación latinoamericana. Esa subrepresentación tiene, claro, efectos directos sobre muchos otros aspectos concomitantes: persuadir negativamente a los científicos iberoamericanos de que publiquen en sus propias revistas; desviar los fondos de financiación a empresas que hayan sido positivamente evaluadas por índices ajenos a la realidad de cada país; devaluar el trabajo de las universidades latinoamericanas que realizan ya de por sí un sobreesfuerzo considerable por convertirse en polos de innovación y desarrollo en sus países respectivos.

Es casi un lugar común, por eso, hablar en América Latina de ciencia perdida o ciencia supeditada, de ciencia invisible o carente de impacto, de relevancia. Quizás la apuesta, en consecuencia, no haya de ser la de persistir por un camino que no dará frutos y está en buena medida viciado, sino la de recorrer el camino de autonomía e independencia que Internet ofrece. Antonio Sánchez Pereyra escribía en Latin American Scientific Journals: from “Lost Science” to Open Access que “la cuestión ha dejado de ser ‘si’ debemos tener acceso abierto. La cuestión es ‘cómo’ debemos desarrollarlo aun más y promocionarlo”. No es de extrañar, por eso, que el movimiento de Open Access esté arraigando con fuerza en toda latinoamérica y que países como Brasil, México, Argentina, Chile, Colombia o Venezuela se encuentren a la cabeza del acceso abierto en su modalidad Gold.

Es imperativo no solamente utilizar las distintas modalidades del acceso abierto para promover el valor de la ciencia suramericana: es esencial que se trabaje de manera estratégica y sistemática en todas las vertientes que pueden mejorar su alcance y su llegada: tal como se recoge en la presentación que tuve la oportunidad de discutir en el IV Foro Internacional de Edición Universitaria y Académica celebrado en la FIL de Guadalajara hace unos pocos días, es necesario incrementar la producción científica, generar mayor difusión y visiblidad, arbitrar nuevos indicadores e índices de visibilidad e impacto más contextuales, trabajar por una nueva ordenación internacional del ranking de los científicos y las universidades y, por último, como corolario, disminuir la dependencia de la ciencia latinoamericana. Todo esto no tendría viabilidad alguna si los gobiernos latinoamericanos no proceden como acaba de planteárselo el gobierno holandés: ante la abusiva posición de poder del grupo Elsevier, la administración holandesa ha decidido promover el acceso abierto de manera decidida. Las razones son varias, pero basten dos: promover el acceso abierto a la ciencia que sus universidades produce ahorros de unos 8 millones de euros al tiempo que lo financiado con dinero público revierte directamente y sin intermediación en la sociedad.

Internet desintermedia las cadenas de valor tradicionales y redefine los papeles de cada cual. La cuestión, en América Latina, no parece ser ya si debe o no promoverse el acceso libre como herramienta estratégica sino, más bien, de qué manera puede promoverse más y mejor, y de qué forma los editores y los científicos deben asumir ese reto a la vez profesional y social.

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8 años de Futuros del Libro


Futuros del libro cumple 8 años.

Cuando me preguntan a qué me dedico -en esta realidad (profesional) líquida en la que apenas existe continuidad, en la que no hay objetivos a largo plazo, en la que uno debe reinventarse cada pocos meses porque los proyectos se agotan y los objetivos cambian- hace ya tiempo que reconozco que mi única certeza profesional es este espacio. Un espacio de duda, de incertidumbre, de búsqueda, de investigación, construído sobre el deseo (incumplido) de compartir y discutir.

Karl Kraus y sus 37 años al frente de La antorcha sigue siendo mi héroe intelectual.

Se aceptan felicitaciones, Visa y MasterCard.

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Las bibliotecas en la nueva geografía del conocimiento


Para intentar entender la evolución de una institución ancestral como es la de la biblioteca, hay que salirse fuera de ella. Para intentar vislumbrar cómo serán en el futuro esas instituciones que arrastran un imaginario ligado al siglo XVII, hace falta mirar alrededor, salirse de la acolchada burbuja de las salas de lectura y abandonar la idea de que el conocimiento solamente reside allí, y de que los bibliotecarios son aquellos que han sido designados para clasificarlo, ordenarlo, custodiarlo y dar (o no) acceso a su consulta. Ese lastre histórico, que tuvo su sentido y que tiene una clara genealogía histórica, marca todavía el sentir de muchos bibliotecarios y su práctica cotidiana: la certeza de que el mundo puede ser ordenado y clasificado mediante thesaurus y otros vocabularios similares que dividen el mundo de manera arbitraria; de que el conocimiento está principalmente ligado a un solo soporte, el del libro, donde se han sedimentado milenios de sabidura; de que los bibliotecarios son los cancerberos que custodian celosamente el acceso a tan preciados bienes, todo dentro de una lógica logocéntrica que determina el diseño de los espacios y las normas de lectura y consulta (en silencio, separadamente, de manera reflexiva y recogida, acatando ciertas normas de aislamiento e incomunicación).

Todo eso tuvo su sentido pero intentar comprender la evolución futura de las bibliotecas basándose en ese punto de vista, nos haría olvidar lo que está ocurriendo en derredor, y las bibliotecas son solamente instituciones sometidas a las mismas tensiones que el resto de las empresas humanas.

Las bibliotecas, como las placas tectónicas, sufren una deriva que ni ellas mismas advierten, pero que las transformará de una manera irreversible:

Lo quieran o no, lo presientan o no, las bibliotecas pasarán a formar parte de una nueva geografía del conocimiento y la innovación más centrada en los usuarios y en el conjunto de herramientas y servicios que deben poner a su disposición para que puedan no solamente consumir contenidos, sino generarlos y compartirlos. Y los bibliotecarios tendrán que redefinir sus funciones, su papel y sus competencias, porque ya nunca más serán como aquel bibliotecario caricaturizado por Umberto Eco que estaba dispuesto a asesinar por preservar el acceso a las colecciones que custodiaba.

Esta semana he tenido la oportunidad de tratar este mismo asunto en dos foros distintos: en Liburutekia 2014, celebrado en Bilbao, y en el VII Congreso Nacional de Biblioteca Públicas, y la conclusión ha sido obviamente la misma: las bibliotecas deben pensarse fuera de ellas mismas, atentas a lo que ruge en su entorno, como hitos de una nueva geografía del conocimiento.

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¿Qué gremio necesita el sector?


El pasado mes de octubre tuvo lugar la Zukunftskonferenz 2014 (la conferencia del futuro) organizada por el Gremio de Editores alemanes, un encuentro que se celebra anualmente y que aborda de manera monográfica un tema que se convierte en un reto que resolver, en una pregunta para la que se buscan, cooperativamente, posibles respuestas, un ejercicio envidiable de apertura y participación, por tanto, en el que se debate y trabaja de manera colectiva con la intención de afrontar solidariamente los retos que el futuro digital depara.

No hace falta disponer de una bola de cristal para vislumbrar que las estructuras organizativas que siguen rigiendo el destino de editores, libreros, revisteros y distribuidores, carecen en buena medida de sentido en la era digital, en la que la cadena de producción y valor tradicionales no es ya la misma: vinculadas a modos de producción y distribución de los siglos XV-XIX, en que cada colectivo profesional fue distinguiéndose hasta asumir una personalidad y una función distintiva en la cadena de valor que conocemos, surgieron para defender intereses y conocimientos propios. Nada que objetar a esas fórmulas de agregación y asociación gremiales que hacen de la unión la fuerza. El problema viene, en todo caso, cuando las viejas estructuras pretender perdurar en entornos cambiantes donde sus funciones y objetivos deberían ser, por lo menos, repensados. El problema viene cuando esas estructuras, en lugar de reflexionar sobre el cambio, lo obstaculizan. Los editores alemanes entienden que no cabe otra manera que afontar el futuro que pensándolo conjuntamente, y es el propio gremio quien plantea la pregunta que podría llevar a su desaparición: ¿qué clase de gremio necesitamos en la era digital? ¿debería ser el mismo o convendría repensar su estructura, sus funciones, sus objetivos?

El proceso de indagación y trabajo comienza, virtualmente, un mes antes del encuentro presencial: se plantean y ponen sobre la mesa los temas que se abordarán más adelante. Son los miembros del gremio quienes, durante el encuentro, eligen voluntariamente el asunto concreto sobre el que idearan posibles soluciones. Durante una jornada completa, siguiendo una dinámica de trabajo colaborativo, se idean, prototipan y comunican posibles programas o acciones que contribuyeran a solventar el asunto planteado. El Gremio asume como propias las reflexiones y recomendaciones de sus integrantes y trabaja, a continuación, en pos de su consecución.

 

En el mes de octubre se formaron 10 grupos de trabajo y cada uno de ellos llegó a las siguientes conclusiones (en traducción libre y, a veces, literariamente retocada o, directamente, suprimida) :

  1. Grupo 1: integración de empresas digitales; reducción de los órganos directivos; eliminación de la distinción entre gremios (editores, libreros, etc.); constitución de grupos de trabajo especializados y Task forces para la resolución de retos concretos; reducción (de nuevo) de la junta directiva y la oficina central…
  2. Grupo 2: eliminación de la división entre gremios; foco sobre la capacidad de ejercer como un Lobby conjunto; aceptación de empresas procedentes de otros sectores emergentes; mayores posibilidades de participación; establecimiento de un pool de ideas; constitución de grupos de trabajo en red y conectados, basados en la resolución de problemas; (más fiestas!);
  3. Grupo 3: el gremio como estructura que abarque a todos los gremios; eliminación de la división entre los dinstintos gremios en cada uno de los Land; admisión de nuevos gremios bajo el mismo techo común; Lobby nacional e internacional;
  4. Grupo 4: Fundación de una nueva asociación cuya denominación fuera “Content & Media”; supresión de la división entre gremios tradicionales; constitución de task forces flexibles que se encarguen de la resolución de proyectos concretos; introducción de métodos de financiación y de trabajo colaborativo (crowdsourcing y crowdfounding), para el desarrollo de distintos proyectos; convertir a los grandes promotores de innovación en miembros de la asociación;
  5. Grupo 5: supresión de las divisiones entre gremios; integración de nuevos miembros; estructuras organizativas adelgazadas; mayores posibilidades de participación; creación de Social Think Tanks;
  6. Grupo 6: integración de nuevas empresas productoras de contenidos; la cultura como ADN común del sector; supresión de las divisiones; reforzamiento de los días dedicados públicamente a la promoción del libro;
  7. Grupo 7: Innovation-scouting (no me atrevo a traducirlo); conocer y aprovechar el Know-how de otros sectores; integración de empresas disruptivas que hayan irrumpido en el mercado tradicional de las que pueda aprovecharse nuevos conocimientos (flexibilidad estructural); cultura y lectura como fundamentos del gremio; recopilación de datos para la construcción de modelos predictivos; puesta a prueba continua de las estructuras organizativas;
  8. Grupo 8: precio fijo; respeto a los principios de la propiedad intelectual y el derecho de autor; el gremio como promotor de la cultura; realización de encuestas a los agremiados; realización de un ejercicio continuo de autorreflexión crítica; cooperación con otros gremios que trabajen en la cultura y los contenidos; equilibrio entre pequeños y grandes; constitución de equipos dinámicos y flexibles; Lobbying.
  9. Grupo 9: acogida en el gremio de autores que se autoediten y de empresas que se dediquen al mismo fin; transmisión del conocimiento; modelo organizativo Bottom-up (de abajo a arriba);
  10. Grupo 10: ejercicio continuo de autorreflexión crítica; constitución de equipos de trabajo transversales que abarquen problemas y competencias que afecten a todos sus miembros; posibilidades de participación transparentes.

Como estructuras organizativas con una génesis histórica concreta, vinculadas a una necesidad temporal particular, los gremios que conocemos no perdurarán (aunque se empeñen en ello y dispongan de los vínculos necesarios para perpetuarse). No es una cuestión de opinión o de querencia, es una realidad que se impone al ritmo que la revolución digital nos va dictando: necesitamos nuevas estructuras, nuevas maneras de organizarnos, más transversales, más abarcadoras, más dinámicas, más orientadas a la resolución de problemas concretas, que no renuncien a hacer valer su peso hayá donde corresponda, pero equilibrando la presencia y los intereses de pequeños, medianos y grandes. Y todo esto, en un país como Alemania, impulsado desde el propio Gremio que se verá abocado a asumir la transformación que ha impulsado.

¿Qué gremio necesita el sector?

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¿Por qué Open Access?


  1. Si uno quiere dedicarse a la ciencia debe anteponer -como dejara escrito Pierre Bourdieu- la libido sciendi a la libido dominandi, el amor y el interés por el conocimiento por encima del afán de poder y de prebendas;
  2. Ser miembro del campo científico requiere del conocimiento preciso de un lenguaje especializado y de su historia y genealogía. De no ser así, en el mejor de los casos, uno se arriesgaría a no enunciar más que trivialidades y lugares comunes. El hecho de que el lenguaje sea complejo y requiera de un largo tiempo en su adquisición, no es óbice para que no se abra a la sociedad y se comparta con todo aquel que lo requiera;
  3. El reconocimiento de los pares, su evaluación y su juicio, en una suerte de diálogo que no recurre a otra autoridad que a la intelectual, es determinante para el avance de la ciencia. Las métricas que se inventaron en los años 60 para hacer aflorar el conocimiento más valioso entre la miriada de artículos científicos producidos, no son perfectas ni inamovibles. Fueron un recurso que sirvió durante mucho tiempo para señalar aquello que más atención merecía, pero ha acabado por pervertir su propia misión: impulsados a publicar sin descanso, los científicos hacen y difunden ciencia mentirosa, sin fundamentación empírica suficiente, en las cabeceras que más visibilidad puedan otorgarles, con el fin de conseguir becas, puestos, financiación, influencia. Todo aquello, en fin, que no debe ser la ciencia;
  4. El peer review no tiene nada que ver, a propósito, con la condición abierta o cerrada de una publicación. Es más: en las publicaciones en abierto cabe corregir los excesos bien conocidos de las revisiones tradicionales;
  5. La mayoría de las revistas que ocupan el rango superior de visibilidad demandan a sus autores derechos exclusivos sobre su difusión y reproducción, de manera que embargan el contenido de manera permanente. Con tal de publicar en esas cabeceras, los científicos están dispuestos a que el conocimiento no circule sino entre aquellos que disponen de financiación necesaria para procurarse el acceso;
  6. De las cinco editoriales con una facturación más alta en el mundo, cuatro son de contenidos científicos, técnicos y profesionales;
  7. Según el último informe de REBIUN, las bibliotecas universitarias españolas gastaron en suscripciones a revistas científicas 100 millones de euros. Según la revista Proceedings of the National Academy of Sciences of the United States of America significativamente titulado Evaluating big deal journal bundles, los precios de las revistas seguían incrementándose y las editoriales pretendían comercializar paquetes de suscripciones no desagregables, que no tenían en absoluto en cuenta la dimensión de la institución y/o bibliotea a la que se lo vendían y los recursos financieros de los que disponían, todo con la obvia intención de maximizar sus márgenes de contribución y sus beneficios netos (toda la información, cuantificada, puede encontrarse en este enlace);
  8. Mientras las Agencias de Evaluación nacionales sigan empeñándose en utilizar como único índice de calidad de la actividad científica (como hace ANECA en España) el Journal Citation Report (las métricas de los años 60, por tanto), no habrá posibilidad de que el conocimiento se haga público. Su actitud contradice incluso las leyes nacionales de la ciencia y todos los acuerdos internacionales sobre Open Access, incluido la Berlin Declaration on Open Access;
  9. Es urgente e imperativo, por tanto, cambiar las modalidades de reconocimiento para cambiar los hábitos de producción, circulación y uso del conocimiento. Es urgente e imperativo, por tanto, apoyar las iniciativas de exploración de métricas alternativas, Alt-metrics, y suscribir declaraciones como la de Alt-metrics: a Manifesto.
  10. Encontraremos oposición, sobre todo de la oligarquía académica y de los grandes grupos editoriales internacionales, sin duda. Pero la ciencia es mucho más importante que todos ellos juntos.
  11. La inteligencia colectiva se basa en la posibilidad de compartir el conocimiento y de incrementar exponencialmente su valor mediante su uso, tal como demuestran iniciativas como la de PLOS Ebola Collection;
  12. Como contribuyente espero, además, que el conocimiento producido con parte del dinero que aporto a las arcas del Estado, se comparta y se difunda libre y abiertamente, haciéndolo compatible mediante embargos razonables con los derechos de propiedad intelectual de los autores;
  13. Ulrich Beck ya nos lo advirtió en La sociedad del riesgo: desde Hiroshima, al menos, sabemos que no podemos dejar la ciencia en manos solamente de los científicos, que los ciudadanos tenemos el derecho y el deber de cogestionarla, de decidir cuáles deban ser sus fines, porque no somos meros sujetos pasivos (cobayas, sujetos de experimentación) a merced de lo que deseen hacer. La ciencia ciudadana es la exigencia de esa participación sin cortapisas, y necesita, para convertirse en realidad, de un conocimiento que circule libre y abiertamente;
  14. El Estado, el mismo que debe promover la investigación, puede y debe asumir parte de su difusión y circulación: en Francia la iniciativa openedition.org resulta un ejemplo envidiable de transparencia y accesibilidad.

La semana pasada se celebró en Madrid el encuentro internacional Open Access Madrid 2014, auspiciado por la Wenner-Gren Foundation. El resultado de las intervenciones de todos los especialistas que intervinieron puede encontrarse en la siguiente publicación:

Pre-publi OA MADRID 2014.pdf by Joaquín Rodríguez

14. El invento de Tim Berners-Lee, Internet, trata de la posibilidad de que los científicos asuman el control de los medios de producción, difusión, circulación y uso del conocimiento que producen. Usemos Internet.

 

¿Por qué Open Access? Tenemos suficientes razones.

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#RetoBookathon: reinventando la lectura en la Era Digital


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La forma en que leemos ha cambiado. Los nuevos soportes tecnológicos han abierto la puerta a la exploración de nuevas formas de lectura, más allá del libro o el periódico de toda la vida. Es necesario repensar la lectura en la era digital, y con ella, todo su ecosistema de prácticas, herramientas y lenguajes. Por eso, desde Teamlabs y Bubok queremos lanzarte un reto: únete a la primera edición del Bookathon, el próximo 15 de octubre, en Medialab Prado, y atrévete a reinventar la lectura en la era digital mediante el  desarrollo de prototipos editoriales durante una jornada de trabajo intensivo y colaborativo. Sólo por participar puedes ganar una beca completa en el programa MasterYourself Publishing, de Teamlabs, dedicado a la exploración práctica y creativa del cambio digital en el ámbito editorial.

¿Qué es un bookathon?

Un bookathon es un encuentro entre expertos e interesados en el mundo del libro que se dan cita durante una jornada intensiva de trabajo con el fin de desarrollar colaborativamente nuevos prototipos editoriales. La palabra ‘bookathon’ proviene de la fusión de los términos del inglés “book”  y  ‘hackaton’,  encuentro de programadores cuyo objetivo es el desarrollo colaborativo de software y / o hardware.

El reto

Desarrollar en equipo varios prototipos para explorar las nuevas posibilidades de los soportes digitales de lectura de acuerdo a los códigos y demandas de la nueva sociedad red.

¿Para quién es el Bookathon?

Para cualquier persona o colectivo interesado en la lectura, en los soportes digitales, en el objeto libro, en el diseño de soluciones de usabilidad novedosas o en el desarrollo de software específico. Proponemos algunos perfiles: editores, bibliotecarios, periodistas, desarrolladores, diseñadores gráficos…

Una beca completa para cursar MasterYourself Publishing

Sólo por participar puedes ganar una plaza en el posgrado MasterYourself Publishing de Teamlabs, un programa de aprendizaje radical dedicado a la exploración del cambio digital en el ámbito editorial a través de la experimentación radical en equipo, el emprendimiento de proyectos innovadores propios y la proyección internacional. La beca (que cubre el 100% del coste de la matrícula en el programa, valorada en 9.000 €), se concederá al participante más destacado. Teamlabs invitará a una entrevista personal a los candidatos que considere más idóneos. Teamlabs se reserva el derecho de otorgar tal recompensa al solicitante que juzgue más adecuado.

¿Cuándo y dónde?

El miércoles 15 de octubre en Medialab Prado (C/ Alameda, 15) de 9.30 a 18 h.

Programa

9.30h Check-in

10.00h Bienvenida

10.15h Formación de equipos, fijación de los objetivos del evento y propuesta de las tres fases principales: ideación, prototipado y presentación

10.30h Inicio del Bookhaton

10.30 – 17h Ideación-Prototipado

[Apertura del buffet de desayuno a las 10 y del buffet de mediodía a las 13.30

 17h Presentación de los proyectos

18h Fin del Bookathon

19h Conferencia de José Antonio Millán: “El español e internet”.

Inscripciones

Puedes inscribirte haciendo clic aquí. Es imprescindible estar inscrito para acceder a la posibilidad de ganar una beca para el programa MasterYourself Publishing. La inscripción a este evento es gratuita.

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#MasterYourselfPublishing en LIBER 2014


Nos enfrentamos a una revolución sin precedentes, no a la mera sustitución de los soportes o de los formatos. La revolución digital afecta a todos los órdenes de la cadena editorial tradicional y desbarata la manera en que trabajábamos, en que concebíamos y desarrolábamos los productos y los contenidos, en que los difundíamos y los comercializábamos. Todo está patas arriba. Y todo el mundo lo sabe, aunque muchos prefieran capear la tormenta escondidos bajo un endeble paraguas. Todos nos enfrentamos con gran incertidumbre a los retos que se nos plantean, sin certezas, tan sólo con conjeturas e hipótesis. Por eso es tan importante experimentar, probar, tratar de hallar una respuesta viable, equivocarse y aprender del error para mejorar el prototipo, compartir con los demás posibles soluciones para generar una masa crítica suficientemente representativa como para que el modelo tenga éxito.

Sería vano y pretencioso, por eso, ofrecer un programa formativo que ofreciera certezas y contenidos en lugar de dudas y espacios de experimentación. En Teamlabs hacemos esto segundo: generar comunidades de aprendizaje profesional que experimenten, que compartan los titubeos y las vacilaciones, que desarrollen proyectos reales desde el primer momento con la certidumbre de que fallarán y de que el error es un banco de pruebas que ofrece información valiosa. Decía Joseph Beuys, el artista alemán, con esa convicción performativa de todo artista, que solamente alcanzaremos el futuro que deseamos si somos capaces de inventarlo nosotros mismos. Y de eso estamos precisamente convencidos: que aprender es hacer y que no nos bastan ya los espacios tradicionales de aprendizaje para poner en marcha esa tarea de innovación y transformación tan urgente y tan llena de incertidumbres.

Mañana jueves 2 de octubre en el LIBER, dentro de la sesión Otro mundo es posible: iniciativas y proyecots del siglo XXI con Lorenzo Silva, Noemí Trujillo, Julieta Leonetti y yo mismo, Joaquín Rodríguez.

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La renuncia de la educación


Pongamos, por enumerar solamente unas pocas, que las competencias que demandamos para nuestros hijos en el siglo XXI son las siguientes: que sean ciudadanos cívicamente implicados, que contribuyan a construir y sostener nuestra convivencia democrática, respetando y conviviendo con la diversidad y la heterogeneidad de las personas que conforman nuestra sociedad; que sepan ponerse en el lugar de los demás, intentando entender los distintos puntos de vista sobre una misma situación, con el fin de establecer un diálogo constructivo que no esté basado en meros prejuicios o categorías a priorísticas; que cobren plena conciencia de los efectos que sus acciones pueden tener sobre la realidad, sobre el devenir de las cosas; que en las sociedades modernas no cabe la exclusión por razones achacables al origen social o a razones de cualquier otra índole; que asuman la diversidad como una riqueza, no como un lastre; que asuman plenamente la responsabilidad sobre su propio proceso de aprendizaje, estableciendo sus propios objetivos, ritmos e hitos de evaluación; que cooperen y compartan el trabajo y el conocimiento, pero también las responsabilidades, las dudas y las incertidumbres; que sepan buscar la información que necesitan para resolver los problemas que se les plantean, que sepan filtrarla y valorar cabalmente su calidad, que establezcan un diálogo crítico con ella; que sean capaces de asumir los errores como hitos necesarios de mejora y evolución; que afronten la incertidumbre con entereza y resolución, que sepan que es parte irrenunciable de su devenir futuro, porque tiene mucho más de líquido que de sólido; que recuperen en la medida de lo posible el pensamiento lateral y disruptivo, esa capacidad infantil de pensamiento divergente que la edad tiende a agostar.

Pero, ¿cómo podemos asegurar que esas competencias se desarrollen en una escuela que excluye al 50% de sus alumnos, personas que no acabarán con la educación secundaria obligatoria y que no dispondrán de apoyo adicional para evitar la exclusión? ¿Cómo podemos garantizar que sean capaces de desarrollar inteligencias robustas, resolutivas y resilentes, capaces de innovar y enfrantarse solos a la incertidumbre, cuando solamente encontrarán contenidos, examenes, reválidas, notas, repetición, castigos, amenazas, segregación, aburrimiento, jerarquización? ¿Cómo podemos pensar que nuestros hijos adquieran las competencias que les serán necesarias para vivir en este siglo si les seguimos entrenando con parámetros, idearios y premisas del XIX? ¿Cómo creemos que pueden reaccionar quienes nacieron en Internet y tienen a su disposición una cantidad ingente de contenidos y conocimientos ante la cerrazon de las asignaturas tradicionales, el discurso unilateral y monocorde de muchos profesores y el ambiante cerrado y axfisiante del aula?

El hecho de que el último informe de la OCDE, Panorama de la educación. Indicadores de la OCDE 2014,  vuelva a poner de manifiesto los mismos problemas que, reiteradamente, presenta nuestra educación duarante los últimos veinte años, no es ya una cuestión de retoques más o menos cosméticos del plan de estudios. Es una cuestión que requiere de una verdadera revolución de los planteamientos y principios pedagógicos subyacentes, el primero de los cuales, como ya supieron ver los finlandeses en los años 70, es el de que nadie quede atrás. Una escuela verdaderamente comprehensiva que impulse el desarrollo de las capacidades innatas que todos poseemos, de las competencias que serán necesarias en un contexto sociológico globalizado que nada se parece al del siglo XX o, peor aún, al del XIX.

Si la educación no cumple con ese precepto fundamental, habrá renunciado por completo a su cometido esencial, aunque se trasvista con los ropajes administrativos de las sucesivas reformas educativas.

Necesitamos una escuela nueva, una escuela abierta, una escuela integradora, una escuela impulsora de las competencias y capacidades innatas de cada uno de sus alumnos, una escuela polialfabetizadora, una escuela capacitadora y empoderadora, una escuela inclusiva que dé cabida a todos los agentes que integran la comunidad escolar, una escuela democrática en su manera de autogestionarse, una escuela que asuma, en fin, el papel primordial que debe jugar en el siglo XXI.

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El precio y el valor de los libros de texto


En uno de los últimos número de la revista The Economist (poco sospechosa de no creer firmemente en la economía del libre mercado), pudimos observar un gráfico cuyo título no dejaba lugar a dudas: “Un caso de manual de manipulación de precios”, refiriéndose al incremento exponencial e injustificado del precio de los libros de texto en los Estados Unidos.

De acuerdo con el último informe de ANELE sobre “El precio de los libros de texto“, “la subida media de los precios de los manuales para el curso 2014‐2015 se sitúa en el 0,8%”, incremento achacable, en buena medida, al sobreesfuerzo derivado de la LOMCE y de la necesaria creación de nuevos contenidos y materiales. Los precios medios por nivel educativo, de acuerdo con el mismo informe, estarían en torno a las 18,45 €, 24,60 € y 27,24 € si nos referimos a primaria, secundaria y bachillerato. Como toda medida central, se ignoran los extremos, aunque muchos tengamos la experiencia de que gran parte de los libros de texto obligatorios alcancen precios que rondan los 30-35 €.

La pregunta que suele formularse y que no tiene tan fácil respuesta como la mayoría piensa, está, sin embargo, plenamente justificada: ¿son caros los libros de texto? ¿aportan el valor suficiente como para que su alto precio esté justificado? ¿tiene sentido ese desembolso en un ecosistema educativo digital, en el que el libro de texto tradicional pierde en buena medida su papel y su significado? Poca gente sabe que en la concepción y elaboración de un libro de texto intervienen muchas personas: autores que perciben un tanto alzado, editores especializados que supervisan con profesionalidad el proceso de trabajo, grafistas y diseñadores que traducen a imágenes y cuadros gran parte de la información, documentalistas que buscan las mejores imáganes de acompañamiento y abonan los derechos correspondientes por su uso, impresores que realizan su labor tradicional ajustando los precios cada vez más, distribuidores que hacen llegar miles de copias a los puntos convenidos, librerías, grandes almacenes y cadenas que comercializan los libros de texto a cambio del margen comecial correspondiente. Y aún cabría añadir algunos otros epígrafes a la cuenta de gastos de un libro de texto… La cuestión, por tanto, es que en la lógica de producción tradicional y analógica de un libro de texto tradicional, su precio está en buena medida justificado. Es decir: es caro porque el proceso de creación, producción, distribución y comercialización lo es, y porque los márgenes que los grandes grupos demandan a sus productos son cada vez, también, mayores.

Pero, siendo conscientes de esa paradoja del precio, ¿está justificado abonar esa cantidad por un objeto analógico, no actualizable, difícilmente reutilizable, que fue concebido para las aulas del siglo XIX en las que el paradigma pedagógico era el del modelo de transmisión unilateral del conocimiento, el de la memorización y la repetición, el del control cuantitativo del rendimiento como supuesta herramienta de evaluación, el del contenido fragmentado y compartimentado en asignaturas sin relación alguna, el del espacio del aula como compartimento cerrado sobre si mismo donde transcurre con exclusividad el aprendizaje? Y aún más: ¿está justificado abonar esa cantidad de dinero por un objeto en papel cuando la distribución y comercialización de los recursos educativos cabría hacerla de una manera digital enteramente distinta? Sí, es cierto que existen gastos e inversiones vinculados al desarrollo de los contenidos digitales que antes no existían, pero también lo es que las amortizaciones son mucho más rápidas y que los ahorros pueden contabilizarse en muchos miles de euros.

No, no parece que ese gasto esté a día de hoy justificado. No, no parece que ese incremento exponencial e imparable de los precios de los libros de texto, como ya advirtiera también The Huffington Post, pueda ampararse por la aportación de un supuesto valor que ya no tienen ni detentan, al menos en exclusiva. La explosión de internet y la lógica de los recursos educativos digitales, hace redundantes cuando no innecesarios muchos de los materiales que utilizamos antaño.

La Fundación Samsung ha elaborado un informe titulado “Los padres ante la tecnología en los colegios” sobre el que debatiremos la próxima semana, un documento que nos servirá en el fondo de justificación para reflexionar sobre la inevitable transición de un modelo docente basado en el manual más o menos clausurado, fruto de una época determinada, y un presente que demanda recursos digitales dinámicos y reutilizables al servicio de un proceso de aprendizaje basado en el descubrimiento y la exploración. Una transición díficilmente asumible por la industria editorial y díficilmente comprensible por parte de muchos padres, emigrantes digitales perplejos ante las costumbres comunicativas de sus hijos.

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