¿Por qué Open Access?


  1. Si uno quiere dedicarse a la ciencia debe anteponer -como dejara escrito Pierre Bourdieu- la libido sciendi a la libido dominandi, el amor y el interés por el conocimiento por encima del afán de poder y de prebendas;
  2. Ser miembro del campo científico requiere del conocimiento preciso de un lenguaje especializado y de su historia y genealogía. De no ser así, en el mejor de los casos, uno se arriesgaría a no enunciar más que trivialidades y lugares comunes. El hecho de que el lenguaje sea complejo y requiera de un largo tiempo en su adquisición, no es óbice para que no se abra a la sociedad y se comparta con todo aquel que lo requiera;
  3. El reconocimiento de los pares, su evaluación y su juicio, en una suerte de diálogo que no recurre a otra autoridad que a la intelectual, es determinante para el avance de la ciencia. Las métricas que se inventaron en los años 60 para hacer aflorar el conocimiento más valioso entre la miriada de artículos científicos producidos, no son perfectas ni inamovibles. Fueron un recurso que sirvió durante mucho tiempo para señalar aquello que más atención merecía, pero ha acabado por pervertir su propia misión: impulsados a publicar sin descanso, los científicos hacen y difunden ciencia mentirosa, sin fundamentación empírica suficiente, en las cabeceras que más visibilidad puedan otorgarles, con el fin de conseguir becas, puestos, financiación, influencia. Todo aquello, en fin, que no debe ser la ciencia;
  4. El peer review no tiene nada que ver, a propósito, con la condición abierta o cerrada de una publicación. Es más: en las publicaciones en abierto cabe corregir los excesos bien conocidos de las revisiones tradicionales;
  5. La mayoría de las revistas que ocupan el rango superior de visibilidad demandan a sus autores derechos exclusivos sobre su difusión y reproducción, de manera que embargan el contenido de manera permanente. Con tal de publicar en esas cabeceras, los científicos están dispuestos a que el conocimiento no circule sino entre aquellos que disponen de financiación necesaria para procurarse el acceso;
  6. De las cinco editoriales con una facturación más alta en el mundo, cuatro son de contenidos científicos, técnicos y profesionales;
  7. Según el último informe de REBIUN, las bibliotecas universitarias españolas gastaron en suscripciones a revistas científicas 100 millones de euros. Según la revista Proceedings of the National Academy of Sciences of the United States of America significativamente titulado Evaluating big deal journal bundles, los precios de las revistas seguían incrementándose y las editoriales pretendían comercializar paquetes de suscripciones no desagregables, que no tenían en absoluto en cuenta la dimensión de la institución y/o bibliotea a la que se lo vendían y los recursos financieros de los que disponían, todo con la obvia intención de maximizar sus márgenes de contribución y sus beneficios netos (toda la información, cuantificada, puede encontrarse en este enlace);
  8. Mientras las Agencias de Evaluación nacionales sigan empeñándose en utilizar como único índice de calidad de la actividad científica (como hace ANECA en España) el Journal Citation Report (las métricas de los años 60, por tanto), no habrá posibilidad de que el conocimiento se haga público. Su actitud contradice incluso las leyes nacionales de la ciencia y todos los acuerdos internacionales sobre Open Access, incluido la Berlin Declaration on Open Access;
  9. Es urgente e imperativo, por tanto, cambiar las modalidades de reconocimiento para cambiar los hábitos de producción, circulación y uso del conocimiento. Es urgente e imperativo, por tanto, apoyar las iniciativas de exploración de métricas alternativas, Alt-metrics, y suscribir declaraciones como la de Alt-metrics: a Manifesto.
  10. Encontraremos oposición, sobre todo de la oligarquía académica y de los grandes grupos editoriales internacionales, sin duda. Pero la ciencia es mucho más importante que todos ellos juntos.
  11. La inteligencia colectiva se basa en la posibilidad de compartir el conocimiento y de incrementar exponencialmente su valor mediante su uso, tal como demuestran iniciativas como la de PLOS Ebola Collection;
  12. Como contribuyente espero, además, que el conocimiento producido con parte del dinero que aporto a las arcas del Estado, se comparta y se difunda libre y abiertamente, haciéndolo compatible mediante embargos razonables con los derechos de propiedad intelectual de los autores;
  13. Ulrich Beck ya nos lo advirtió en La sociedad del riesgo: desde Hiroshima, al menos, sabemos que no podemos dejar la ciencia en manos solamente de los científicos, que los ciudadanos tenemos el derecho y el deber de cogestionarla, de decidir cuáles deban ser sus fines, porque no somos meros sujetos pasivos (cobayas, sujetos de experimentación) a merced de lo que deseen hacer. La ciencia ciudadana es la exigencia de esa participación sin cortapisas, y necesita, para convertirse en realidad, de un conocimiento que circule libre y abiertamente;
  14. El Estado, el mismo que debe promover la investigación, puede y debe asumir parte de su difusión y circulación: en Francia la iniciativa openedition.org resulta un ejemplo envidiable de transparencia y accesibilidad.

La semana pasada se celebró en Madrid el encuentro internacional Open Access Madrid 2014, auspiciado por la Wenner-Gren Foundation. El resultado de las intervenciones de todos los especialistas que intervinieron puede encontrarse en la siguiente publicación:

Pre-publi OA MADRID 2014.pdf by Joaquín Rodríguez

14. El invento de Tim Berners-Lee, Internet, trata de la posibilidad de que los científicos asuman el control de los medios de producción, difusión, circulación y uso del conocimiento que producen. Usemos Internet.

 

¿Por qué Open Access? Tenemos suficientes razones.

Etiquetas: , , , , , ,
Categorias: General

#RetoBookathon: reinventando la lectura en la Era Digital


banner 2-01

La forma en que leemos ha cambiado. Los nuevos soportes tecnológicos han abierto la puerta a la exploración de nuevas formas de lectura, más allá del libro o el periódico de toda la vida. Es necesario repensar la lectura en la era digital, y con ella, todo su ecosistema de prácticas, herramientas y lenguajes. Por eso, desde Teamlabs y Bubok queremos lanzarte un reto: únete a la primera edición del Bookathon, el próximo 15 de octubre, en Medialab Prado, y atrévete a reinventar la lectura en la era digital mediante el  desarrollo de prototipos editoriales durante una jornada de trabajo intensivo y colaborativo. Sólo por participar puedes ganar una beca completa en el programa MasterYourself Publishing, de Teamlabs, dedicado a la exploración práctica y creativa del cambio digital en el ámbito editorial.

¿Qué es un bookathon?

Un bookathon es un encuentro entre expertos e interesados en el mundo del libro que se dan cita durante una jornada intensiva de trabajo con el fin de desarrollar colaborativamente nuevos prototipos editoriales. La palabra ‘bookathon’ proviene de la fusión de los términos del inglés “book”  y  ‘hackaton’,  encuentro de programadores cuyo objetivo es el desarrollo colaborativo de software y / o hardware.

El reto

Desarrollar en equipo varios prototipos para explorar las nuevas posibilidades de los soportes digitales de lectura de acuerdo a los códigos y demandas de la nueva sociedad red.

¿Para quién es el Bookathon?

Para cualquier persona o colectivo interesado en la lectura, en los soportes digitales, en el objeto libro, en el diseño de soluciones de usabilidad novedosas o en el desarrollo de software específico. Proponemos algunos perfiles: editores, bibliotecarios, periodistas, desarrolladores, diseñadores gráficos…

Una beca completa para cursar MasterYourself Publishing

Sólo por participar puedes ganar una plaza en el posgrado MasterYourself Publishing de Teamlabs, un programa de aprendizaje radical dedicado a la exploración del cambio digital en el ámbito editorial a través de la experimentación radical en equipo, el emprendimiento de proyectos innovadores propios y la proyección internacional. La beca (que cubre el 100% del coste de la matrícula en el programa, valorada en 9.000 €), se concederá al participante más destacado. Teamlabs invitará a una entrevista personal a los candidatos que considere más idóneos. Teamlabs se reserva el derecho de otorgar tal recompensa al solicitante que juzgue más adecuado.

¿Cuándo y dónde?

El miércoles 15 de octubre en Medialab Prado (C/ Alameda, 15) de 9.30 a 18 h.

Programa

9.30h Check-in

10.00h Bienvenida

10.15h Formación de equipos, fijación de los objetivos del evento y propuesta de las tres fases principales: ideación, prototipado y presentación

10.30h Inicio del Bookhaton

10.30 – 17h Ideación-Prototipado

[Apertura del buffet de desayuno a las 10 y del buffet de mediodía a las 13.30

 17h Presentación de los proyectos

18h Fin del Bookathon

19h Conferencia de José Antonio Millán: “El español e internet”.

Inscripciones

Puedes inscribirte haciendo clic aquí. Es imprescindible estar inscrito para acceder a la posibilidad de ganar una beca para el programa MasterYourself Publishing. La inscripción a este evento es gratuita.

Etiquetas: , , ,
Categorias: General

#MasterYourselfPublishing en LIBER 2014


Nos enfrentamos a una revolución sin precedentes, no a la mera sustitución de los soportes o de los formatos. La revolución digital afecta a todos los órdenes de la cadena editorial tradicional y desbarata la manera en que trabajábamos, en que concebíamos y desarrolábamos los productos y los contenidos, en que los difundíamos y los comercializábamos. Todo está patas arriba. Y todo el mundo lo sabe, aunque muchos prefieran capear la tormenta escondidos bajo un endeble paraguas. Todos nos enfrentamos con gran incertidumbre a los retos que se nos plantean, sin certezas, tan sólo con conjeturas e hipótesis. Por eso es tan importante experimentar, probar, tratar de hallar una respuesta viable, equivocarse y aprender del error para mejorar el prototipo, compartir con los demás posibles soluciones para generar una masa crítica suficientemente representativa como para que el modelo tenga éxito.

Sería vano y pretencioso, por eso, ofrecer un programa formativo que ofreciera certezas y contenidos en lugar de dudas y espacios de experimentación. En Teamlabs hacemos esto segundo: generar comunidades de aprendizaje profesional que experimenten, que compartan los titubeos y las vacilaciones, que desarrollen proyectos reales desde el primer momento con la certidumbre de que fallarán y de que el error es un banco de pruebas que ofrece información valiosa. Decía Joseph Beuys, el artista alemán, con esa convicción performativa de todo artista, que solamente alcanzaremos el futuro que deseamos si somos capaces de inventarlo nosotros mismos. Y de eso estamos precisamente convencidos: que aprender es hacer y que no nos bastan ya los espacios tradicionales de aprendizaje para poner en marcha esa tarea de innovación y transformación tan urgente y tan llena de incertidumbres.

Mañana jueves 2 de octubre en el LIBER, dentro de la sesión Otro mundo es posible: iniciativas y proyecots del siglo XXI con Lorenzo Silva, Noemí Trujillo, Julieta Leonetti y yo mismo, Joaquín Rodríguez.

Etiquetas: , , ,
Categorias: General

La renuncia de la educación


Pongamos, por enumerar solamente unas pocas, que las competencias que demandamos para nuestros hijos en el siglo XXI son las siguientes: que sean ciudadanos cívicamente implicados, que contribuyan a construir y sostener nuestra convivencia democrática, respetando y conviviendo con la diversidad y la heterogeneidad de las personas que conforman nuestra sociedad; que sepan ponerse en el lugar de los demás, intentando entender los distintos puntos de vista sobre una misma situación, con el fin de establecer un diálogo constructivo que no esté basado en meros prejuicios o categorías a priorísticas; que cobren plena conciencia de los efectos que sus acciones pueden tener sobre la realidad, sobre el devenir de las cosas; que en las sociedades modernas no cabe la exclusión por razones achacables al origen social o a razones de cualquier otra índole; que asuman la diversidad como una riqueza, no como un lastre; que asuman plenamente la responsabilidad sobre su propio proceso de aprendizaje, estableciendo sus propios objetivos, ritmos e hitos de evaluación; que cooperen y compartan el trabajo y el conocimiento, pero también las responsabilidades, las dudas y las incertidumbres; que sepan buscar la información que necesitan para resolver los problemas que se les plantean, que sepan filtrarla y valorar cabalmente su calidad, que establezcan un diálogo crítico con ella; que sean capaces de asumir los errores como hitos necesarios de mejora y evolución; que afronten la incertidumbre con entereza y resolución, que sepan que es parte irrenunciable de su devenir futuro, porque tiene mucho más de líquido que de sólido; que recuperen en la medida de lo posible el pensamiento lateral y disruptivo, esa capacidad infantil de pensamiento divergente que la edad tiende a agostar.

Pero, ¿cómo podemos asegurar que esas competencias se desarrollen en una escuela que excluye al 50% de sus alumnos, personas que no acabarán con la educación secundaria obligatoria y que no dispondrán de apoyo adicional para evitar la exclusión? ¿Cómo podemos garantizar que sean capaces de desarrollar inteligencias robustas, resolutivas y resilentes, capaces de innovar y enfrantarse solos a la incertidumbre, cuando solamente encontrarán contenidos, examenes, reválidas, notas, repetición, castigos, amenazas, segregación, aburrimiento, jerarquización? ¿Cómo podemos pensar que nuestros hijos adquieran las competencias que les serán necesarias para vivir en este siglo si les seguimos entrenando con parámetros, idearios y premisas del XIX? ¿Cómo creemos que pueden reaccionar quienes nacieron en Internet y tienen a su disposición una cantidad ingente de contenidos y conocimientos ante la cerrazon de las asignaturas tradicionales, el discurso unilateral y monocorde de muchos profesores y el ambiante cerrado y axfisiante del aula?

El hecho de que el último informe de la OCDE, Panorama de la educación. Indicadores de la OCDE 2014,  vuelva a poner de manifiesto los mismos problemas que, reiteradamente, presenta nuestra educación duarante los últimos veinte años, no es ya una cuestión de retoques más o menos cosméticos del plan de estudios. Es una cuestión que requiere de una verdadera revolución de los planteamientos y principios pedagógicos subyacentes, el primero de los cuales, como ya supieron ver los finlandeses en los años 70, es el de que nadie quede atrás. Una escuela verdaderamente comprehensiva que impulse el desarrollo de las capacidades innatas que todos poseemos, de las competencias que serán necesarias en un contexto sociológico globalizado que nada se parece al del siglo XX o, peor aún, al del XIX.

Si la educación no cumple con ese precepto fundamental, habrá renunciado por completo a su cometido esencial, aunque se trasvista con los ropajes administrativos de las sucesivas reformas educativas.

Necesitamos una escuela nueva, una escuela abierta, una escuela integradora, una escuela impulsora de las competencias y capacidades innatas de cada uno de sus alumnos, una escuela polialfabetizadora, una escuela capacitadora y empoderadora, una escuela inclusiva que dé cabida a todos los agentes que integran la comunidad escolar, una escuela democrática en su manera de autogestionarse, una escuela que asuma, en fin, el papel primordial que debe jugar en el siglo XXI.

Etiquetas: , , , , ,
Categorias: General

El precio y el valor de los libros de texto


En uno de los últimos número de la revista The Economist (poco sospechosa de no creer firmemente en la economía del libre mercado), pudimos observar un gráfico cuyo título no dejaba lugar a dudas: “Un caso de manual de manipulación de precios”, refiriéndose al incremento exponencial e injustificado del precio de los libros de texto en los Estados Unidos.

De acuerdo con el último informe de ANELE sobre “El precio de los libros de texto“, “la subida media de los precios de los manuales para el curso 2014‐2015 se sitúa en el 0,8%”, incremento achacable, en buena medida, al sobreesfuerzo derivado de la LOMCE y de la necesaria creación de nuevos contenidos y materiales. Los precios medios por nivel educativo, de acuerdo con el mismo informe, estarían en torno a las 18,45 €, 24,60 € y 27,24 € si nos referimos a primaria, secundaria y bachillerato. Como toda medida central, se ignoran los extremos, aunque muchos tengamos la experiencia de que gran parte de los libros de texto obligatorios alcancen precios que rondan los 30-35 €.

La pregunta que suele formularse y que no tiene tan fácil respuesta como la mayoría piensa, está, sin embargo, plenamente justificada: ¿son caros los libros de texto? ¿aportan el valor suficiente como para que su alto precio esté justificado? ¿tiene sentido ese desembolso en un ecosistema educativo digital, en el que el libro de texto tradicional pierde en buena medida su papel y su significado? Poca gente sabe que en la concepción y elaboración de un libro de texto intervienen muchas personas: autores que perciben un tanto alzado, editores especializados que supervisan con profesionalidad el proceso de trabajo, grafistas y diseñadores que traducen a imágenes y cuadros gran parte de la información, documentalistas que buscan las mejores imáganes de acompañamiento y abonan los derechos correspondientes por su uso, impresores que realizan su labor tradicional ajustando los precios cada vez más, distribuidores que hacen llegar miles de copias a los puntos convenidos, librerías, grandes almacenes y cadenas que comercializan los libros de texto a cambio del margen comecial correspondiente. Y aún cabría añadir algunos otros epígrafes a la cuenta de gastos de un libro de texto… La cuestión, por tanto, es que en la lógica de producción tradicional y analógica de un libro de texto tradicional, su precio está en buena medida justificado. Es decir: es caro porque el proceso de creación, producción, distribución y comercialización lo es, y porque los márgenes que los grandes grupos demandan a sus productos son cada vez, también, mayores.

Pero, siendo conscientes de esa paradoja del precio, ¿está justificado abonar esa cantidad por un objeto analógico, no actualizable, difícilmente reutilizable, que fue concebido para las aulas del siglo XIX en las que el paradigma pedagógico era el del modelo de transmisión unilateral del conocimiento, el de la memorización y la repetición, el del control cuantitativo del rendimiento como supuesta herramienta de evaluación, el del contenido fragmentado y compartimentado en asignaturas sin relación alguna, el del espacio del aula como compartimento cerrado sobre si mismo donde transcurre con exclusividad el aprendizaje? Y aún más: ¿está justificado abonar esa cantidad de dinero por un objeto en papel cuando la distribución y comercialización de los recursos educativos cabría hacerla de una manera digital enteramente distinta? Sí, es cierto que existen gastos e inversiones vinculados al desarrollo de los contenidos digitales que antes no existían, pero también lo es que las amortizaciones son mucho más rápidas y que los ahorros pueden contabilizarse en muchos miles de euros.

No, no parece que ese gasto esté a día de hoy justificado. No, no parece que ese incremento exponencial e imparable de los precios de los libros de texto, como ya advirtiera también The Huffington Post, pueda ampararse por la aportación de un supuesto valor que ya no tienen ni detentan, al menos en exclusiva. La explosión de internet y la lógica de los recursos educativos digitales, hace redundantes cuando no innecesarios muchos de los materiales que utilizamos antaño.

La Fundación Samsung ha elaborado un informe titulado “Los padres ante la tecnología en los colegios” sobre el que debatiremos la próxima semana, un documento que nos servirá en el fondo de justificación para reflexionar sobre la inevitable transición de un modelo docente basado en el manual más o menos clausurado, fruto de una época determinada, y un presente que demanda recursos digitales dinámicos y reutilizables al servicio de un proceso de aprendizaje basado en el descubrimiento y la exploración. Una transición díficilmente asumible por la industria editorial y díficilmente comprensible por parte de muchos padres, emigrantes digitales perplejos ante las costumbres comunicativas de sus hijos.

Siguenos en #mochiladigital

Etiquetas: , , , ,
Categorias: General

MasterYourself Publishing


Si hay una certeza, hoy más que nunca, es que muchas de las certezas sobre las que apoyábamos nuestro quehacer profesional, han perdido toda consistencia y fundamento; que no queda más remedio que reinventarnos; que toda resistencia al cambio, que todo empeño por demorar lo inevitable, solo aplazan lo irremediable; que toda sensación de estabilidad y constancia obedece a que nuestras biografías son limitadas, pero que echando la vista atrás históricamente uno se da cuenta de que los grandes cambios acaecidos en la historia de los soportes y de las transmisión del conocimiento, han resultado en enormes transformaciones que han afectado a todos los órdenes de la vida; que la historia suele mostrar, de manera reiterada, que en estas revoluciones históricas quienes ganan suelen proceder de fuera del ecosistema en transformación, porque no sufrían las rémoras ni los temores de quienes no estaban dispuestos a cambiar sus rutinas; que nadie tiene certezas y que todo debe basarse en el ensayo y el error, en el diseño y el prototipado de posibles nuevas soluciones adaptadas a un ecosistema enteramente distinto; que aprender es hacer, que la innovación es un proceso que se puede aprender, que innovar, por tanto, depende de que hagamos, rehagamos y construyamos nuevas soluciones a las preguntas que nos plantea el nuevo ecosistema digital.

MasterYourself Publishing nace con la vocación de construir un entorno de aprendizaje compartido en el que los participantes sean quienes determinen cuáles son los problemas que deben resolverse, quienes establezcan cuáles son las hipótesis más plausibles para resolverlos, quienes prototipen y desarrollen posibles soluciones que someterán a prueba, quienes rectifiquen y mejoren sus propuestas iniciales hasta encontrar las propuestas más satisfactorias, quienes conviertan esas ideas en proyectos empresariales viables o en iniciativas de intraemprendimiento en sus empresas, quienes, en fin, asuman de principio a fin -acompañados por expertos, mediadores, tutores y mentores- el protagonismo de ese proceso de aprendizaje que debe conducirnos a inventar el futuro de la edición. Un entorno abierto a todos aquellos que trabajen en la creación, difusión y comercialización de contenidos.

MasterYourself Publishing basa su desarrollo en cuatro elementos o pilares fundamentales:

  1. Workshops: 10 talleres colaborativos, a lo largo del Master, cuya pretensión es desarrollar uno o varios proyectos, facilitados por varios expertos en procedimientos de trabajo en equipo e innovación;
  2. Learning Journeys: viajes a varios países para conocer in situ las empresas, instituciones o administraciones donde se estén desarrollando las iniciativas innovadoras más interesantes, aquellas que puedan servir como espejo donde mirarse;
  3. Labs: 45 laboratorios, de muy diversas temáticas, cuyo denominador común es la gestión del cambio digital. Cada alumno traza su propio itinerario en función de sus intereses profesionales, complementándose así la dimensión social y colaborativa con la de la evolución individual;
  4. Mentorías personalizadas: cada alumno y cada grupo disfruta de un grupo de mentores especializados con los que discutir sus objetivos, los hitos de su desarrollo, su grado de consecución y maduración, las posibles alternativas y sus resultados.

En Teamlabs creemos que el espíritu beta debe predominar en toda fase de transición; que no cabe seguir pensando en aulas, sino en laboratorios donde hacer y experimentar; que solamente mediante el desarrollo de proyectos reales desde el primer minuto, cabe aprender; que el error no solamente es inevitable, sino que es una parte fundamental del proceso de aprendizaje que debe inducirse y asumirse como elemento fundamental; que no cabe seguir pensando en profesores y alumnos sino en un conjunto de profesionales que forman una comunidad de aprendizaje con la que compartir problemas, ideas y soluciones; que en los equipos reside una fortaleza y una sabiduría de la que no gozan los individuos aislados; que el valor de cualquier idea, de cualquier recurso, se incrementa exponencialmente para cada uno de sus usuarios con cada usuario adicional; que no necesitamos certificaciones académicas ajenas a quienes tenemos que inventar el futuro, que nosotros mismos deberemos ser quienes acreditemos la valía de lo alcanzado. Ese es el espíritu que impulsa MasterYourself Publishing.

En esta nueva aventura tengo el honor de que me acompañen multitud de personas de enorme prestigio y valía que comparten esta misma visión. No puedo mencionar el nombre de todos, pero no querría olvidar mencionar a Mario Tascón, Gumersindo Lafuente, Rosalía Lloret, Eduardo Arcos, Sergio Mejías, Jesús Peraita, Javier de la Cueva, Manuel Gil, Ismael El-Qudsi, David Cabo, Jaume Balmes, Fernando Carbajo, Dionisio García, Manuel Gómez, Nicolás Alcalá, Belén Santaolalla, Emilio Gil, Luis Suñén, Miguel Gallego, Maria Eugenia Mariam. Y Juan Freire, Javier Azpeitia y yo mismo como conductores y facilitadores de este nuevo proyecto formativo.

¿Quieres ser parte de la revolución digital? ¿Quieres editar el futuro?

Os espero en cualquiera de los DemoDays que celebraremos los días 18 de septiembre y 6 de octubre en Teamlabs.

Etiquetas: , ,
Categorias: General

Re(d)flexiones veraniegas en torno al mercado digital del libro


En el año 2003 varios economistas del MIT, entre ellos Erik Brynjolfsson, autor de Rage against the machine y The second machine age, escribieron un artículo, Consumer Surplus in the Digital Economy: Estimating the Value of Increased Product Variety at Online Booksellers, que dejaba establecido de una vez para siempre el efecto que la acumulación de masa crítica de contenidos de relevancia y de servicios asociados en un sitio web tendría para los usuarios, o dicho de otra manera, la enorme ventaja competitiva que representaba en Internet generar espacios con una oferta suficientemente variada y cuantiosa soportada por un conjunto de servicios ventajosos. “Las librerías de Internet”, sostenían los autores, “disponen de un inventario virtual potencialmente ilimitado gracias a sus servicios de almacenamiento centralizados y aus acuerdos de distribución. Gracias a ello, pueden ofrecer acceso, de manera más fácil y conveniente que las librerías tradicionales, a una gran selección de productos”, algo que, obviamente, decantaría las búsquedas y las transacciones hacia los sitios que fueran capaces de congregar esa oferta acumulada. De hecho, aunque durante mucho tiempo se supuso que la especialización de algunas pequeñas librerías online podría contrarrestar, de alguna manera, ese efecto de progresiva concentración, la realidad es tozuda y se opone a la conjetura inicial: “aunque alguno de esos productos”, dicen los autores, “pudieran estar disponibles en tiendas especializadas o pudieran ser encargados en librerías físicas, los costes de búsqueda y transacción para localizar esos comercios especializados o para emplazar esos pedidos, son prohibitivos para la mayoría de los consumidores”.

La espiral de la concentración -librerías virtuales que agregan cada vez más contenidos de muy diversos sellos, que añaden la posibilidad de la autoedición, que ofrecen descuentos y servicios ventajosos para los consumidores, que se convierten en un escaparate al que nadie puede renunciar porque la visibilidad que proporciona en Internte resulta indispensable para sobrevivir- lleva, como resulta obvio en todo proceso de centralización, a que se acaben imponiendo condiciones comerciales en buena medida inasumibles para los sellos que desean utilizar ese canal virtual y a que se produzca un efecto del que nadie se atrevía a hablar pero que todo el mundo (sentía) y conocía. Lo describe muy bien el mismo Erik Brynjolfsson en su último libro, The second machine age:

Los mercados de las superestrellas (y de la larga cola) se describen mejor mediante la Ley Potencial o curva de Pareto, en el que un número muy pequeño de personas obtiene una cantidad desproporcionada de las ventas. Esto se caracteriza, normalmente, mediante la fórmula del 80/20, donde un 20% de los participantes obtienen el 80% de las ganancias, pero puede llegar a darse una situación todavía más extrema. Por ejemplo, en una investigación [conducida por el propio Erik, contenida en el artículo mencionado al inicio] encontramos que las ventas de libros en Amazon podían caracterizarse mediante una distribución basada en la Ley Potencial.

El problema, por tanto, es que “cuanto más digital es un mercado, la economía del ganador-se-lleva-todo (winner-take-all economics), es cada vez más irresistible”. O dicho en términos de la economía clásica: la evolución hacia el oligopolio es casi inevitable en Internet, a no ser que…

A no ser que alguien repare en que existe un principio o casi ley concomitante que puede contener la tendencia a la concentración y sus devastadores efectos: la del “efecto red“, la de que una plataforma o un recurso digital incrementa su valor y su utilidad, exponencialmente, en la medida en que se agregan nuevos agentes que la utilicen o, dicho de otra manera, que el valor de un recurso para cada uno de sus usuarios se incrementa con cada usuario adicional. Lo digo más fácil: vale la pena colaborar, o como podía leerse esta misma mañana en The Guardian, A single publisher going it alone won’t counter the might of Amazon. Mantener la ilusión -como tantos editores, libreros y distribuidores siguen haciendo- de que desarrollando un sitio web propio podrán lidiar con la dinámica de la web, es una mera falacia sin fundamento.  “La mayoría de las falacias económicas”, decía Milton Friedman, economista poco sospechoso de no profesar una firme creencia en el libre mercado, “deriva de la tendencia a asumir de que solamente existe un pedazo de pastel único, que unos no pueden ganar más que a costa de los demás”.

No creo que a mi, a nuestra vuelta en septiembre, las cosas hayan cambiado demasiado. En todo caso, la pujante e insoslayable ley del winner-take-all economics, acabará devastando el sector editorial, demasiado ensimismado en intentar devorar su pedazo de tarta.

Etiquetas: , , , , , , ,
Categorias: General

El coste del conocimiento


El pasado 27 de junio se hicieron públicas las cifras de facturación de los 56 grupos editoriales más grandes del mundo.

Entre los cinco primeros, tal como muestra la imagen, tres están dedicados a la edición de contenidos científicos, técnicos y profesionales, a la gestión e identificación de información valiosa para determinados colectivos altamente cualificados que necesitan contenidos actualizados. Reed Elsevier (promotora, entre otras muchas cosas, de Science Direct y Scopus), Thomson-Reuters (generadora, entre otras muchas cosas, de la Web of Science) y Wolters Kluwer (empresa holandesa fusionada, a su vez, con otro gigante, Bertelsmann & Springer, lo que daría lugar a Springer Science+Business) son tres gigantes que no solamente facturan cantidades inconcebibles para editores que trabajan en otros sectores sino que, sobre todo, dominan y controlan la producción, circulación y uso del conocimiento producido por la comunidad científica. A día de hoy apenas he leído o escuchado ningún comentario al respecto, ninguna valoración sobre las consecuencias que esa posición dominante tiene respecto a la disponibilidad y usufructo del conocimiento generado por una comunidad científicamente generalmente financiada con dinero público.

Es cierto que esta polémica viene de atrás: el 1 de septiembre de 2001 la Public Library of Science, uno de los más exitosos experimentos de ciencia libre en la red, intentó poner coto por primera vez a los precios abusivos y al secuestro de los contenidos ejercido por las multinacionales. José Antonio Millán explicaba en aquel momento en su blog que PLOS había fijado esa fecha “para que las compañías que rigen el mercado de la edición científica digital cambien su política. La iniciativa de la Public Library of Science lleva reunidas más de 26.000 firmas de científicos (casi 1.300 de ellos españoles), entre ellos varios premios Nobel. Su propuesta es que a los seis meses de aparición de los artículos estos se pongan abiertos en la Red, en sitios que reúnan lo más importante de la investigacion de un sector. Si el 1de septiembre las compañías no han actuado así, los firmantes se negarán a contribuir a sus publicaciones o a actuar de asesores para ellas. Las empresas objeto del ultimátum son bien conocidas: la canadiense Thomson y la anglo-holandesa Reed Elsevier, entre otras”. La revuelta de los científicos, la indignación del conocimiento, parecía aflorar y haber encontrado un fundamento sobre el que efectuar su reclamación porque Internet les daba las herramientas necesarias para autogestionarse, para compartir libremente el fruto de su trabajo, tal como la pionera arXiv.org ha venido demostrando desde mediados de los años 90.

Uno de los últimos episodios resonantes de esa indignación creciente fue la iniciativa The Cost of Knowledge promovida por el matemático Tim Gowers, una revuelta contra la política de precios crecientes y limitación de acceso al conocimiento practicada por Elsevier, la segunda compañía editorial más boyante del mundo.

No debemos olvidar, claro, que entretanto se han sucedido grandes declaraciones institucionales promoviendo el libre acceso al conocimiento, las primeras de las cuales fueron, seguramente, las realizadas por el Max Planck Institut (Berlin Declaration on Open Access), y por el filántropo (a ratos) George Soros, que puso en marcha la Budapest Open Access Initiative. Toda esa historia puede encontrarse en Ediciencia, un manual publicado en el año 2004 que coordiné junto a un grupo de expertos más que reseñable.

Sea como fuere, las cosas en el fondo parecen no haber cambiado demasiado. Al tiempo que se publicaba la lista de las editoriales más rentables, se publicaba un reportaje extenso en la Proceedings of the National Academy of Sciences of the United States of America significativamente titulado Evaluating big deal journal bundles, y los datos que se ponían de relieve, entre otros, fueron que no solamente los precios seguían incrementándose y que las editoriales pretendían comercializar paquetes de suscripciones no desagregables, sino que no tenían en absoluto en cuenta la dimensión de la institución y/o bibliotea a la que se lo vendían y los recursos financieros de los que disponían, todo con la obvia intención de maximizar sus márgenes de contribución y sus beneficios netos (toda la información, cuantificada, puede encontrarse en este enlace).

Llegados a este punto, la pregunta es obligada, por si alguien quiere contestarla: ¿cuándo asumirá la comunidad científica la gestión de la creación, circulación, evaluación y uso de los contenidos que ella genera sin necesidad de intermediaciones que lastran y desnaturalizan su propio funcionamiento? ¿Cuándo asumirán los editores científicos universitarios, por tratarse del colectivo más cercano al asunto tratado, la construcción de una plataforma única y compartida que haga uso de las herramientas que Internet nos dio hace ya dos décadas? ¿Cuándo seremos capaces de generar modelos de acceso abierto al conocimiento?

Etiquetas: , , , , ,
Categorias: General

¡Reinventemos la librería!


Que la librería es uno de los eslabones de la cadena de valor tradicional del libro abocada a la transformación o a la desaparición, es ya una obviedad. Si los soportes mutan y con ellos sus prácticas asociadas, los lugares donde se vendían esas mercancías carecerán, simplemente, de sentido, a no ser que reconceptualicen su razón de ser en un ecosistema (el digital) que no las echará de menos si dejan de existir. Si no se trata ya, simplemente, de vender -eso lo hacen tan bien o mejor los entornos web donde se proporcionan servicios, precios y contenidos que conocen las preferencias y gustos de sus clientes-, se tratará de cualificar la venta, de proporcionar alguna clase de valor añadido que justifique la visita a la librería, el sobreprecio y el desplazamiento. Eso es lo que han discutido esta semana los libreros británicos en la Independent Booksellers Week, y las conclusiones, no por obvias, son menos concluyentes y perentorias: las librerías independientes necesitan ofrecer más, como refleja la conclusión del periodista cultural de la BBC. Si los libros son artefactos sencillamente digitalizables y, por tanto, fácilmente distribuibles y comercializables a través de la web, deberá existir una poderosa razón que impulse a los lectores a abandonar su cómoda butaca, a gastar más de lo que tienen y dejarse convencer por el librero. Más aún: si buscamos el reemplazo de los lectores ya convencidos, nuevas clientelas, ese espacio de la libería deberá reconvertirse radicalmente.

Ese es el ejercicio y el reto que Rosanna de Lisle, una periodista de The Economist, planteó a cuatro estudios de arquitectos hace unas semanas: de qué manera reconfigurar los espacios tradicionales de la librería para generar una experiencia de compra distintiva, una experiencia más allá de la mera adquisición del volumen en papel. Los resultados saltan a la vista: espacios diáfanos donde se integran actividades complementarias, de ocio y de cultura, en los que pueden consultarse, conectarse y comprarse contenidos multiformato, donde la cantidad de los libros en papel es sustituida por la calidad y la selección cuidadosa, donde se dispone de tecnología digital suficiente para satisfacer la demanda de libros agotados o descatalogados (POD), donde los atributos visuales y sensoriales refuerzan la sensación de una experiencia que la web no puede proporcionar.

En The Book Plus Business Plan (B+Bp), un artículo que apareció en el número 14 de la excelente revista Texturas hace ahora tres años, escribí (y lo sigo manteniendo):

Ya están aquí. Todas. Es cierto que ya estaban antes, porque la virtualidad es lo que tiene, que no hace falta que estén físicamente aquí para estar presentes, pero esa aparente distancia digital, algo inverosímil, ejercía como de colchón amortiguador, de dique contenedor, por mucho que todos supiéramos que los bramidos acabarían traspasando la enclenque estructura del bastidor y que las olas nos anegarían por mucho que superpusiéramos sacos terreros. Ahora ya están aquí: Amazon, IBookStore, Google eBooks Store. Ahora no cabe mirar hacia otro lado ni tan siquiera echar mano del manido e inútil recurso de la filosofía retrospectiva: tendríamos que haber…, quizás hubiéramos debido…, de haberlo sabido antes… La realidad es ahora incontrovertible y las librerías tradicionales, predigitales y retrógradas en el uso de las tecnologías, por no hablar de los añejos distribuidores, amenazan con convertirse en especies en acelerada e irreversible extinción. La cuestión, en cualquier caso, no es la filosofía evocadora sino la acción inmediata: ¿qué hacer para que un tejido de librerías independientes que muchos consideramos indispensable pueda sobrevivir y aún sobrepujar a la oferta de los grandes intermediarios digitales, ninguno con verdadera vocación librera? Debo decir, en todo caso, que lo que acabo de enunciar no es sino una pregunta retórica formulada por alguien al que le gusta los libros y los compra a mansalva pero, ¿diría o pensaría lo mismo un comprador ocasional de libros de entretenimiento o, aún, un lector regular que vive, pongamos, en la provincia de Segovia con escaso acceso a los puntos de venta tradicionales o, por qué no, un comprador y lector compulsivo que por su misma bulimia no encuentra lo que desea en la librería tradicional? Quizás debiéramos comenzar entonces limando presuposiciones y lugares comunes: las grandes librerías virtuales ofrecen un catálogo amplísimo de títulos, más que el de cualquier librería tradicional; proporcionan métodos de búsqueda más precisos y pertinentes (buscadores, sí, pero también sistemas de etiquetado de los contenidos, metadatos asociados a nuestros hábitos de búsqueda y de compra); permite intercambiar puntos de vista y comentarios sobre las lecturas compartidas, generando un red de etiquetado social que agrega valor a los puros metadatos; identifica, de acuerdo con ese algoritmo de búsqueda y de compra repetida, los gustos posibles del lector y hace sugerencias acertadas en consecuencia; paquetiza las ofertas sumando el libro buscado a otros títulos que fueron supuestamente leídos por personas que comparten los mismos gustos; realiza descuentos por esas compras agregadas, sumando el libro que nos interesa a aquellos otros que supone que nos importa y nos quiere vender (nos anuncia, de paso, que el precio no es intocable y que pocos que no sean libreros o editores comprenden que este tipo de mercancía esté sujeto a restricciones legales); admite que hojeemos virtualmente parte del contenido del libro que nos interesa, en un remedo cada vez más perfeccionado de la experiencia lectora habitual; permite seleccionar los métodos de envío, envolverlos en papel de regalo si es necesario… En fin, que las librerías virtuales son imbatibles, para qué negarlo, y que si algunos de nosotros pensamos que las librerías tradicionales siguen manteniendo algo de valor, haríamos bien en pensar cuál es, porque sus funciones tradicionales no sólo han sido usurpadas sino, sobre todo, mejoradas, optmizadas.

Dejo en suspense la resolución al enigma planteado, pero el arreglo, al menos parte de él, parece obvio: es necesario reinventar la librería, con apoyo estatal y/o autonómico, eso es cierto, pero desde la premisa que los primeros que deben repensar su lugar en la cadena de valor digital son los propios libreros, sin falsas soluciones ni mesar de cabellos ni eventuales apagones de Internet, que eso no funciona, sino desde el coraje de afrontar una situación irreversible.

Reinventemos la librería.

Etiquetas: , , ,
Categorias: General

Los hijos del libro y los nativos digitales


Uno de los primeros que resaltó, con vehemencia, que los nativos digitales existían y que su manera de ver, percibir, pensar y actuar eran diferente a la de los nativos tipográficos (recuerden aquel subtítulo poco citado del célebre libro de McLuhan, La galaxia Gutenberg. Génesis Del Homo Typographicus), fue Alejandro Piscitelli. En Nativos digitales. Dieta cognitiva, inteligencia colectiva y arquitecturas de la participación, Piscitelli aseguraba -cito de memoria, no encuentro mi ejemplar- que nos enfrentábamos a un cambio epistemológico colosal, aquel que va de la textualidad tipográfica a la textualidad digital, de un mundo basado en el conocimiento libresco, la lectura silenciosa y sucesiva y la creación restringida a un mundo de contenidos multiformato, exhuberantes, de lectura fragmentada y preponderantemente visual, en el que los medios digitales democratizan la creación. Nuestros hijos ven el mundo a través de esa nueva textura digital; nosotros, por muchos esfuerzos que hagamos, seguiremos siendo mentes tipográficas que hacen esfuerzos por comprender ese nuevo territorio y esas nuevas prácticas.

La saga de los textos que pretenden analizar y diseccionar este cambio de era y de civilización son ya miriada, pero en los últimos meses han aparecido dos textos casi antagónicos, opuesos en su planteamiento, algo que denota claramente que nuestros prejuicios, nuestras anteojeras conceptuales, siempre son más determinantes que nuestra supuesta condición de científicos. Me refiero a los libros de Howard Gardner, La generación App. Cómo los jóvenes gestionan su identidad, su privacidad y su imaginación en el mundo digital y al de Michel Serres: Pulgarcita. El mundo ha cambiado tanto que los jóvenes deben reiventar todo.

El libro de Gardner, el padre de las inteligencias múltiples, es un libro tramposo, prejuicioso y acientífico, un claro ejemplo de cómo la mente tipográfica puede jugar una mala pasada incluso al más pintado de los catedráticos de Harvard. Su tesis principal, simplificando, defiende que las aplicaciones informáticas que los nativos digitales utilizan desfiguran y dañan su identidad, su intimidad y su imaginación. Algo así como sostener -ya lo hizo Sócrates, otro ilustre precedente, en el Fedro-, que la escritura, que no dejaba de ser un tecnología equiparable, solamente podía producir sombras equívocas y falsas de conocimiento. O ya puestos, que cualquier tecnología que automatice y simplifique nuestra manera de interactuar con el mundo que nos rodea -un astrolabio, un telescopio, una tarjeta de crédito-, desnaturalizara y demudara nuestra condición humana. La retahila de afirmaciones sobre la que se basa esa hipótesis -que podría ser tan plausible como cualquier otra- carece sin embargo de todo fundamento empírico y convierte al libro en un mero alegato antidigital. “Es cierto que”, puede leerse sorpresivamente en la página 157, “incluso si nuestra descripción de la juventud actual es acertada, no podemos demostrar que estas características sean consecuencia directa, ni siquiera consecuencia importante, de la ubicuidad de ciertas tecnologías. Sencillamente”, reconocen, alicaídos, “es imposible lleva a cabo el experimento adecuado con los controles necesarios”. Sobran las palabras…

A sus 84 años Michel Serres es la afortunada y jubilosa antítesis de Gardner, el denodado esfuerzo por comprender una mutuación histórica sin regodearse en las evidencias conocidas: “Sí”, puede leerse en las páginas 34-35, “desde hace algunos decenios, veo que vivimos un periodo comparable a la aurora de la paideia, después de que los griegos aprendieran a escribir y a demostrar, un periodo parecido al Renacimiento, que vio el nacimiento de la imprenta y el surgimiento del reino del libro. Época incomparable, sin embargo, ya que ahora, al mismo tiempo que las técnicas mutan, el cuerpo se metamorfosea, cambian el nacimiento y la muerte, el sufrimienot y la curación, los oficios, el espacio, el hábitat, el ser en el mundo”. “Me gustaría tener”, reconoce Serres, “dieciocho años, la edad de Pulgarcita y de Pulgarcito”, que así denomina a los nativos digitales, por su propensión, claro, a teclear con los pulgares en sus dispositivos digitales, “porque hay que rehacerlo todo otra vez, está todo por inventar”.

“Ese parloteo de las Pulgarcitas y los Pugarcitos”, prosigue, sin menospreciar lo que Gardner quizás nunca pueda comprender, “este caos del mundo, ¿anuncian quizás una era, o es que van a mezclarse una segunda edad oral y los escritos virtuales? Esta novedad, ¿cubrirá con sus olas la era de la página que nos formateó? Desde hace tiempo”, concluye, “percibo esta nueva era oral emanada de lo virtual”. He ahí, quizás, el gran cambio. Un libro, sin lugar a dudas, de una sutileza y una sabiduría esplendorosas.

Nosotros somos hijos del libro y nietos de la escritura y solamente renociendo expresa y reflexivamente ese punto de partida que condiciona nuestra manera de ver, comprender y juzgar las cosas, cabe entender la nueva civilización, esa que Piscitelli, Marc Prensky o Don Tapscott llamaron de los nativos digitales.

Etiquetas: , , , , , ,
Categorias: General