Las bibliotecas como armas de alfabetización masiva


Las bibliotecas escolares han estado siempre arrinconadas, segregadas, desvinculadas de toda dinámica pedagógica; su carácter ha sido más el de almacén que el de espacio de creación; su uso temporal siempre estuvo limitado al de la incierta disponibilidad de profesores que percibían la función de bibliotecario como la de un destierro provisional. ¿Cómo podría ser de otra manera cuando el conocimiento se dividía en asignaturas infranqueables, cuando no existía coordinación alguna entre los claustros, cuando todo lo que era necesario aprender se encontraba en los libros de texto y era transmitido por un portavoz, el profesor, y cuando el aprendizaje no era otra cosa que memorización y reptición en el interior de un espacio confinado, el aula?

La biblioteca escolar no podía estar más que arrumbada, en el mejor de los casos, en un rincón desconocido del centro escolar al que sólo se accedía de manera ocasional y fortuita. Ese mismo desplazamiento, esa misma desvinculación, esa misma ubicación periférica, denotaba claramente su insignificancia.

Primera ocasión desaprovechada, sin duda, por que hoy sabemos perfectamente -como dejaran claramente establecido Betty Hart y Todd R. Risleyen  en The Early Catastrophe. The 30 Million Word Gap by Age 3-, que a la temprana edad de tres años los hijos de las clases culturalmente ricas han escuchado 45 millones de palabras; los hijos de las clases de familias obreras, 26 y los hijos de familias que viven de la beneficencia, 13-, extraordinaria diferencia de vocabulario que determinará varias cosas de manera casi indeleble: el desarrollo cognitivo, el éxito escolar, la capacidad de aprender a lo largo del resto de sus vidas, la predisposición a consumir determinados bienes culturales. De hecho, en uno de los últimos informes del National Literacy Trust, Lost for Words: Poor literacy, the hidden issue in child poverty. A policy position paper, recomiendan imperativamente que se incremente la conciencia entre los padres desfavorecidos de la disponibilidad de recursos locales (bibliotecas públicas y bibliotecas escolares, sobre todos). La biblioteca escolar podría haber contribuido a cauterizar esa brecha incial mediante el contacto regular con los libros, pero no fue así.

En 21st Century Skills: Learning for Life in Our Times, uno de los muchos documentos que dibuja las competencias necesarias para el siglo en el que vivimos, se entiende claramente que la dotación y los recursos de las bibliotecas tradicionales son insuficientes para satisfacer las demandas de los nativos digitales: enfrentarse creativamente a las incertidumbres de un futuro incierto resolviendo los retos que se planteen, compartiendo conocimiento y construyéndolo de manera lúdica, crítica y cooperativa (por resumir groseramente lo que plantean), requiere de una pedagogía completamente diferente, radicalmente distinta, y requiere también, naturalmente, de espacios donde eso pueda suceder, de espacios que faciliten e impulsen esa clase de trabajo. Y es imperativo hacerlo, además, porque de acuerdo con PISA 2009 results. Students on line. Digital technologies and performance, existe una correlación de un 0,83% de media entre los alumnos con mejor puntuación en lectura tradicional y lectura digital; o dicho de otra manera: que aquellos que han demostrado una competencia lectora sobresaliente tenderán a mostrar, de la misma manera, una competencia digital del mismo nivel. La biblioteca, de nuevo, como segunda oportunidad para habituar a quienes no han tenido oportunidad en sus entornos familiares al contacto con los medios y soportes digitales.

Los arquitectos más conscientes de que el espacio determina la experiencia de aprendizaje, han comenzado ya a realizar propuestas para que la biblioteca se convierta en el centro de la revolución escolar, un nuevo espacio en forma de laboratorio, hub o taller donde los alumnos puedan trabajar colaborativamente de forma no jerarquizada; donde puedan aprender mediante la resolución de proyectos de manera significativa; donde puedan aprender mediante el uso y análisis de múltiples fuentes de información. En Design Features for Project-Based Learning, se dan las claves que han de tenerse en cuenta a la hora de diseñar esos nuevos espacios híbridos que tan poco tendrían que ver con las bibliotecas tradicionales pero que conservan esa voluntad de espacio de creación y aprendizaje.

La Asociación de Bibliotecarios escolares norteamericanos ya fueron conscientes de eso hace unos cuantos años: en el documento Standards for the 21st Century Learner abogaron por una concepción extendida de las competencias y por la asunción de un nuevo papel dinámico  y transformador de las bibliotecas en ese escenario. “Las bibliotecas escolares”, opinan, “son indispensables para el desarrollo de las competencias de aprendizaje”, si bien para ello deben tranformarse completamente.

La semana pasada tuve la oportunidad de exponer estas y otras ideas ante los miembros de la Asociación Educación Abierta y, en algo más de una semana, podré hacerlo en el Festival de Literatura y Artes Infantil y Juvenil. Las bibliotecas, en fin, como armas, instrumentos y medios de alfabetización masiva, espacios polivalentes puestos al servicio de la creación y el aprendizaje en la era digital, punto neurálgico sobre el que hacer pivotar la transformación pedagógica.

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La defunción de los libros de texto


En la portada del semanario alemán Die Zeit del mes de octubre de 2014 podía leerse: ¿Se muere el libro de texto? La pregunta no era, obviamente, un estrambote, sino una cuestión plenamente justificada afecta, al menos, a toda la educación y la pedagogía y a la industria que ha vivido decenas de año de la confección y fabricación de esos artefactos.

Si nos fijamos bien, la tecnología del libro de texto -un contenido cerrado y acotado, ajustado a un currículum oficial, pensado para que un oficiante lo declame en público y una tropa de pacientes lo esuche, memorice y reproduzca- está firmemente apegada a una lógica industrial de la educación que buscaba eficiencia y homegeneidad. Hoy sabemos que eso no nos sirve por múltiples causas concomitantes:

En la última Feria del Libro de Guadalajara 2014, dentro del forto de “Contenidos educativos digitales”, tuve la suerte de poder convocar un taller para repensar y reinventar los libros de texto. Este resumen y la presentación que lo acompañan son la parte que puede incorporarse a un blog.

El ingenio y los más que estimables resultados fruto del trabajo de toda una mañana son todos mérito de los profesionales que intervinieron.

Gracias a todos por los aprendizajes mutuos.

El libro de texto, tal como lo conocimos, ha muerto -más allá de las resistencias de la industria y de su corta o larga inercia-. Estamos pues, obligados, a reinventarlo.

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Nous sommes tous Charlie


“La libertad de palabra -escribe Santiago Muñoz Machado en el imprescindible Los itinerarios de la libertad de palabra-, el derecho al discurso y a la comunicación son conquistas recientes en las sociedades occidentales que aún, de vez en cuando, se ven acosadas por restricciones imprevisibles e injustas. El poder de expresarse es tan antiguo como la raza humana; hacerlo con palabras suficientes y un orden adecuado ha dependido de los progresos del lenguaje. Usar las palabras para transmitir creencias, opiniones o informaciones -viñetas, caricaturas y dibujos, cabría añadir en mi opinión- y hacerlo con plena libertad ha necesitado, en fin, muchos años de maduración, un largo proceso que no puede darse por concluido del todo”, algo que pone de manifiesto, bien a las claras, el bárbaro y vandálico asesinato de los periodistas franceses de Charlie Hebdo.

“Antes de que naciera la libertad aludida”, continua algo más adelante Muñoz Machado, “apareció en el mercado de las ideas la lucha por la tolerancia. Estableció esta el caldo de cultivo del que emergió la libertad de religión, o de conciencia y pensamiento, y la de palabra, que acompaña inescindiblemente a cualquiera de las demás porque, para realizarse plenamente, necesitan de la comunicación de lo que se opina conoce o cree”.

“La acción contra la intolerancia”, agrega Muñoz Machado, “consistió en una fuerte reacción contra la uniformidad del pensamiento religioso y científico y, derechamente, contra los abusos, persecuciones, procesamientos, torturas y muertes con que los poderes civil y eclesiástico sancionaban a los disidentes”.

Hoy todos somos Charlie.

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El papel educador de la biblioteca


En el Congreso Nacional de Bibliotecas Públicas, celebrado en el mes de noviembre en la ciudad de Badajoz, tuve la oportunidad de dialogar con Ramón Salaberría, director de la Biblioteca Vasconcellos de México D.F., con Kerwin Pilgrim, director del servicio de Educación de adultos de la Biblioteca Pública de Brooklyn, con la moderación de Hilario Hernández, Director de Investigación de la FGSR, sobre el papel educador de la biblioteca, sobre la necesidad de una profunda transformación acorde al papel que las instituciones públicas deberán jugar en un ecosistema en el que el conocimiento se democratizará y estará, en buena medida, al alcance de cualquiera.

 

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La gran transformación de las librerías


Dentro de la inmensidad de foros y eventos para profesionales que desarrolla la FIL tuvimos el placer y el privilegio de compartir Manuel Gil y yo una conferencia sobre la situación de la librería. Se trataba del Foro para Libreros de la FIL y la titulamos: La librería como red social sin algoritmos: políticas públicas de apoyo.

La tesis principal de la exposición era la de señalar la situación de deterioro generalizado en que se encuentran las librerías en el mundo, por lo que compartimos los datos de situación de las librerías en Europa (y específicamente de España), y las políticas públicas de apoyo que se están poniendo en marcha en sus respectivos ámbitos.

El diagnóstico del que partíamos se basaba en la consideración de que mucho antes de que estallara la crisis que ha asolado el mundo del libro en España ya existían indicadores negativos de la situación que permitían prever cómo la cadena de valor predigital, la cadena de valor analógica tradicional, comenzaba a desintegrarse.

La idea de desarrollar políticas públicas de apoyo a la librería (mediante el desarrollo de sellos de calidad, beneficios fiscales y apoyo financiero directo, además de la defensa contra las iniciativas multinacionales que amenazan con convertirse en monopolios de hecho), parte de la convicción de la necesidad de garantizar el acceso a los lectores a la enorme riqueza bibliográfica de nuestro país, de preservar la diversidad de la oferta cultural mediante el mantenimiento de una red que la comercialice y distribuya, de avanzar en un rediseño y reingeniería de estos espacios para encontrar nuevos mix, nuevos modelos de negocio que permitan reflotarlas, adaptarlas a una nueva cadena de valor en la que tienen que encontrar su sitio y su función.

Una idea que propusimos fue la de poner en marcha un Pacto Nacional por el Libro que incluya no sólo a los agentes de la cadena de valor, sino también a lectores y bibliotecarios, todo ello auspiciado por unas administraciones públicas sensibles con el devenir de una industria en serias dificultades en el momento actual, y con unas expectativas sombrías de futuro.

Compartimos aquí la presentación para todos nuestros lectores interesados en el tema. A buen seguro entendemos posible abrir un debate y una reflexión colectiva sobre el asunto. Consideramos que promover una cierta complicidad con la situación de las librerías y los libreros forma parte de una actitud de renovación y de protección del sector, algo que está entre las preocupaciones más acuciantes del Cerlalc por impulsar políticas públicas de apoyo a la librería en Iberoamérica, algunas de cuyas líneas ya están definidas en la Nueva agenda del Libro y la Lectura y que serán desarrolladas en un plan específico en los próximos meses.

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Acceso abierto en América Latina


Las cifras dejan poco lugar a dudas: la producción científica en América Latina, medida por la producción total de artículos científicos o por el número de artículos per capita, no alcanza más que el 2,69% y el 2,38% del total. A la cabeza de ese ranking se encuentran los Estados Unidos de América y los países de Europa occidental, tal como deja ver el siguiente cuadro.

Es cierto que en los últimos años, al menos en términos relativos, el incremento de la producción científica ha sido superior en Latinoamérica, pero el neto de la producción sigue cayendo del lado de las potencias científicas internacionales. Aunque las correlaciones estadísticas sean en muchos casos dudosas y aún indemostrables, lo cierto es que el PIB latinoamericano no solamente no remonta, sino que cae en los últimos años hasta el 1,3% previsto para este año. Y es que los modelos de desarrollo de los países iberoamericanos apenas pueden basarse (apenas parecen querer basarse) en la ciencia y en la innovación. Ni la mismísima Christine Lagarde, con ocasión de sus últimos viajes por el continente, parece atribuirle ningún papel relevante a ese aspecto del desarrollo. Y sin embargo apenas es creíble un modelo contemporáneo de desarrollo económico que no se base en la cualificación de las personas, en la educación, en la ciencia y en la innovación (y en las infraestructuras necesarias para hacerlo posible). Todo lo demás son atajos que conducen a callejones sin salida.

Sería demasiado fácil decir que, simplemente, la calidad de la ciencia latinoamericana no es equivalente a la de las potencias científicas mundiales. Estaríamos más cerca de la verdad si dijéramos que los indexadores que deciden qué revistas y universidades forman o no parte de los candidatos evaluables y que los índices e indicadores que (supuestamente) miden la calidad de lo producido, apenas tienen en cuenta la ciencia producida en Latinoamérica: el Journal Citation Report, de Thomson Reuters, y el Scopus de Elsevier (aun con las recientes adiciones de cabeceras iberoamericanas), siguen representando de manera muy deficiente la investigación latinoamericana. Esa subrepresentación tiene, claro, efectos directos sobre muchos otros aspectos concomitantes: persuadir negativamente a los científicos iberoamericanos de que publiquen en sus propias revistas; desviar los fondos de financiación a empresas que hayan sido positivamente evaluadas por índices ajenos a la realidad de cada país; devaluar el trabajo de las universidades latinoamericanas que realizan ya de por sí un sobreesfuerzo considerable por convertirse en polos de innovación y desarrollo en sus países respectivos.

Es casi un lugar común, por eso, hablar en América Latina de ciencia perdida o ciencia supeditada, de ciencia invisible o carente de impacto, de relevancia. Quizás la apuesta, en consecuencia, no haya de ser la de persistir por un camino que no dará frutos y está en buena medida viciado, sino la de recorrer el camino de autonomía e independencia que Internet ofrece. Antonio Sánchez Pereyra escribía en Latin American Scientific Journals: from “Lost Science” to Open Access que “la cuestión ha dejado de ser ‘si’ debemos tener acceso abierto. La cuestión es ‘cómo’ debemos desarrollarlo aun más y promocionarlo”. No es de extrañar, por eso, que el movimiento de Open Access esté arraigando con fuerza en toda latinoamérica y que países como Brasil, México, Argentina, Chile, Colombia o Venezuela se encuentren a la cabeza del acceso abierto en su modalidad Gold.

Es imperativo no solamente utilizar las distintas modalidades del acceso abierto para promover el valor de la ciencia suramericana: es esencial que se trabaje de manera estratégica y sistemática en todas las vertientes que pueden mejorar su alcance y su llegada: tal como se recoge en la presentación que tuve la oportunidad de discutir en el IV Foro Internacional de Edición Universitaria y Académica celebrado en la FIL de Guadalajara hace unos pocos días, es necesario incrementar la producción científica, generar mayor difusión y visiblidad, arbitrar nuevos indicadores e índices de visibilidad e impacto más contextuales, trabajar por una nueva ordenación internacional del ranking de los científicos y las universidades y, por último, como corolario, disminuir la dependencia de la ciencia latinoamericana. Todo esto no tendría viabilidad alguna si los gobiernos latinoamericanos no proceden como acaba de planteárselo el gobierno holandés: ante la abusiva posición de poder del grupo Elsevier, la administración holandesa ha decidido promover el acceso abierto de manera decidida. Las razones son varias, pero basten dos: promover el acceso abierto a la ciencia que sus universidades produce ahorros de unos 8 millones de euros al tiempo que lo financiado con dinero público revierte directamente y sin intermediación en la sociedad.

Internet desintermedia las cadenas de valor tradicionales y redefine los papeles de cada cual. La cuestión, en América Latina, no parece ser ya si debe o no promoverse el acceso libre como herramienta estratégica sino, más bien, de qué manera puede promoverse más y mejor, y de qué forma los editores y los científicos deben asumir ese reto a la vez profesional y social.

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8 años de Futuros del Libro


Futuros del libro cumple 8 años.

Cuando me preguntan a qué me dedico -en esta realidad (profesional) líquida en la que apenas existe continuidad, en la que no hay objetivos a largo plazo, en la que uno debe reinventarse cada pocos meses porque los proyectos se agotan y los objetivos cambian- hace ya tiempo que reconozco que mi única certeza profesional es este espacio. Un espacio de duda, de incertidumbre, de búsqueda, de investigación, construído sobre el deseo (incumplido) de compartir y discutir.

Karl Kraus y sus 37 años al frente de La antorcha sigue siendo mi héroe intelectual.

Se aceptan felicitaciones, Visa y MasterCard.

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Las bibliotecas en la nueva geografía del conocimiento


Para intentar entender la evolución de una institución ancestral como es la de la biblioteca, hay que salirse fuera de ella. Para intentar vislumbrar cómo serán en el futuro esas instituciones que arrastran un imaginario ligado al siglo XVII, hace falta mirar alrededor, salirse de la acolchada burbuja de las salas de lectura y abandonar la idea de que el conocimiento solamente reside allí, y de que los bibliotecarios son aquellos que han sido designados para clasificarlo, ordenarlo, custodiarlo y dar (o no) acceso a su consulta. Ese lastre histórico, que tuvo su sentido y que tiene una clara genealogía histórica, marca todavía el sentir de muchos bibliotecarios y su práctica cotidiana: la certeza de que el mundo puede ser ordenado y clasificado mediante thesaurus y otros vocabularios similares que dividen el mundo de manera arbitraria; de que el conocimiento está principalmente ligado a un solo soporte, el del libro, donde se han sedimentado milenios de sabidura; de que los bibliotecarios son los cancerberos que custodian celosamente el acceso a tan preciados bienes, todo dentro de una lógica logocéntrica que determina el diseño de los espacios y las normas de lectura y consulta (en silencio, separadamente, de manera reflexiva y recogida, acatando ciertas normas de aislamiento e incomunicación).

Todo eso tuvo su sentido pero intentar comprender la evolución futura de las bibliotecas basándose en ese punto de vista, nos haría olvidar lo que está ocurriendo en derredor, y las bibliotecas son solamente instituciones sometidas a las mismas tensiones que el resto de las empresas humanas.

Las bibliotecas, como las placas tectónicas, sufren una deriva que ni ellas mismas advierten, pero que las transformará de una manera irreversible:

Lo quieran o no, lo presientan o no, las bibliotecas pasarán a formar parte de una nueva geografía del conocimiento y la innovación más centrada en los usuarios y en el conjunto de herramientas y servicios que deben poner a su disposición para que puedan no solamente consumir contenidos, sino generarlos y compartirlos. Y los bibliotecarios tendrán que redefinir sus funciones, su papel y sus competencias, porque ya nunca más serán como aquel bibliotecario caricaturizado por Umberto Eco que estaba dispuesto a asesinar por preservar el acceso a las colecciones que custodiaba.

Esta semana he tenido la oportunidad de tratar este mismo asunto en dos foros distintos: en Liburutekia 2014, celebrado en Bilbao, y en el VII Congreso Nacional de Biblioteca Públicas, y la conclusión ha sido obviamente la misma: las bibliotecas deben pensarse fuera de ellas mismas, atentas a lo que ruge en su entorno, como hitos de una nueva geografía del conocimiento.

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¿Qué gremio necesita el sector?


El pasado mes de octubre tuvo lugar la Zukunftskonferenz 2014 (la conferencia del futuro) organizada por el Gremio de Editores alemanes, un encuentro que se celebra anualmente y que aborda de manera monográfica un tema que se convierte en un reto que resolver, en una pregunta para la que se buscan, cooperativamente, posibles respuestas, un ejercicio envidiable de apertura y participación, por tanto, en el que se debate y trabaja de manera colectiva con la intención de afrontar solidariamente los retos que el futuro digital depara.

No hace falta disponer de una bola de cristal para vislumbrar que las estructuras organizativas que siguen rigiendo el destino de editores, libreros, revisteros y distribuidores, carecen en buena medida de sentido en la era digital, en la que la cadena de producción y valor tradicionales no es ya la misma: vinculadas a modos de producción y distribución de los siglos XV-XIX, en que cada colectivo profesional fue distinguiéndose hasta asumir una personalidad y una función distintiva en la cadena de valor que conocemos, surgieron para defender intereses y conocimientos propios. Nada que objetar a esas fórmulas de agregación y asociación gremiales que hacen de la unión la fuerza. El problema viene, en todo caso, cuando las viejas estructuras pretender perdurar en entornos cambiantes donde sus funciones y objetivos deberían ser, por lo menos, repensados. El problema viene cuando esas estructuras, en lugar de reflexionar sobre el cambio, lo obstaculizan. Los editores alemanes entienden que no cabe otra manera que afontar el futuro que pensándolo conjuntamente, y es el propio gremio quien plantea la pregunta que podría llevar a su desaparición: ¿qué clase de gremio necesitamos en la era digital? ¿debería ser el mismo o convendría repensar su estructura, sus funciones, sus objetivos?

El proceso de indagación y trabajo comienza, virtualmente, un mes antes del encuentro presencial: se plantean y ponen sobre la mesa los temas que se abordarán más adelante. Son los miembros del gremio quienes, durante el encuentro, eligen voluntariamente el asunto concreto sobre el que idearan posibles soluciones. Durante una jornada completa, siguiendo una dinámica de trabajo colaborativo, se idean, prototipan y comunican posibles programas o acciones que contribuyeran a solventar el asunto planteado. El Gremio asume como propias las reflexiones y recomendaciones de sus integrantes y trabaja, a continuación, en pos de su consecución.

 

En el mes de octubre se formaron 10 grupos de trabajo y cada uno de ellos llegó a las siguientes conclusiones (en traducción libre y, a veces, literariamente retocada o, directamente, suprimida) :

  1. Grupo 1: integración de empresas digitales; reducción de los órganos directivos; eliminación de la distinción entre gremios (editores, libreros, etc.); constitución de grupos de trabajo especializados y Task forces para la resolución de retos concretos; reducción (de nuevo) de la junta directiva y la oficina central…
  2. Grupo 2: eliminación de la división entre gremios; foco sobre la capacidad de ejercer como un Lobby conjunto; aceptación de empresas procedentes de otros sectores emergentes; mayores posibilidades de participación; establecimiento de un pool de ideas; constitución de grupos de trabajo en red y conectados, basados en la resolución de problemas; (más fiestas!);
  3. Grupo 3: el gremio como estructura que abarque a todos los gremios; eliminación de la división entre los dinstintos gremios en cada uno de los Land; admisión de nuevos gremios bajo el mismo techo común; Lobby nacional e internacional;
  4. Grupo 4: Fundación de una nueva asociación cuya denominación fuera “Content & Media”; supresión de la división entre gremios tradicionales; constitución de task forces flexibles que se encarguen de la resolución de proyectos concretos; introducción de métodos de financiación y de trabajo colaborativo (crowdsourcing y crowdfounding), para el desarrollo de distintos proyectos; convertir a los grandes promotores de innovación en miembros de la asociación;
  5. Grupo 5: supresión de las divisiones entre gremios; integración de nuevos miembros; estructuras organizativas adelgazadas; mayores posibilidades de participación; creación de Social Think Tanks;
  6. Grupo 6: integración de nuevas empresas productoras de contenidos; la cultura como ADN común del sector; supresión de las divisiones; reforzamiento de los días dedicados públicamente a la promoción del libro;
  7. Grupo 7: Innovation-scouting (no me atrevo a traducirlo); conocer y aprovechar el Know-how de otros sectores; integración de empresas disruptivas que hayan irrumpido en el mercado tradicional de las que pueda aprovecharse nuevos conocimientos (flexibilidad estructural); cultura y lectura como fundamentos del gremio; recopilación de datos para la construcción de modelos predictivos; puesta a prueba continua de las estructuras organizativas;
  8. Grupo 8: precio fijo; respeto a los principios de la propiedad intelectual y el derecho de autor; el gremio como promotor de la cultura; realización de encuestas a los agremiados; realización de un ejercicio continuo de autorreflexión crítica; cooperación con otros gremios que trabajen en la cultura y los contenidos; equilibrio entre pequeños y grandes; constitución de equipos dinámicos y flexibles; Lobbying.
  9. Grupo 9: acogida en el gremio de autores que se autoediten y de empresas que se dediquen al mismo fin; transmisión del conocimiento; modelo organizativo Bottom-up (de abajo a arriba);
  10. Grupo 10: ejercicio continuo de autorreflexión crítica; constitución de equipos de trabajo transversales que abarquen problemas y competencias que afecten a todos sus miembros; posibilidades de participación transparentes.

Como estructuras organizativas con una génesis histórica concreta, vinculadas a una necesidad temporal particular, los gremios que conocemos no perdurarán (aunque se empeñen en ello y dispongan de los vínculos necesarios para perpetuarse). No es una cuestión de opinión o de querencia, es una realidad que se impone al ritmo que la revolución digital nos va dictando: necesitamos nuevas estructuras, nuevas maneras de organizarnos, más transversales, más abarcadoras, más dinámicas, más orientadas a la resolución de problemas concretas, que no renuncien a hacer valer su peso hayá donde corresponda, pero equilibrando la presencia y los intereses de pequeños, medianos y grandes. Y todo esto, en un país como Alemania, impulsado desde el propio Gremio que se verá abocado a asumir la transformación que ha impulsado.

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¿Por qué Open Access?


  1. Si uno quiere dedicarse a la ciencia debe anteponer -como dejara escrito Pierre Bourdieu- la libido sciendi a la libido dominandi, el amor y el interés por el conocimiento por encima del afán de poder y de prebendas;
  2. Ser miembro del campo científico requiere del conocimiento preciso de un lenguaje especializado y de su historia y genealogía. De no ser así, en el mejor de los casos, uno se arriesgaría a no enunciar más que trivialidades y lugares comunes. El hecho de que el lenguaje sea complejo y requiera de un largo tiempo en su adquisición, no es óbice para que no se abra a la sociedad y se comparta con todo aquel que lo requiera;
  3. El reconocimiento de los pares, su evaluación y su juicio, en una suerte de diálogo que no recurre a otra autoridad que a la intelectual, es determinante para el avance de la ciencia. Las métricas que se inventaron en los años 60 para hacer aflorar el conocimiento más valioso entre la miriada de artículos científicos producidos, no son perfectas ni inamovibles. Fueron un recurso que sirvió durante mucho tiempo para señalar aquello que más atención merecía, pero ha acabado por pervertir su propia misión: impulsados a publicar sin descanso, los científicos hacen y difunden ciencia mentirosa, sin fundamentación empírica suficiente, en las cabeceras que más visibilidad puedan otorgarles, con el fin de conseguir becas, puestos, financiación, influencia. Todo aquello, en fin, que no debe ser la ciencia;
  4. El peer review no tiene nada que ver, a propósito, con la condición abierta o cerrada de una publicación. Es más: en las publicaciones en abierto cabe corregir los excesos bien conocidos de las revisiones tradicionales;
  5. La mayoría de las revistas que ocupan el rango superior de visibilidad demandan a sus autores derechos exclusivos sobre su difusión y reproducción, de manera que embargan el contenido de manera permanente. Con tal de publicar en esas cabeceras, los científicos están dispuestos a que el conocimiento no circule sino entre aquellos que disponen de financiación necesaria para procurarse el acceso;
  6. De las cinco editoriales con una facturación más alta en el mundo, cuatro son de contenidos científicos, técnicos y profesionales;
  7. Según el último informe de REBIUN, las bibliotecas universitarias españolas gastaron en suscripciones a revistas científicas 100 millones de euros. Según la revista Proceedings of the National Academy of Sciences of the United States of America significativamente titulado Evaluating big deal journal bundles, los precios de las revistas seguían incrementándose y las editoriales pretendían comercializar paquetes de suscripciones no desagregables, que no tenían en absoluto en cuenta la dimensión de la institución y/o bibliotea a la que se lo vendían y los recursos financieros de los que disponían, todo con la obvia intención de maximizar sus márgenes de contribución y sus beneficios netos (toda la información, cuantificada, puede encontrarse en este enlace);
  8. Mientras las Agencias de Evaluación nacionales sigan empeñándose en utilizar como único índice de calidad de la actividad científica (como hace ANECA en España) el Journal Citation Report (las métricas de los años 60, por tanto), no habrá posibilidad de que el conocimiento se haga público. Su actitud contradice incluso las leyes nacionales de la ciencia y todos los acuerdos internacionales sobre Open Access, incluido la Berlin Declaration on Open Access;
  9. Es urgente e imperativo, por tanto, cambiar las modalidades de reconocimiento para cambiar los hábitos de producción, circulación y uso del conocimiento. Es urgente e imperativo, por tanto, apoyar las iniciativas de exploración de métricas alternativas, Alt-metrics, y suscribir declaraciones como la de Alt-metrics: a Manifesto.
  10. Encontraremos oposición, sobre todo de la oligarquía académica y de los grandes grupos editoriales internacionales, sin duda. Pero la ciencia es mucho más importante que todos ellos juntos.
  11. La inteligencia colectiva se basa en la posibilidad de compartir el conocimiento y de incrementar exponencialmente su valor mediante su uso, tal como demuestran iniciativas como la de PLOS Ebola Collection;
  12. Como contribuyente espero, además, que el conocimiento producido con parte del dinero que aporto a las arcas del Estado, se comparta y se difunda libre y abiertamente, haciéndolo compatible mediante embargos razonables con los derechos de propiedad intelectual de los autores;
  13. Ulrich Beck ya nos lo advirtió en La sociedad del riesgo: desde Hiroshima, al menos, sabemos que no podemos dejar la ciencia en manos solamente de los científicos, que los ciudadanos tenemos el derecho y el deber de cogestionarla, de decidir cuáles deban ser sus fines, porque no somos meros sujetos pasivos (cobayas, sujetos de experimentación) a merced de lo que deseen hacer. La ciencia ciudadana es la exigencia de esa participación sin cortapisas, y necesita, para convertirse en realidad, de un conocimiento que circule libre y abiertamente;
  14. El Estado, el mismo que debe promover la investigación, puede y debe asumir parte de su difusión y circulación: en Francia la iniciativa openedition.org resulta un ejemplo envidiable de transparencia y accesibilidad.

La semana pasada se celebró en Madrid el encuentro internacional Open Access Madrid 2014, auspiciado por la Wenner-Gren Foundation. El resultado de las intervenciones de todos los especialistas que intervinieron puede encontrarse en la siguiente publicación:

Pre-publi OA MADRID 2014.pdf by Joaquín Rodríguez

14. El invento de Tim Berners-Lee, Internet, trata de la posibilidad de que los científicos asuman el control de los medios de producción, difusión, circulación y uso del conocimiento que producen. Usemos Internet.

 

¿Por qué Open Access? Tenemos suficientes razones.

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