Desencuadernados (o el futuro del libro sin tapas)

En la New York Public Library se celebró el pasado día 18 de enero un encuentro significativamente titulado Un-bound, por paralelismo con la fórmula música de los conciertos un-plugged, desencuadernados, sin encuadernación, sin lomos, así parece que serán los nuevos libros.

Un-Bound: Advanced Book Publishing in a Digital World

El debate, significativamente titulado Advancing Book Publishing in a Digital World, convocado por Google, se celebró en la biblioteca pública más importante de los Estados Unidos, abanderada, entre otras, de la digitalización de buena parte de sus colecciones y de su puesta a pública disposición a través de la web. La cuestión, como apuntaba en la entrada de ayer, es que Google ofrecerá, en connivencia con los editores que así lo deseen, la posibilidad de adquirir y descargar textos completos de sus obras editadas en papel, de manera que deberá ser el lector quien asumas las funciones no sólo de impresor, sino también de encuadernador. Los millones de libros que se augura que un futuro próximo serán descargables, no tendrán tapas, estarán desencuadernados, unbound, y puede que el antiquísimo y noble oficio de encuadernador sea otra de las especies en peligro inminente de extinción. Sea o no eso así, algunos comentaristas especializados que pudieron asistir a tan selecta reunión, realizan un reproche, seguramente, certero: en la reunión, abalada por los más selecto y florido del panorama digital, se habló mucho de digitalización, de capacidad incremental de almacenamiento, de dispositivos multifuncionales, de cifras de negocio crecientes, de alianzas mediáticas y estratégicas, pero se olvidaron, aparentemente, de una nimiedad: el lector, el lector y la manera en que quiere o desea leer, en que le conviene usar o consumir un tipo de texto determinado y no otro. Se habló, por tanto, de tecnología y dinero, pero no de lectura y cambio cultural, y una cosa no puede ir sin la otra. [la transcripción de una discusión mantenida en noviembre del 2005 en torno a la estrategia de digitalización de Google en el mismo escenario puede encontrarse aquí]

De hecho, la tesis central de este blog dice así: “es muy posible que el debate sobre el futuro del libro tenga que plantearse no como el de una unidad inseparable -el futuro del libro, a secas- sino como el de destinos y futuros paralelos en función del tipo de contenidos que se comuniquen, las ventajas que se obtengan transmitiéndolos de una u otra forma y el tipo de público al que vayan dirigidos. En suma, para avanzar en este debate deberíamos comenzar a hablar, comenzar a pensar, en términos de “los futuros del libro”, idea de la que este blog toma el nombre”. Y es que, ¿puede pensar alguien en imprimirse y encuadernarse Guerra y Paz o las obras completas de Balzac a diferencia de lo que uno hace cuando se descarga, imprime, encuaderna, anota, subraya y tira un documento de trabajo o un artículo de una revista especializada?

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Comentarios

El debate que hay pendiente es al que haces referencia: el de diferentes futuros del libro. Pero hasta que eso suceda, no podríamos olvidarnos de que a finales del siglo XIX ya se hacía lo que parece apuntar esta iniciativa de Google. En esa época los impresores no ponían mucho interés en las cubiertas de los libros porque lo habitual era que el propietario de libro lo encuadernara a su gusto, incluso haciendo una recopilación de sus obras más queridas. La cuestión es que el concepto de libro, cómo se entiende el objeto libro, o el libro, ha cambiado con el tiempo, y no podemos negar que cambiará en el futuro. Yo tampoco concibo el descargarme Guerra y Paz en un archivo y encuadernármelo. Pero quizá nuestros hijos si lo vean natural. Y quizá, con seguridad, haya una máquina no más grande que las impresoras de A3 de ahora que consiga hacer una buena impresión y una buena encuadernación. O se podría recuperar el oficio de encuadernador.

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