Adios Quaero, y ahora ¿qué hacemos con el libro electrónico europeo?

En agosto del año 2005 el Presidente de la República de Francia anunció que Europa desarrollaría su propio buscador, Quaero, como medida cautelar para frenar la americanización de los contenidos de la web y su preponderancia cultural. Quaero, sin embargo, nos ha dicho adios. ¿Qué queda de esa estrategia?

Jean-Noël Jeanneney, el director de la Biblioteca Nacional de Francia, escribió un encendido alegato titulado Google and the mith of universal knowledge en el que denunciaba, entre otras muchas cosas, tres cuestiones: a) que la fórmula que utilizaban para explorar la web, información + algoritmos, no era excesivamente relevante  y que habría que sustituirla por otra basada en la unión de mente + conocimiento (fuera eso lo que fuera, quizás lo que ahora la Wikipedia anuncia); 2) que el predominio de la lengua y la cultura anglosajonas o norteamericanas en la web era tan apabullante como preocupante, y que el buscador europeo propio debería situar en su lugar las lenguas y las culturas europeas; y 3) que Google no era ni es una fuente neutral de información sino que destaca en sus listas de resultados ocurrencias por su lengua o su relevancia comercial, por lo que hayan estado dispuestos a abonar en concepto de publicidad, de manera que cuando buscamos un libro en Book Search, obtendríamos resultados cargados, como los dados en un casino tramposo de Las Vegas, cuestión tanto mas importante cuanto se abre ahora el debate sobre la irrupción de Google en el mercado del libro electrónico.

El Presidente Chirac uso, sin duda, estas y otras afirmaciones para lanzar el proyecto de Quaero, el buscador con tecnología europea, comandado por Francia y Alemania, lanzamiento que se esperaba dentro del primer trimestre del 2006. Mientras ese año ha transcurrido y ha llegado el 2007, Alemania, según informaba un diario español, ha abandonado el proyecto, noticia que los diarios alemanes ampliaban y detallaban.

No hay a día de hoy, por tanto, estrategia común europea que oponer a la globalización de Google, no habrá plataforma propia, en consecuencia, para la descarga eventual de libros electrónicos pero, lo que es aún peor, parece que cada vez quedan menos argumentos para creer en las argumentaciones y acusaciones de Jeanneney. La pregunta que queda en el aire es, por tanto, ¿pero es que hacía falta un buscador europeo? ¿Necesitamos, de verdad, al nuevo Theseus?

 

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