La increible historia de los libros crecientes

Una de las consecuencias de la digitalización es que los contenidos de un libro o una revista pierden sus contornos físicos, su cerrazón material, para encadenarse y concatenarse con otros muchos contenidos, vinculados, fuera de ellos mismos. En buena medida, la historia del libro contemporáneo es la de su desmaterizalición, la de su pulverización en beneficio de la construcción de una constelación de información relacionada más rica, más opulenta. Cabría leer esa historia del libro al revés, claro está, la de su perpetua expansión, la de su voracidad y omnipresencia hasta abarcar cualquier dimensión de lo legible. Google nos marca, otra vez, en cualquier caso, el camino.

“- Eh bien, mon prince, Génova y Lucca ya no so más que posesiones de la familia Bonaparte…”. Así comienza una de las obras mayores de la literatura universal, Guerra y Paz, mencionando dos lugares que podemos o no conocer, cuya ubicación geográfica podemos distinguir o no.

Es cierto que cuando leemos un libro, sea del tipo que sea, encontraremos sitos y lugares que nos gustaría visitar, conocer, al menos poder situar en el mapa. Seguir a los protagonistas en sus avatares, en sus tropiezos, en sus paradas. Pues esto es, precisamente, lo que la asociación de Google Book Search y Google Maps promete, tal como lo explica en su página web uno de los ingenieros encargados de Google: ¿por qué no permitir que cualquiera de los hitos geográficos que aparezcan citados en los libros digitalizados e indizados por Google sean automáticamente vinculados a su correspondiente mapa proporcionado por Google Maps? El ejercicio ya ha comenzado con la ciudad de Nueva York y alguno de sus itinerarios. La lista de las obras candidatas ya aparece en esa página web: Guerra y Paz, Los viajes de Marco Polo, La vuelta al mundo en 80 días, etc.

Yo propongo -para contribuir a la expansión creciente del concepto de libro- reconocer el siguiente pasaje y ubicar geográficamente los siguientes hitos, a ver quién se atreve: “¿Encontraría a la maga? Tantas veces me había bastado asomarme, viniendo por la rue de Seine, al arco que da al Quai de Conti, y apenas la luz de ceniza y olivo que flota sobre el río me dejaba distinguir las formas, ya su silueta delgada se inscribía en el Pont des Arts, a veces andando de un lado a otro, a veces detenida en el pretil de hierro, inclinada sobre el agua”.

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Comentarios

Y era tan natural, cruzar la calle, subir los peldaños del puente, entrar en su delgada cintura y acercarme a la Maga que sonreía sin sorpresa, convencida como yo de que un encuentro casual era lo menos casual en nuestras vidas, y que la gente que se da citas precisas es la misma que necesita papel rayado para escribirse o que aprieta desde abajo el tubo de dentífrico.

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