Las personas-libro

Imaginemos la peor de las distopías posibles: las teocracias gobiernan en el mundo y se impone la consulta y lectura de un sólo libro. El resto de los libros en papel, como imaginara Bradbury en Fahrenheit 451, arden, son pasto de las llamas, material ignífugo para mentes poco amigas de los matices y las diferencias, de la discusión racional; Internet es sistemáticamente censurado y controlado por los gobiernos y los buscadores, blogs y cualquier otra aplicación que sirva de mediadora entre los usuarios y la información, acatan ese drástico recorte de libertades en beneficio de los eventuales beneficios comerciales que puedan derivarse de su uso, con la aquiescencia y beneplácito de esos mismos gobiernos censores, que se lucran a su vez de esa actividad.

En esta distopía los soportes desaparecerían, por inflamación, y los canales de comunicación y distribución de contenidos pervivirían, pero cercenados y disminuidos, al servicio de intereses especulativos. Quizás en el futuro, por tanto, no cabría ya la discusión sobre los soportes, sobre su alternancia o convivencia, sobre su sustitución o posible concordia. En ese futuro bradburiano adaptado a nuestra era de la información y las tensiones religiosas, los distintos soportes carecerían de sentido porque de la diversidad y la abundancia pasaríamos a la uniformidad y el integrismo.

Cuando esa distopía se hace más agresiva y más plausible, imagino entonces el emocionante final de la novela de Ray Bradbury y de la película de François Truffaut: cuando todo parece perdido, cuando el Estado policial se impone y extiende sus tentáculos a todos los rincones buscando los restos de la libertad de pensamiento que se esconde en los libros, buscando a quienes los poseen y los consultan, perviven clandestinamente las personas-libro, aquellos hombres y mujeres que han aprendido de memoria un libro y recitándolo en voz alta se convierten en soporte viviente, encarnando un libro, dando voz a un contenido que se trasladará inmaterialmente de generación en generación.

Las personas-libro existen y forman parte de una organización agrupada bajo la denominación Proyecto Fahrenheit 451 (las personas-libro) y su presencia y tesón me parecen hoy más necesarios y pertinentes que nunca. Si no fuera porque carezco por completo de memoria, me uniría a ellos.

Vale la pena al menos memorizar su decálogo:

1.- Las personas libro constituimos una extravagante minoría que clama en el desierto aunque quizá podamos ser de alguna utilidad al mundo. No estamos seguras de nada, excepto de que los libros están bien archivados tras nuestros tranquilos ojos.

2.- Nunca olvidamos que no somos superiores a nadie en el mundo por el hecho de llevar un libro dentro de nuestras cabezas. Sólo somos sobrecubiertas para los libros, sin valor intrínseco alguno.

3.- El Proyecto Fahrenheit 451 busca crear un vínculo entre todas las personas libro, crear una organización para resistir frente a la tendencia real, la “dictadura” que, si no prohíbe, sí impide de hecho que leamos, que pensemos, que hablemos entre nosotras de algo diferente y con matices.

4.- El Proyecto Fahrenheit 451 busca que la población ande por ahí recitando en voz alta sus libros.

5.- Que nadie piense que se exige la heroicidad de aprenderse el Quijote, pero por qué no soñar con un encuentro de capítulos o de trozos de capítulos. Lo importante es la actitud, nunca lo heroico.

6.- La persona libro habla a lo llano, a lo liso, a lo no intrincado, con reposo, pero no de manera que parezca que se escucha a si misma, porque sabe que toda afectación es mala; narra sin que la gente se dé cuenta y sin artificios, con naturalidad.

7.- La piedra angular de la narración de las personas libro está en la actitud de no colonización de la palabra, en la búsqueda de la palabra verdadera sin opacidad y sin sombra, dada y recibida en el mismo instante de narrar.

8.- Las personas libro saben que las palabras poseen un ´color`, un ´sabor`, una ´textura`, una ´fragancia` o un ´aroma`.

9.- La base de la narración es la mirada de quien narra. La mirada que siempre busca: algo, a alguien… La mirada que respira y narra, que muestra más que dice. La mirada que hace que las personas que escuchan existan de verdad junto a la persona libro, que sabrá dosificar sus palabras porque conocerá el valor del silencio.

10.- Esta manera de defender los libros es un gesto de reconocimiento del error que supone la destrucción de las bibliotecas, ya sea la de Don Quijote o la de Sarajevo, Bagdad… porque quien quema libros termina tarde o temprano por matar personas.

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le persone libro in Italia… insieme

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