El ojo crítico (digital)

En el diario New York Times, en su sección de libros, acaba de publicarse un artículo titulado Are book reviewers out of print?, que libre y poéticamente traducido, querría decir algo así como, ¿Están los críticos descatalogados, agotados?, intentando conservar el juego de palabras del lema. Desde hace muchos años nuestra prensa especializada viene dándole vueltas al peliagudo asunto de la crítica literaria, al de su cualificación y pertinencia, su neutralidad profesional o su connivencia tendenciosa, en una discusión que nunca alcanza acuerdo o resolución alguno, pero la llegada de los blogs literarios está desencadenando una verdadera revolución.

En el año 90 Constantino Bértolo, uno de nuestros editores y excrítico más agudo e incisivo, publicó un libro en Ediciones B titulado El ojo crítico en el que recogía los desaciertos y desafueros de la crítica literaria, las meteduras de patas, los juicios errados y escasamente versados de los que se supone que son mediadores profesionales. Bértolo mostraba, por ejemplo, el juicio de Marc Humblot (editor francés, carta de rechazo a Marcel Proust, 1912) sobre En busca del tiempo perdido:

Mi querido amigo, quizá debo estar muerto de cuello para arriba pero por más que me devano los sesos no acierto a ver por qué alguien necesita treinta páginas para describir cuántas vueltas da en la cama antes de dormir.

O, tambíén, la famosa Kirkus Review a propósito del Lolita de Nabokov:

Que un libro como éste se haya podido escribir, publicado aquí, vendido, seguramente sobre el mostrador, hace que nos cuestionemos los estándares morales y éticos… Hay un lugar para la exploración de las anormalidades que no es propiamente el dominio público. Cualquier bibliotecario se lo plantearía seguramente como un libro para las estanterías bajo llave. Cualquier vendedor debería estar bien seguro de saber que está vendiendo pornografía muy literaria.

Cuando leemos, retrospectivamente, cómo el criterio de los críticos literarios puede llegar a estar tan descaminado, cómo pueden minusvalorar o vilipendiar lo que luego hemos llegado a considerar una obra maestra, cabe preguntarse si el arbitraje o intercesión de los profesionales es estrictamente necesario. En el artículo inicialmente mencionado, “Are book reviewers out of print?” se plantean, esencialmente, dos cosas: que la proliferación de blogs literarios en la web y de páginas incluidas en librerías digitales que contienen críticas literarias amateurs, están desplazando a la crítica profesional, produciendo una crisis en la mediación tradicional que tiene dos consecuencias: el cierre de muchas secciones literarias en periódicos norteamericanos, o al menos su reducción en importancia y número de páginas, y el crecimiento inusitado de la influencia de intermediarios tan entusiastas como poco profesionalizados. ¿Es eso malo?

En las páginas de Amazon se publican, tras la ficha catalográfica del libro consultado, las críticas que los lectores quieran escribir, y muchos editores no lo admitirán, pero antes de traducir un libro a nuestra lengua bucean larga y profundamente en esas aguas procelosas antes que en las de la crítica sesuda y académica. El crecimiento exponencial de los blogs literarios, escritos, a su vez, por aficionados, profesionales o grupos editoriales más o menos encubiertos es, también, un índice de esa variedad presentida y necesaria que los nuevos medios de edición y difusión electrónica permiten.

Blog El Escorpión

La convivencia, una vez más, será seguramente la regla, porque ni sería conveniente prescindir del criterio de alguno de nuestros grandes críticos, que saben separar, con buen tino, el grano de la paja, como desechar, sin más ni más, el entusiamos de los lectores devotos. Todos, eso sí, deberán aprender a hacer uso de las tecnologías que les permitan llegar con más facilidad a quienes queremos seguir leyendo (y, ojalá, también, a los que todavía no los saben).

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