Gentes (algo enfadadas) del libro

El viernes 8 de junio, dos días antes del cierre de la Feria del Libro de Madrid, los representantes de todas las instituciones relacionadas con las gentes del libro (Federación de Gremios de Editores; libreros agrupados en CEGAL; distribuidores reunidos en FANDE; los editores de libro de texto sindicados en ANELE; los escritores de ACE y, finalmente, los profesionales de las artes gráficas congregados en FEIGRAF), leyeron un comunicado por boca de
- Que el retraso en la tramitación y aprobación de la Ley del Libro está perjudicando gravemente al sector, sobre todo en lo que respecta a la comercialización del libro de texto y a la aplicación de la política liberalizadora de precios que prometía, con los perjuicios que eso está ocasionando tanto en la industria editorial como en la cadena de agentes relacionados;
- Que los desembolsos que la ley prevé en la dotación de bibliotecas escolares, no parecen haberse producido en algunas Comunidades a tenor de lo que los libreros dicen y que, allí donde supuestamente se ha producido, no existe constancia contable de que se haya hecho;
- Que existen Comunidades Autónomas que parecen querer retrasar, deliberadamente, la aprobación de la LOE y, con eso, el uso de los libros de texto que fueron desarrollados y concebidos para cubrir lo que los currícula oficiales marcaban, con el trastorno económico que eso representa en el tejido industrial editorial.
Hasta ahí, las reclamaciones parecen, efectivamente, bien fundadas y prácticamente indiscutibles. El cuarto y quinto punto de la declaración, sin embargo, no se colige naturalmente de los anteriores, es más bien un silogismo interesado, no ilegítimo, pero sí utilitarista: se trata de las modalidades de gratuidad de los libros de texto, que perjudican, cómo no, a los editores, en tanto en cuanto pierden una enorme porción de la clientela a la que potencialmente estarían destinados los libros, obligándoles a imaginar modelos de negocio complementarios para suplir lo que antes se conseguía solamente mediante los libros. Esto, aún siendo cierto, no es el corolario lógico de las tres cláusulas previas, por más que resulte comprensible: Alemania, sin ir mucho más lejos, es un país donde la gratuidad de los libros de texto y el préstamo anual es una fórmula plenamente reconocida, y no parece que los estudiantes alemanes hayan salido muy perjudicados en ningún sentido de esa experiencia, como quieren hacernos entender los puntos contenidos en la declaración (“la gratuidad de los libros de texto […] se ve ensombrecida por un procedimiento mezquino que priva a los alumnos de poder disponer, como propios, de los recursos didácticos imprescindibles” o, también, “el préstamo a los alumnos de manuales escolares usados no sólo atenta contra la calidad de la educación, también tiene consecuencias sumamente negativas para el desarrollo cultural…”).
En fin, no me parece que el préstamo ni la gratuidad originen, por si mismos, ninguno de los fenómenos descritos. Es cierto que afectan al futuro del libro y de la industria, pero creo que conviene ir pensando en fórmulas alternativas (materiales complementarios, educación online, etc.) para compensar lo que el papel ya no puede dar.
Si te gustó esta entrada anímate a escribir un comentario o suscribirte al feed y obtener los artículos futuros en tu lector de feeds.
















Comentarios
Aún no hay comentarios.
Escribe un comentario