¿Eres lo que lees?

Este fin de semana encontré por casualidad un programa en una cadena privada española cuyo título era “Eres lo que comes” o “Soy lo que como” o algo parecido, un programa que pretende instruirnos en nuestros hábitos alimenticios para promover la belleza y salud de nuestro cuerpo y de paso, supongo, de nuestro atormentado espíritu. Llevado de la inercia silogística cabría pensar que si dejando de comer uno dejaría de ser, por inanición, dejando de leer uno dejaría también de ser, por estulticia. Y, siguiendo con la deducción, si lo malos alimentos nos atoran las venas y acortan nuestras vidas, la falta de libros o los malos libros deberán atrancarnos las sinapsis y emburrecernos. Me pregunto si alguien, en alguna televisión, no tendría la bondad de programar un espacio titulado “Eres lo que lees” o “Soy lo que leo”.

 

Ahora que llega el verano y que parte de nuestro cuerpo resulta más visible que nunca, que delata los excesos con que lo hemos atiborrado o la disciplina con que lo que hemos conducido, exponiéndonos al juicio ocular de los demás, que es el único juicio que importa, me pregunto si no podríamos valernos del título de ese programa y, dándole un pequeño giro, pedir a las cadenas de máxima audiencia que incluyeran en la parrilla de su programación, en prime time, un espacio presentado por atletas fornidos y bellas modelos que hablaran de cómo cultivan y alimentan su espíritu mediante la lectura de los hedonistas griegos de la antigüedad o de la poesía persa del siglo XIII o, quizás, de la novela francesa del XIX –Flaubert- o de los viajeros ingleses de la misma época –Kipling o Burton, quizás- o, por qué no, del Bukowski poeta o del Nabokov cuentista, qué se yo, cualquier cosa que sirva para solazarnos y reparar en que cuerpos tan perfectos no podrían sostenerse sin un espíritu en consonancia… ¿o sí? ¿Puede que uno exhiba un magnífico envoltorio sin nada dentro o, al contrario, puedo que uno guarde un tesoro de sabiduría en su interior sin que eso trasluzca, se manifieste físicamente de ninguna manera? Ahí lo dejo, como reflexión del verano.

 

reading on the beach

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