El (incierto) futuro de las revistas culturales

En el Monasterio de Yuste, dentro de los cursos de verano que organiza la Universidad de Extremadura y la Fundación Europea de Yuste, se celebra en estos días de principio de verano un encuentro en torno al futuro de las revistas culturales, a sus inciertas perspectivas, tema extraordinariamente importante por cuanto las revistas culturales en España aspiran a representar, todavía, la vanguardia del pensamiento y la reflexión, la voluntas inequívoca de intervención en el debate de ideas.

En lo que llevamos de debate estos dos días, se constata, en primer lugar, el envejecimiento de la población lectora, más cerca de la cincuentena que de la cuarentena, asentados profesionalmente, poseedores de un capital escolar alto y reconocido, y de una deshaogada posición económica, varón casi siempre, directivo para terminar de perfilar su figura. Se constata la paradoja, por eso, resaltada en el debate, de que revistas pretendidamente críticas e incómodas, cuestionadoras del orden y los valores establecidos, encuentran su público preferente entre la burguesía bien asentada. Una de dos: o los valores críticos han sido completa y totalmente neutralizados, pefectamente asumidos, o las revistas críticas han dejado de serlo (como Ignacio Echevarría señaló en su momento poniendo, como casi siempre, el dedo en la llaga).

  cafebabel.com - la revista europea

Se confirma, por otra parte, que la población de lectores que debería haberse agregado a la preexistente, los jóvenes universitarios que deberían haber integrado con normalidad en sus hábitos de lectura y consulta a las revistas culturales, no lo han hecho. Muy al contrario, los jóvenes universitarios rechazan clara y completamente el código de comunicación que las revistas proponen, lo que es tanto como decir rechazar todo lo que presuponen: la lectura silenciosa y reflexiva, la degustación lenta y concentrada, la diferenciación rica en matices de ideas y posiciones. No hemos podido o sabido enganchar a los nuevos lectores, pero no sólo a ellos. Ni siquiera la comunidad de profesores universitarios que deberían constituirse en prescriptores de nuestras revistas consultan, leen o citan sus contenidos, más preocupados por tejer la tela de araña de las referencias y lecturas cruzadas que les aupan a los primeros puestos de los cacareados índices de impacto que les procurarán nuevos sexenios. Un despropósito.

Se evidencia, además, que la mayoría de las revistas culturales viven aún en una era predigital, tanto en sus soportes de distribución como en la lógica de sus procedimientos, algo inaudito en la era del trabajo en red, de la distribución de contenidos a través de Internet, de la lectura nómada. Cuando, además, parece obvio que los canales de venta habituales han desaparecido -las librerías- o están saturados -los kioskos-, sólo cabe abrirse a la abundancia de la red, intentando procurarnos nuevos lectores, ensayando, quizás, nuevos lenguajes.

Todavía no hemos pergeñado ningún pliego de conclusiones y quizás no lo hagamos, pero ahora que no me ven yo apostaría por conectar con los estudiantes universitarios, de manera coordinada, apelando a nuestras instituciones de representación, a través de los nuevos canales de comunicación y distribución digitales, recuperando nuestra función crítica y movilizadora, incrementando, en definitiva, nuestra visiblidad. Veremos (o no).

Desde el Monasterio de Yuste.

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