Intermedio (legal) veraniego

Leo con asombro y estupefacción en la prensa, mientras sorbo mi café recostado en el sofá (todavía estoy de vacaciones, lo recuerdo), que la Biblioteca Nacional se convertirá en el depositario legal forzoso de todos los textos digitales que se produzcan en España, pocas semanas después de que la nueva Ley del Libro se aprobara sin contener mención alguna a la añeja y predigital regulación del Depósito Legal. ¿Por qué no se introdujo entonces en ese texto normativo, hecho para durar, y se insta ahora a que una nueva ley de acompañamiento esté preparada antes de que concluya la legislatura?

Rosa Regàs, escritora y directora de la Biblioteca Nacional. (Foto: P. Corral)

En la entrada del 13 de junio de este mismo blog, A toro pasado: sobre las enmiendas y la aprobación de la Ley de la lectura, del libro y de las bibliotecas, y una vez leído y evaluado el texto completo de la nueva Ley del libro, parecía obvio que resultaba necesaria una “modificación de la Ley de Depósito Legal para que abarcara todos los productos editoriales con contenidos digitalizados”. Ahora, apenas dos meses después de que el texto normativo se aprobara en Cortes, comienzan a aflorar las primeras inconsistencias y deben taponarse las ranuras por las que se cuelan las incoherencias. ¿Cuánto se tardará ahora en remediar el asunto del precio (semi) fijo?

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