El proyecto SuperBook

El proyecto SuperBook, desarrollado en el Univesity College London, dentro del programa JISC national e-books observatory, pretende averiguar cuáles son los patrones de uso de los libros electrónicos y cuáles las implicaciones que para las bibliotecas y la industria editorial puedan tener. Los descubrimientos, me atrevería a decir yo después de leerlos, no son sorprendentes, pero sí reafirmantes o corroboradores de la tesis que sostiene este blog.


El estudio, titulado What do faculty and students really thing about e-books?, se realizó durante noviembre del año 2006 entre 27000 personas (entre estudiantes y profesorado) del Colegio Universitario de Londres. La indagación pretendía conocer el tipo de uso y las preferencias que los usuarios manifiestan a la hora de manejar un libro electrónico, sobre todo con miras a la mejora de sus servicios bibliotecarios y a las recomendaciones que de ahí pudieran derivarse para la industria editorial y sus procedimientos de creación y difusión.

Los resultados, que ahora resumiré, no son sorprendentes sino que más bien revalidan las razones del origen y surgimiento de los soportes digitales, en general, y de Internet, en particular.

En resumen, de mayor a menor importancia, al menos a mi juicio: las materias que más se consultan, muy mayoritariamente, en soporte digital, en los libros electrónicos que las bibliotecas facilitan o que los usuarios han adquirido, son libros de texto o manuales, monografías de investigación y trabajos de referencia, independientemente del sexo y la edad. En términos generales, sin embargo, existe una acusa tendencia a que sean los hombres quienes mayoritariamente hagan uso del libro electrónico y los que más independientes se muestren a la hora de procurarse información para uso en ese soporte. Los estudiantes todavía sin licenciar son los más propensos a leer exclusivamente en pantalla y, al contrario, los mayores de 65 tan sólo utilizan el papel, incapaces ya de habituarse al manejo de un soporte nuevo. Y la pregunta del millón, ¿son los libros electrónicos mejores que los libros en papel?, es respondida de diversas formas: los libros en papel son infinitamente más legibles que los electrónicos, incluso aunque utilicen tinta digital; los libros electrónicos son mejores en cuanto a su capacidad de almacenamiento, en la facilidad que ofrecen para realizar copias de un contenido, en su facultad de renovar sencilla y rápidamente su contenido. A medio caminio, con la opinión dividida, quedan asuntos como el de la facilidad de anotación de los contenidos o la facilidad de navegación.

Si nos paramos a pensar, casi cabría decir que estos resultados, como en física o en matemáticas, casí eran previsibles desde un postulado “teórico” previo: los soportes digitales, Internet en concreto, surgen para propiciar y facilitar la comunicación y el intercambio de información y contenidos dentro de una comunidad científica especializada, los físicos de altas energías, que necesitan imperiosamente una herramienta capaz de mantenerles continuamente comunicados, capaz de soportar el tránsito de información continuada. No es extraño, por eso, que sean las comunidades científicas y sus respectivas publicaciones las que hayan experimentado una explosión de dimensiones siderales en la web, revolución que ha llegado hasta el punto en que, dueños de los medios de producción y circulación de los contenidos, se apoderen de lo que ellos mismos producen, sin necesidad de intermediaciones editoriales. En consecuencia, son ellos los más propensos y dispuestos a hacer uso de los libros electrónicos y a leer en ellos los contenidos que ellos mismos generan.

Podría concluirse, para finalizar, que la tesis de que el soporte en papel y el digital convivirán, en función de los lectores y los contenidos que propaguen, es cada vez más plausible, a la luz de los estudios que últimamente vienen publicándose.
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