La librer铆a como refugio

Bobby Fischer pas贸 los 煤ltimos a帽os de su vida seguramente m谩s extraviado y errabundo que nunca, quiz谩s sin el hostigamiento pol铆tico al que fue sometido por violar las interdicciones norteamericanas, pero encerrado en su propia c谩rcel especulativa, perdido en los laberintos de su mente, sin hallar la soluci贸n a una partida jugada contra s铆 mismo. Es posible, sin embargo, que hubiera encontrado un refugio o un remanso de paz donde guarecerse y defenderse del mundo, un lugar al que acudir regularmente todos los d铆as, puntualmente, para encontrar la paz y el solaz que no hallaba en otro sitio. Ese lugar era la librer铆a B贸kin, en el centro de Reykjavik.

Hace unos d铆as, en una intercambiador de transportes en la zona universitaria de Madrid, mientras caminaba para coger un autob煤s un viernes por la tarde, cinco estudiantes charlaban animadamente con el fin de semana en ciernes, como una promesa de felicidad plena. Uno de ellos, el que llevaba la voz cantante, les dec铆a a los otros “para m铆 los libros son sagrados t铆o”, con una peque帽a pausa para el suspense, “por eso no los toco”. Me pareci贸 que, efectivamente, en toda su simplicidad, ah铆 radicaba toda la verdad que la sociolog铆a se帽ala hace tanto tiempo: los libros, para los no lectores, para los que no disponen de las competencias necesarias, son objetos innacesibles, indeseables por tanto y, por ende, tambi茅n, los espacios donde se re煤nen y se amontonan, las librer铆as, esos templos paganos refugio de almas desorientadas como la m铆a.



Para aquellos que hemos tenido la suerte de ser educados en el trato con los libros y cuya competencia lectora sigue creciendo con el roce cotidiano, una librer铆a es, sobre todo -al menos para m铆, quiz谩s no convenga generalizar demasiado-, un abrigo y un manantial, simult谩neamente, y dif铆cilmente podr谩 ser sustituido por una librer铆a virtual -aunque yo sea un compulsivo comprador de esa mercanc铆a por la red-, porque esa cualidad de hospedaje y resguardo es eminemente f铆sica, imposible de alcanzar en el espacio virtual, ni siquiera -me niego a admitirlo- en segundas vidas o simulacros similares. Por eso est茅n proliferando, quiz谩s, esas librer铆as donde uno puede repantigarse c贸modamente, mientras bebe un caf茅 y hojea con sosiego las piezas encontradas.

“Bobby dec铆a que le gustaba este tipo de librer铆a porque le recordaba a su juventud en Nueva York. El desorden por todas partes, las pilas del libro, el olor”, ha declarado una de sus propietarias, Bragi Kristj贸nsson. “Se sentaba aqu铆 a menudo, leyendo libros de estos estantes, hasta que se quedaba dormido”. As铆 me imagino yo el para铆so, como una inmensa e inagotable biblioteca donde poder esparcirme y recrearme por toda la eternidad. All铆 nos encontraremos…

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Comentarios

Para mí tanto una librería como una biblioteca son lugares maravillosos en los que poder vivir aventuras sorprendentes y ser una persona totalmente diferente a lo que realmente se es. Me encanta entrar en ellas y reconocer ese olor proveniente de las agrupaciones de libro, así como la paz y tranquilidad que en ellas se respiran, así como la gran cantidad de libros que hay por todas partes y que por desgracia nunca podré leer en su totalidad … . Son pues, como dice el título del artículo un refugio maravilloso que nunca debería desaparecer y al que todos, por lo menos una vez en la vida deberíamos entrar y coger un libro al azar por el simple placer de leer.

Adoro leer y las sensaciones que ello me produce, pero sobretodo adoro esas vidas que puede vivir, los personajes que puedo ser, los lugares que puedo visitar,lo que aprendo de ellos y me convierten en lo que soy; en definitiva adoro ese refugio al que puedo ir cada vez que abro un libro.

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