Ciencia digital

El día 25 de enero se aprobaron de manera unánime, en el Consejo de la European University Association, las recomendaciones que su grupo de trabajo sobre Open Access envío al plenario. Entre ellas, quizás de manera concisa y suficiente, puede leerse: “las recomendaciones están basadas sobre el siguiente conjunto de premisas fundamentales: el papel de la universidad como guardian y responsable del conocimiento científico como “bien público” -como procomún, me atrevería a precisar-; los resultados de las investigaciones públicamente financiadas deberán ser públicamente accesibles tan pronto como sea posible; el aseguramiento de la calidad mediante los procesos de revisión por pares seguirá siendo una precondición para cualquier publicacion científica, y seguirá siendo algo esencial en esta nueva época de edición digital”.


Nuestro Consejo Superior de Investigaciones Científicas, CSIC, silenciosamente, sin demasidad publicidad, ha lanzado, pocos días antes del anuncio paneuropeo, una iniciativa basada en el libre acceso a los documentos fruto de sus investigaciones, Digital.CSIC, haciendo buenas las premisas sobre las que la declaración de la Asociación Europea Universitaria se sostiene: difusión libre y global de los conocimientos públicamente financiados, contenidos de calidad previamente contrastados en la discusión que debe mantenerse irrenunciablemente en el seno de la comunidad científica, contenidos finalmente devueltos a la sociedad y a a la comunidad científica para seguir construyendo sobre ellos nuevos conocimientos.

En Cataluña, comunidad pionera en esta estrategia de diseminación del conocimiento, con la Politécnica de Cataluña a la cabeza, sobresalen proyectos de envergadura mundial: UPC Commons es, seguramente, el portal más arriesgado y completo de todas las universidades españolas, basado en la filosofía del autoarchivado activo y de la difusión en abierto de cualquier contenido que la universidad produzca. RACO, desde hace ya tiempo, gracia al esfuerzo consorciado de las bibliotecas universitarias catalanas, nos ofrece la relación y el texto completos de las revistas acogidas a esa modalidad abierta de difusión.

No seguiré mencionando proyectos, de unas y otras comunidades por no incurrir, precisamente, en ninguna suerte de agravio comparativo, porque, en el fondo, lo que está sucediendo es que la malla subterránea de conocimientos y relaciones se está entrelazando de manera tan profusa e intrincada que cada vez parece más necesaria una iniciativa capaz de agregar, de sindicar o de entrelazar todos los contenidos que puedan encontrarse en los muchos y heterogéneos repositorios open access que se encuentran dentro del Estado español. Alguno de mis agentes en la sombra me asegura que ese extraordinario proyecto ya está en marcha, que es, incluso, inminente. Y, puestos a elucubrar, ¿por qué habríamos de detenernos en los contenidos de carácter científico cuando la riqueza de los contenidos de calidad contrastada sometidos a licencias libres son ya innumerables? ¿Cómo gestionar toda esa riqueza, cómo acceder tan siquiera con cierto grado de pertinencia? No quiero, de momento, ir más allá en esta cuestión, así que trataré de ceñirme al discurso inicial.

La ciencia y su expresión, la edición científica, son y serán digitales porque Internet como red de comunicación y las aplicaciones que permiten a los cientificos gestionar hoy de manera autónoma sus contenidos apuntalan y refuerzan el precepto que, explícita o tácitamente, acepta cualquier científico que accede al campo de producción científico: obrar de manera autónoma, sin aceptar en la medida de lo posible imperativos ajenos a la lógica de sus investigaciones, y difundir dentro de su propia comunidad los resultados de su trabajo para que otros, de la misma manera que lo hiciera él, puedan rebatir o corroborar, intelectualmente, sus pesquisas y sus conclusiones. Si un departamento universitario o un colectivo científico dispone hoy de una conexión a Internet y puede conectarse a una página como la del Open Journal System donde se le ofrece, gratuitamente, la descarga de un software de gestión de revistas electrónicas desarrollado por la Universidad de Standford, dentro del marco del proyecto Public Knowledge, conocimiento público, ¿qué impide que acabe prescindiendo de intermediarios y terceros?

Difíciles tiempos para la edición científica tradicional, para las grandes compañías que crecieron durante el siglo XX sobre la gestión del conocimiento científico de los colectivos universitarios, porque hoy en día ni siquiera basta con los servicios añadidos que proponen ante la avalancha imparable de la libre difusión, porque esos mismos servicios son fácilmente desarrollables o replicables en cualqueir departamento de informática.


Es verdad que los retos para la comunidad científica son todavía muchos, pero no insalvables:

1. habrá que tomarse en serio las estrategias de posicionamiento y visibilidad colectivas, porque si se hacen con las riendas de sus publicaciones, ya no estarán protegidos por la capa de las compañías editoriales; los consorcios y la gestión colectiva de los contenidos cobrará cada vez mayor relevancia, precisamente porque facilitarán la gestión solidaria de la información y las estrategias de posicionamiento en la red;
2. habrá que concienciar a las facultades, a los departamentos y a los profesores, todavía obsesionados con los curricula y los sexenios, con agencias de evaluación arcaicas, que todavía no se han percatado que corren nuevos vientos digitales ratificados por la misma Asociación de Universidades Europeas y por Centros de investigación como el Max Planck;
3. las editoriales universitarias, en sí mismas, carecerán de personalidad propia si no se convierten, precisamente, en aglutinadoras y catalizadoras de la circulación de todo ese conocimiento, en constante y coordinada relación con sus propias redes de bibliotecas y con las oficinas de conocimiento abierto que empiezan a fundarse al calor de la novedad.

La ciencia es y será digital; la edición científica es ya irreversiblemente digital.

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Comentarios

En eso tienes razón auque las editoriales universitarias tenemos ahora una gran oportunidad abierta. En paidotribo creemos que la vamos a aprovechar. En poco vamos a lanzar una web dónde los profesores podrán montar su propio libro, según sus criterios …

Pero si es cierto que si no empezamos a movernos desapareceremos.

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