Portalibros analógicos, portalibros digitales

En la edición del domingo de hace dos semanas del diario New York Times, aparecieron dos artículos contraponiendo las virtudes contrapuestas de los portalibros analógicos y los portalibros digitales, sí, de los portalibros, es decir, de los soportes o recipientes que, analógica o digitalmente, acogen un contenido que seguimos llamando libro. Hábitos, usos y costumbres en nuestra relación con el libro seguirán siendo, como los artículos ponen de relieve, factores determinantes en la celeridad o no del cambio de unos soportes a otros.

Tom Stoppard, un dramaturgo poco conocido en España a tenor de las escasas traducciones de las que ha sido objeto, pero indirectamente admirado por su Rosencratz y Guildenstein han muerto, traslada desde hace décadas sus libros en un maletín de piel y madera, con herrajes metálicos, fabricado en una tienda hoy desaparecida de Manhattan. Su porte colonial parece hablar de aquellos tiempos en los que un lector occidental, atildado y culto, podía contar con la fuerza bruta de una legión de porteadores para arrastrar sus libros a lo largo y ancho de selvas y desiertos.

“”Si estoy de viaje”, dice Stoppard, que no está dispuesto a cambiar este portalibros por ninguna alternativa digital, “y solamente tengo tiempo de leer un libro o libro y medio, nunca sé qué libro voy a leer, así que me llevo ocho”. Experiencia que cualquier lector ansiosos y voraz, como me ocurre a mi, ha padecido en infinidad de ocasiones.

En cambio, según establece Randall Stross en Freed from page, but a book nonetheless, “el objeto al que estamos acostumbrados a llamar libro está sufriendo una profunda modificación y se está liberando de sus limitaciones físicas. Todavía no sabemos si el Kindle tendrá éxito a largo plazo pero deberemos reconocer que Amazon ha redefinido imaginativamente su línea original de producto reemplazando el negocio de la venta de libros por el negocio de la lectura”.

¿Con cuál de los dos portalibros te quedarías? Quizás la clave esté, precisamente, en que no haya que elegir.

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Comentarios

Evolución. Sin proponérnoslo evolucionamos y adaptamos nuestros usos y costumbres. ¿Con cuál de los dos portalibros te quedarías?

Está claro. Vayamos a la música, que ya ha recorrido millas. Tengo vinilos a los que tengo mucho cariño, pero nunca escucho. También tengo CDs que escucho en casa cuando me tumbo en el sofá. Y cuando viajo o en situaciones de espera y me apetece llenarme de música, tiro de mp3, de i-pod. Con el libro ocurrirá lo mismo, según la situación y el tipo de libro. No nos quedaremos con uno u otro, sino que compaginaremos los dos formatos.

El Código Da Vinci lo leeremos en digital y a Benedetti lo guardaremos en analógico.

Y los libros de texto, sin dudarlo se los cargarán en la escuela en el Kindle de turno, y evitarán las mochilas sobrecargadas, y se terminará así la demagógica discusión sobre la gratuidad de los libros de texto.

Y una última cuestión, si la evolución del soporte es semejante al ocurrido en la música, ¿cuantas librerías pequeñas y medias independientes supervivirán?, ¿se desertizarán los barrios y ciudades de librerías como se han desertizado de tiendas de discos?

Me temo que así será.

Depende de para qué uso y para qué tipo de obra, y del punto de vista que se aplique. No hay una idoneidad universal.

Las obras que leo para evadirme (narrativa), en digital. De las que manejo por trabajo, las lexicograficas y de consulta rápida me vienen bien en digital; el resto (obras teóricas sobre filología, diversas disciplinas lingüísticas, ortografía, tipografía, documentación…) las prefiero en analógico, porque para explorarlas como conviene y sacarles el jugo que quiero he de manosearlas y curiosearlas desordenadamente, marcar las partes que me interesan y leerlas según ese interés, raramente de manera lineal.

Eso como lectora.

Como autora que escribe y empieza a publicar obras de consulta, de esas que en digital pasan de mano en mano, siempre en analógico y siempre previo pago. No soy una hermanita de la caridad para dar facilidades de pirateo. Por poco que gane vendiendo ejemplar por ejemplar, menos es nada.

(requerido)

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