Locos por los libros (II): Don Vicente o el bibli贸filo asesino
Max Sander, bibli贸grafo norteamericano, escribi贸 en el Journal of Criminal Law and Criminology, en el a帽o 1943, en un art铆culo titulado “Bibliomania“, que los bibli贸manos son personas que sufren de “una compulsi贸n mental irresistible, patol贸gica” que “ha producido m谩s de un crimen lo suficientemente interesante para ser recordado”.
El art铆culo comenzaba estableciendo el perfil psicol贸gico en el que el coleccionismo compulsivo, lejos de ser una man铆a enfermiza, se convert铆a en un placer intransitivo, si bien esos goces solitarios pod铆an llegar a derivar en patolog铆as peligrosas con resultados criminales: “Algunas personas creen que coleccionar libros antiguos es una forma de insan铆a leve. El coleccionista, por su parte, se r铆e del ignorante que no puede entender el placer del coleccionismo. El fil贸sofo dice: Ne quid nimis, no vayas tan lejos. Pero entre todos los adagios, este es el m谩s dif铆cil de seguir. El bibli贸filo es el due帽o de sus libros, el biblioman铆aco es su escalvo. Con el desarrollo de la biblioman铆a, la llama templada y amigable del hobby se convierte en una llama devastadora, vengativa, una tempestad vehemente de perdici贸n y de pasiones. Estamos en presencia de una compulsi贸n mental irresistible y patol贸gica que ha producido -como dec铆a al principio- m谩s de un crimen lo suficientemente interesante para ser recordado”.

Don Vicente, un monje espa帽ol, bibliotecario de una abad铆a cisterciense cercana a Tarragona, fue uno de estos casos rese帽ables, una pasi贸n tormentosa que acab贸 en un qu铆ntuple asesinato: una noche del a帽o 1830 el monasterio sufri贸 un robo y entre el bot铆n que los cacos se llevaron se encontraban algunas preciosas joyas incunables de la biblioteca. Don Vicente, poco despu茅s, abandon贸 los h谩bitos y el monasterio y se estableci贸 como librero de viejo en Barcelona, famoso por adquirir muchos m谩s libros de los que vend铆a, por ser su mejor cliente. En el a帽o 1836 sali贸 a la venta el ejemplar, supuestamente 煤nico, de los Furs e Ordinations de Valencia, una de las obras iniciales de la imprenta espa帽ol salida de los talleres de Lambert Palmart, el impresor alem谩n afincado en la costa levantina, considerado el autor del primer incunable conocido en nuestro pa铆s, las Obres e trobes en lahors de la Verge Mar铆a.

Un peque帽o consorcio de libreros, encabezado por un tal Augustino Patxot, consigui贸 hacerse con el ejemplar deseado en la puja entre rivales y, tres d铆as despu茅s de que esa enajenaci贸n sucediera, Patxot fue encontrado carbonizado entre los escombros de su librer铆a, reducida a cenizas tras el incendio que se hab铆a declarado. Lo mismo ocurri贸 con los cuatro valedores de Patxot -un p谩rroco, un poeta, un juez y un regidor-, hallados muertos en las inmediaciones de Barcelona al cabo de los d铆as.
Don Vicente era un sospechoso obvio y las investigaciones policiales realizadas en su librer铆a encontraron, en una de las estanter铆as altas m谩s inaccesibles, el ejemplar de los Furs y, tambi茅n, libros que hab铆an pertenecido a cada uno de los contrincantes que se hab铆an interpuesto en el camino de un coleccionista obsesivo. Don Vicente se declar贸, inicialmente, inocente de los delitos atribuidos pero termin贸 confesando cuando se le asegur贸 que, independientemente de su destino y condena personales, su biblioteca ser铆a conservada 铆ntegramente, sin divisi贸n ni dem茅rito. Ante la corte que lo juzg贸, y seg煤n dicen las cr贸nicas, al ser acusado de rampante y simple ladr贸n Don Vicente contest贸 que no lo era en absoluto, que nada ten铆a que ver con semejante especie. Al ser interpelado por las razones de que lo condujeron al asesinato, buscando quiz谩s arrepentimiento o contricci贸n con los que atemperar su pena, Don Vicente repuso -quiz谩s de manera ap贸crifa- que “todos los hombres tienen que morir, antes o despu茅s, pero los buenos libros deben de ser conservados”.

Ante esta contumac铆a biblioman铆aca y la evidencia palmaria de la condena que le llevar铆a a la muerte, el abogado defensor intervino apelando a la evidente insan铆a del acusado, a su deriva enfermiza, y a la circunstancialidad de las pruebas encontradas en su librer铆a. El fiscal, ante eso, repuso que la prueba evidente e incontrovertible del caso segu铆a siendo el ejemplar 煤nico de los Furs encontrado en sus estanter铆as, pero el abogado defensor, preparado para el contrataque, arguy贸 de manera convincente que en absoluto era 煤nico, que exist铆a otro ejemplar similar en Francia… Don Vicente, a punto del colapso, apesadumbrado, hist茅rico, preocupado tan solo por la naturaleza irrepetible de su libro y no por su propia vida, grit贸: “Mi copia no es 煤nica…”
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Comentarios
Uno de los más curiosos episodios de locura entre los profesionales del libro es el del Correcteur/Typographe Fou, Nicolas Cirier, y su reivindicativa obsesión por su "oeil typographique". Aquí lo cuentan muy bien:
http://site.voila.fr/cendres/Cirier.html
http://fr.wikipedia.org/wiki/Nicolas_Cirier
Agradecería que me mandarán a mi correo electrónico toda la información posible sobre este caso así como los lugares donde podría encontrar información detallada sobre la vida, acontecimientos, juicios y demás aque protagonizó este hombre. Estoy intentando hacer un trabajo serio sobre su caso quien sabe si con vistas a una novela.











Maravilloso texto, impresionante blog, qué nivel…