Tecnología, cooperación y nuevas economías

Howard Rheingold es el autor del libro Multitudes inteligentes, una obra que trata de explorar las nuevas formas de acción colectiva favorecidas o propiciadas por el uso de las nuevas tecnologías, modalidades de intervención descentralizadas, a veces radicalmente acéfalas, que generan estrategias de participación y mediación masivas y efectivas. A partir de la posibilidad que las tecnologías abren -igual que en su momento lo hicieron la misma escritura y su aparición o la invención de la imprenta y su efecto sobre la religión, la ciencia y la política-, cabe replantearse de qué manera las nuevas formas de cooperación pueden generar nuevas formas de riqueza (todo esto con permiso, claro está, de Antonio Lafuente).


Estamos acostumbrados a pensar, al menos en nuestra civilización occidental, en términos de antagonismo, competencia y lucha, quizás determinados en buena medida por una forma de darwinismo social que hemos trasladado sistemática y acríticamente a todos los ámbitos de la vida, desde la misma naturaleza, que leemos en clave de contienda y hostilidad, los negocios, quizás el ámbito actual donde el espíritu de la dominación, la destrucción y la refriega más nítidamente se hayan trasladado hasta la política, territorio de la escaramuza y la rivalidad.

En el video que incluyo, Rheingold habla de eso y de otras cuestiones relacionadas: convendría que repensáramos parte de nuestra historia en términos de los beneficios que hemos obtenido fomentando la cooperación, no por causas exclusiva o inocentemente altruistas, sino por el provecho y la ganancia que cada uno, en particular, puede obtener de los esfuerzos colectivos y de los resultados solidarios.

Internet, como herramienta de generación de contenidos y soporte de la comunicación, junto a otros dispositivos móviles, facilita la comunicación entre los seres humanos y, en consecuencia, allana la colaboración, de manera que no sería exagerado decir que, igual que sucedió con la invención de la escritura y la imprenta, existe un fundamento editorial en la posibilidad de cooperación. Esta incipiente red global de reciprocidad -que unos llaman nueva economía del don y otros preferimos denominarla como el nuevo potlatch digital-, viene a poner de manifiesto algo que Pierre Bourdieu destacó en tantas ocasiones al hablar de los divesos sistemas económicos: lo que nosotros tenemos por prácticas económicas normales (lo que la economía liberal y clásica occidental pretende como tal), no son más que una de las posibles y temporalmente demarcadas economía de las prácticas (nada como comprar el recientemente traducido El sentido práctico para adentrarse en el fundamento sociológico del asunto), de forma que puede estar surgiendo o resurgiendo ante nuestros ojos una nueva forma de economía (en la ciencia, pero también en la salud, en la industria del software, en la industria automovilística y otras tantas más, como resalta Rheingold en el video) de dimensiones y repercusiones todavía inmensurables basada en la colaboración y en la acción cooperativa.

Empieza a ser importante dibujar el mapa de esa nueva economía, de ese nuevo territorio de la cooperación y de esos nuevos usos de las tecnologías.

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