Locos por los libros (IV): Magliabechi o el hombre biblioteca
“La figura más pintoresca en los anales de la bibliofilia italiana es, sin duda, Antonio Magliabecchi”, así lo afirmaba, sin resquicio de duda, en el año 1914, Theodore W. Koch, en su artículo Some Old-Time Old-World Librarians. Magliabecchi, el “glotón de libros”, hijo de una familia modesta que acabaría convertido en el regio bibliotecario del Duque de la Toscana y donante de su formidable biblioteca personal, tras su muerte, a la ciudad de Florencia, donde todavía hoy puede contemplarse su desenfadado busto en un rincón de la Biblioteca Nacional Central.
Is unus bibliotheca magna, en sí mismo es una gran biblioteca, es el hombre biblioteca. Así se deja recomponer el nombre de Magliabechius si se traspone al latín, revelando cuál era la aspiración incombustible inscrita en su apellido.
![]()
Hijo de una familia modesta, aprendiz de librero gracias a la oportunidad profética que un vecino le proporcionó, bibliotecario de Cósimo III, Gran Duque de la Toscana, y hombre biblioteca, incapaz de alejarse no ya sólo de su ciudad de Florencia, de la que no se conoce que nunca saliera, sino de entre los mismos estantes que conformaban la biblioteca del mecenas bibliográfico, entre las que dormía tumbado en un camastro de madera, entre las que hacía su vida olvidándose, literalmente, de comer o de cobrar el salario que como bibliotecario debía percibir.

Bibliómano sedentario, viajero inmóvil, memorioso inmutable, conocía incluso la disposición en los anaqueles de todos los libros de las bibliotecas que conocía, exclusivamente, a través de la correspondencia que mantenía con sus colegas bibliotecarios, hasta el punto que, según revela la anécdota más conocida, cuando el Duque toscano le consultó, en una ocasión, si podía adquirir un título especialmente valioso y escaso, contestó: “No señor. La única copia que de esta obra está en Constantinopla, en la biblioteca del Sultán, el séptimo volumen en la segunda estantería a la derecha según se entra”.
![]()
No dejó, que se sepa, testimonio escrito de su sabiduría, ágrafo ilustrado que ganó su reputación porque se convirtío, durante la segunda mitad del siglo XVII, en la referencia incontestable de toda Europa en materia bibliográfica, de manera que cualquier especalista o experto debía referise a él para constrastar la información buscada. Eric W. Cochrane escribió en el año 1958 en “The Settecento Medievalists“: Magliabechi nunca ofreció prueba alguna de su sabiduría mediante la escritura de libros: la apreciación de los autores que le solicitaban ayuda e información mantuvieron la prominencia de su nombre en las dedicatorias y agradecimientos de más de la mitad de los libros que se publicaron a lo largo de su vida”.
Los 30000 libros que componían su biblioteca personal, según establecía su testamento, deberían pasar a nutrir los fondos de la ciudad de Florencia siempre que se mantuvieran gratuitamente a disposición pública. Su contribución al patrimonio bibliográfico toscano estuvo contenida, hasta el año 1860, en la Biblioteca Magliabechiana, para pasar a formar parte, más tarde, de la ya mencionada Biblioteca Nacional Central.
Magliabechi, el hombre biblioteca, el hombre habitado de libros, fue hallado muerto en el año 1714 sentado en una silla de mimbre “sucio, harapiento y feliz como un rey”.
Si te gustó esta entrada anímate a escribir un comentario o suscribirte al feed y obtener los artículos futuros en tu lector de feeds.
















Interesante blog. Gracias por su trabajo