Editar es sexy

En la Feria del Libro de Londres, que comenzó ayer lunes y se extenderá hasta mañana miércoles, la Ministra de Cultura, Margaret Hodge, declaró que “aunque la edición es la primera industria cultural del Reino Unido, no se percibe como algo interesante o sexy a la manera en que se valoran la industria cinematográfica y la televisión”. Miro y remiro a mi alrededor buscando signos que delaten esa capacidad de seducción, y quizás convenga que nos hagamos un lifting y recuperemos algunos valores y atributos de la juventud.


La ministra Hodge dijo que “es esa percepcion la que debemos suscitar, tanto para la creación de un contexto donde fraguen las políticas públicas como en términos de diversidad -si pretendemos llegar a diferentes partes de la comunidad para atraerlas y que trabajen en el ámbito de la edición”. Es necesario desplegar, según sus palabras, una conciencia creciente del valor social de la edición, “definir mensajes sobre el valor de la edicion y sobre lo que los editores hacen, con la visión puesta en los medios de opinión pública, en los líderes políticos y en el público en general”.

En una mesa de la misma Feria de Londres, el Primer Ministro británico, Gordon Brown, reconoció públicamente que la lectura “es su gran pasión en la vida” y predijo, en forma de profecía autoverificatora, que la industria editorial británica tenía por delante un futuro prometedor. Brown aseguró que las industrias creativas representaban el 8% de la economía británica, en un crecimiento que representa el doble de la media de crecimiento económico global. Y puso especial atención en la intersección entre la industria editorial y el sector educativo, en la evolución de las futuras tecnologías y en los réditos que de ahí puedan derivarse.

Hace pocos meses, tras el conocimiento de los resultados de PISA, el mismo Brown declaró el National Year of Reading para paliar los aparentes malos resultados obtenidos -mucho mejores que los españoles- y para estimular, globalmente, el aprecio por la lectura y la igualación social y cultural de los alumnos (es cierto que nadie parece haberse referido al problema del precio fijo en Inglaterra, que sigue subsistiendo, o a la falta de precio fijo, debería decir, que hace muy poco atractiva la vocación editorial para aquellos que tienen que competir contra las agresivas e invencibles políticas comerciales de los grandes grupos editoriales o las grandes cadenas de librerías, capaces de imponer descuentos inasumibles o condiciones de pago insostenibles. Pero en fin, no siempre se puede ser completamente perfecto).

En todo caso, ahora que se acerca la época en la que las Ferias del libro, los congresos y las universidades de verano, las justas poéticas y los premios literarios, se propagan con la presteza de la libación y polinización primaverales, haría un llamamiento a autoridades y agentes con competencias para que divulgaran los valores más sensuales y seductores de la edición, recuperando sus principales señas de identidad: el riesgo, la independencia, la transmisión de valores políticos y culturales novedosos que promuevan la discusión, la búsqueda y la investigación de nuevas voces o nuevas maneras de encarar los problemas que nos acucian, la innovación formal e intelectual, la generación de conciliábulos de lectores fieles, sentimental e intelectualmente cercanos, la pasión de vivir diariamente una aventura de la que solamente se vislumbra un desenlace no siempre triunfante, pero invariablemente satisfactorio.

Jabo H. Pizarroso, editor de Mono Azul editora, una pequeña y valoresa editorial independiente, mantiene irregularmente un blog donde un día itentó atrapar los sentimientos que le habían llevado a emprender la colosal andanza de editar libros de manera independiente:

Porque publicamos lo que nos da la gana…
Por qué nadie nos dice lo que tenemos que publicar…
Porque nos gusta pelear con el mercado…
Porque somos neoliberales sin saberlo…
Porque todavía tenemos el paladar con regusto a compromiso social
Porque queremos ser únicos en manos de nuevos lectores
Porque la literatura independiente necesita de edición independiente
Porque la literatura dependiente necesita de editores independientes
Porque somos masoquistas
Porque no somos héroes
Porque somos unos cobardes para ser dependientes
Porque nadie nos ha explicado nunca lo que quiere decir independiente
Porque somos adolescentes grandes
Porque la palabra ilusión nos riñe todas las noches con un palo
Porque la hoja de cálculo excel nos espera como Caronte en la Estigia
Porque la palabra independiente no significa nada
Porque de la nada es de donde parte toda creación

Editar es, sin duda, sexy.

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Comentarios

bueno a mi me gusta joaquin de la escuela no va en mi salon perova en el salon de a lado o sea en el 2°!"d"

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