La soledad del blogger de fondo
Los blogs que abundan por millones en la red suponen un desaf铆o extraordinario para toda la cadena de producci贸n de contenidos, desde su generaci贸n -ahora asumida por millones de personas que hacen uso de los nuevos medios gratuitos de creaci贸n y publicaci贸n-, pasando por su edici贸n y difusi贸n, hasta los mecanismos habituales de consagraci贸n y atribuci贸n del cr茅dito. Esta profunda transformaci贸n que se avista en el horizonte, no obstante, tiene secuelas o efectos secundarios indeseados, quiz谩s imprevistos, tal como ha puesto de manifiesto un reciente art铆culo de The New York Times, “In web world of 24/7 stress, writers blog till they drop“, escribir blogs hasta caer extenuado.

Existe una amplia tipolog铆a de bloggers, desde los que introducen de manera irregular y asistem谩tica contenidos personales, hasta los que pretenden ganarse leg铆timamente la vida con ello, pasando por los que, de manera m谩s o menos abierta, difunden contenidos tem谩ticos. Muchos de ellos, muchos de nosotros, nos hemos trasladado a vivir, al menos figuradamente, a la web, y volcamos con frecuencia nuestras opiniones y conocimientos sobre diversos asuntos con m谩s celeridad de la que desear铆amos porque la propia din谩mica del medio -acelerada, siempre vigilante y alerta, sin interrupci贸n- nos lo “exige”. Si uno pretende hacer dinero con la redacci贸n de entradas para blogs -como es relativamente habitual ya en los Estados Unidos, en casos tan conocidos como TechCrunch-, sobre todo con blogs relacionados con gadgets e innovaciones tecnol贸gicas, estar谩 literalmente pegado a su teclado y a su dispositivo inal谩mbrico, porque la generaci贸n de noticias por parte de blogs concurrentes y agencias de noticias ser谩 despiadada, y la competencia por la publicidad y el cr茅dito no disminuir谩, sino que se acrecentar谩, tal como demuestran las estad铆sticas de Technorati.

Aunque todav铆a no se haya catalogado de enfermedad laboral y pueda considerarse como anecd贸tico, el s铆ndrome del blogger exhausto, infoadicto y propenso a las cardiopat铆as -como parecen mostrar los 煤ltimos casos de muerte s煤bita o por paro cardiaco de algunos bloggers norteamericanos- parece ser el efecto secundario e indeseado de una disciplina y un procedimiento editorial que aboca a la generaci贸n y circulaci贸n cont铆nua y sin tregua de contenidos, sobre todo cuando el negocio de la publicidad est谩 en juego.

Pero cuando se censan 1,4 millones de entradas diarias en los blogs de todo el mundo, ni siquiera aquellos que escriben -que escribimos- para difundir conocimientos afines que creen interesantes, pueden escapar al influjo y la l贸gica de la web, porque en la econom铆a de la atenci贸n que la web exhacerba la consecuci贸n de un rango determinado que acredite la solvencia e inter茅s de los contenidos solamente se obtiene mediante una dedicaci贸n casi tit谩nica y solitaria, flaubertiana o, quiz谩s, robinsoniana, a la escritura online. Y no escapan -no escapamos- a los efectos colaterales sobre su salud y sus relaciones.

Cada sistema de producci贸n editorial -predigital o digital- tiene, parece, sus propias contradicciones, y la nueva escritura online, que prescinde de muchas de las intermediaciones de la industria tradicional del libro o de los medios de comunicaci贸n escritos, que reta los mecanismos de evaluaci贸n y acreditaci贸n habituales, conlleva la supeditaci贸n a un ritmo y a unas exigencias creativas que la convierten en una experiencia a menudo tir谩nica y opresiva.
A veces, sin embargo, en la soledad del blogger de fondo, queda la dulce compensaci贸n de saberse le铆do por legiones de entregados lectores.
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Comentarios
No hace falta que fichéis, Silvia, esto no es obligatorio, ni para vosotros ni para mi. Nadie os fuerza a leerlo ni, mucho menos, nada me fuerza a seguir escribiendo. Así que, si te parece, hagamos otro pacto algo distinto: vosotros leeis cuando, donde y como queráis, y yo escribo cuando, donde y como me plazca. ¿Vale? En todo caso, si la irresistible atracción magnética que pueda ejercer este blog te llevara a escribir otro comentario, te agradecería que te ciñeras a asuntos estrictamente profesionales y a no a reconvenciones personales, que en nada me interesan.
Como veo que tengo un clon que responde por mí, me limito a decir que en parte acierta, porque mi comentario no iba más allá del guiño. Y realmente, habiendo llegado al punto de la suplantación, la cosa está demasiado turbia por aquí abajo para seguir haciendo comentarios de ningún tipo.











Escribir con tanta frecuencia, intensidad y extensión como tú lo haces (y también otros tantos) por fuerza ha de ser desfallecedor. Pero no sólo para el que escribe, sino también para el lector habitual. Teniendo en cuenta que, pasado un cierto tiempo, los blogs de opinión y especializados tienden a la recurrencia, y la recurrencia desgasta el interés y la atención, tal vez la dosificación sea un buen método de mantener las energías (de emisor y receptor) sin desatender las necesidades ni defraudar las expectativas de nadie.
¿Qué tal si pactas con tus lectores una entrada cada dos días? Va, que es que nos tienes agotaítos…