¿Para qué tanto leer?

Este título se lo he robado a Vicente Verdú, autor del artículo homónimo aparecido el sábado pasado en el diario El País, un estimulante ejercicio de reflexión sobre la lenta desaparición de un hábito que ha conformado nuestra cultura pero que hoy se ve arrumbado al arcón de las reliquias por la suma de factores hostile e incluso antagonistas: la falta del tiempo y el espacio necesarios para practicarla, porque la lectura, efectivamente, necesita de un ritmo lento y una actitud serena y concentrada, reflexiva y retirada, que no cuadra bien con la premura y la velocidad y un florecimiento de medios diversos capaces de entretener y amenizar ese escaso tiempo libre del que disponemos de manera más lúdica y menos gravosa. Nada de lo que aduce Verdú es incierto, más bien al contrario, pero colegir de ahí que convenga cuestionar la conveniencia de la lectura, quizás sea excesivo.


En el lado contrario de un imaginario antagonismo estaría, qué duda cabe, George Steiner: si alguien recuerda su texto “El lector infrecuente”, contenido en Pasión intacta, sabrá de qué hablo: Steiner rememora esa época histórica, ya alejada, en que el encuentro entre el lector y el texto conllevaba un ritual de celebración que implicaba hasta al atuendo, vestido de fiesta o, al menos, de gala, para oficar la comunión singular -provista, siempre en Steiner, de rasgos místicos y contemplativos, como cabe esperar en un hombre culto de profundas raíces judías- entre el lector y el libro. Dibuja Steiner -todavía recuerdo la lectura extasiante de Manuel Galiana, quizás la más bella y evocadora que haya oído, un verano en Santander- un espacio pretérito en que el ritual de la lectura demandaba un tiempo, una actidud y un espacio que se le daban sin reservas -tiempo y espacio, hexis corporal específica y característica, que Fernando Rodríguez de la Flor, autor de esa declaración de amor inversa al libro, Biblioclasmo, estudia hace tiempo-, quizás porque no había competencia, quizás porque nunca existió más que en la imaginación de algunos letrados, quién sabe.

El punto de equilibrio entre el deshaucio de la lectura, que no encuentra, en palabras de Verdú, “suelo donde arraigar ni espacio donde esponjarse”, y las quimeras extáticas de Steiner, que escucha ecos de revelaciones religiosas allí donde solamente hay textos de otros hombres, debe ser el de la generación de las condiciones necesarias para que todos, independientemente de la época que nos haya tocado vivir, podamos desarrollar las competencias lectoras necesarias para disfrutar de esos mismos textos, al tiempo que hoy desarrollemos competencias digitales que nos permitan entender y manejar medios de comunicación distintos que nos permitirán crear nuevas cosas.

Y la invocación no es meramente ornamental, no se trata de pedir que mantengamos el hábito lector a toda costa en contra de la falta de tiempo y de la concurrencia recreativa de otros medios: se trata de recordar que la base del desarrollo cognitivo humano, que la construcción de las competencias de más alto nivel intelectual -abstracción, proyección, planificación, inferencia y deducción, etc.-, provienen del aprendizaje lector. “El empleo generalizado de la escritura alfabética fue para este proceso de transformación social no menos importante de lo que sería, dos milenios después, la imprenta para el nacimiento de la sociedad burguesa”, nos recuerda Havelock en La musa aprende a escribir: “[..] parece que ha contribuido decisivamente a l aformación de un pensamiento analítico y abstracto, cuya atención se desplaza desde la continuidad sonora de la palabra oral hacia unas estructuras compuestas de unos elementos como las letras del alfabeto…”.

Cuidado, por favor, con las celebraciones prematuras de la desaparición de la lectura -que se han convertido casi en una costumbre, como hizo Alejandro Gándara en La Noche de los Libros, sentado en mi misma mesa, que consideró que leer era, simplemente, malo-, porque con ellas podemos deshacernos de los valores y las competencias que nos hacen propiamente humanos.

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Comentarios

george steiner era un poco radical para hablar de como se debia leer. Y en su sentido un buen lector tenia que tener una gran enciclopedia, ademas de tener vastos conocimientos linguisticos y saber varios idiomas.

Me parecen discusiones un tanto bizantinas porque se habla en abstracto de los libros y los procesos de lectura pero se olvida al lector. No hay duda de que la base de la construcción de las competencias de más alto nivel intelectual provienen del aprendizaje lector pero el "interés" que ponen en adquirirlas la gente normal y corriente así como los simulacros con los que la sustituyen deberían hacer reflexionar antes de pedir más medicina lectora para todos. En cualquier caso, ni usted ni el señor Verdú creen verdaderamente que la lectura vaya a desaparecer. El por qué se dicen estas cosas es ya otra cuestión.

Tal y como dice al final ¿si desaparece la lectura desaparecen los valores y las competencias que nos hacen propiamente humanos? Lo mismo claman muchas religiones y por ello mismo me es imposible creer que sea así. Moral religiosa o radicalismos ilustrados, todos dicen guardar y por tanto repartir al que se acerque a ellas lo mejor de lo humano pero creo que eso sigue estando precisamente en el propio ser humano del mismo modo que lo mejor de la mecánica se encuentra en un coche, no en los siempre hipotéticos buenos planos y calculos de un ingeniero. Soy un lector y por tanto para mí leer es sinónimo de vivir pero no me considero tan estrecho de miras (espero al menos no serlo) como para predicar para los demás lo que ha sido y es tan extraordinariamente bueno para mí.

Luis, no se trata de una discusión de personal en la que los lectores intentemos extrapolar nuestros valores o intereses. No se trata en absoluto de una discusión estética o estetizante, de la imposición o no de una modalidad más o menos sana de entretenimiento. No tiene nada que ver con eso, en absoluto. Te invito a que consultes las entradas relacionadas con lectura en este blog, "El renovado milagro de la lectura infantil", por ejemplo, http://weblogs.madrimasd.org/futurosdellibro/archive/2008/04/02/88069.aspx, para que compruebes que el asunto tiene que ver con el desarrollo de capacidades cerebrales, con la hiperespecialización de distintas áreas del cerebro que se conectan para hacer posible la lectura, con el reciclado neuronal y, en definitiva, con el desarrollo de capacidades cognitivas que, literalmente, nos hominizan. El error, siempre, proviene de mantener esta discusión sobre lectura o no lectura en términos de gustos y apetencias, y os ruego, a quienes estéis interesados en estos asuntos, que intentéis, antes de verter vuestras opiniones, consultar la literatura especializada. Se trata, insisto, del desarrollo del cerebro lector, en transición, en la actualidad, hacia un cerebro digital, con consecuencias todavía impresivibles.

De acuerdo, admito que yo arrimo el ascua a mi sardina pero si el énfasis está en lo cognitivo y neuronal que nos humaniza no se entiende por ejemplo que se responda a Alejandro Gándara como se ha hecho, no comprendo por qué en un artículo con el título “¿Para que tanto leer?” en vez de desarrollar argumentos cognitivos y neuronales a favor de la lectura que se podrían añadir a los mencionados cuando se habló de la lectura infantil, se hace una a mi entender muy buena (el error viene luego al colocar entre ambos una generación de condiciones lectoras que en mi opinión no viene a cuento), contraposición entre el lector “businessman” y el lector religioso. No se entiende tampoco, aunque evidentemente comparto en buena medida las buenas intenciones, que no se esté hablando de valores o intereses cuando se hace un alegato a favor de la lectura como se ha hecho ahora.

Sinceramente Joaquín, me parece muy bien que plantees la discusión en los términos que quieres plantearla y no tengo nada que decir al respecto pero si esas son tus intenciones reales creo que te contradices a cada momento. La impresión general que da este blog no es la de alguien que intenta entrar en discusiones técnicas con psicólogos o pedagogos (afortunadamente porque un blog abierto a todos tampoco me parece la mejor manera de hacerlo) sino la de alguien que invoca, recuerda, valora, reclama, informa, avisa de que… de un modo documentado y aportando siempre datos de interés. Ese es tu terreno y por eso te leemos. No entiendo entonces que ahora digas “vámonos a la neurología y allí hablamos si quieres” cuando raramente tú mismo te colocas en ese lugar ni es ese el espíritu que te anima.

Hasta luego

¿Se pedía neurociencia? Pues hoy nos regala el New York Times un artículo al respecto (http://www.nytimes.com/2008/04/29/health/research/29brai.html)

Parece ser que para ser más inteligentes no necesitamos leer más sino que basta con memorizar más. Algunas de nuestras capacidades intelectuales (ignoring irrelevant items, monitoring ongoing performance, managing two tasks simultaneously and connecting related items to one another in space and time) aumentan entonces gracias a ejercicios memorísticos. Aquí se han hecho comentarios muy contundentes basándose en investigaciones científicas y no quisiera yo caer en el mismo error.

Hasta lueguito pues

Tanto la memoria, como el área del lenguaje o de la visión, entre otras, son zonas del cerebro genéticamente predeterminadas para el desarrollo de esas funciones. Su coordinación, precisamente, a lo largo de un proceso de maduración que lleva entre cinco y siete años, es lo que produce el cerebro lector, una nueva función, la de la lectura, que es fruto de la vinculación de áreas que no estaban programadas previamente para desempeñar esas funciones, tanto más efectivas cuanto más se especialicen y automaticen su nueva función. El cerebro en su conjunto se hace más inteligente en ese proceso de hiperespecialización, no tanto por la lectura misma, sino por la capacidad progresiva de interponer tiempo y espacio entre lo que se lee y lo que se piensa. Ignoro si el desarrollo de una sola de las áreas -memoria, lenguaje o visión-, hace a las personas más inteligentes (la memoria, desde luego, es necesaria para recordar, entre otras cosas, qué grafemas se corresponden con qué fonemas); lo que desde luego incrementa nuestra clarividencia y capacidad de penetración es la coordinación mejorada entre todas ellas.

Ignoro yo también hasta qué punto se es inteligente o no memorizando y respecto a las capacidades cerebrales todas las investigaciones, aunque a veces se contradigan entre sí, coinciden en que el cerebro no es un músculo pero cuando lo ejercitamos se desarrolla como ellos. Quedo agradecido por su respuesta a mi anterior mensaje aunque tampoco era necesaria pero lamento que no se respondiese al mensaje previo. Ampararse en un querer centrarse en los aspectos cognitivo-neuronales del asunto cuando usted hace semejante divagación sobre el tema en su artículo mencionándolos como mucho tangencialmente, unicamente pone en evidencia las contradicciones o carencias de su planteamiento así como las del supuesto debate que quiere alimentar. Uno de los principales puntos de interés de su blog es precisamente este, el de las carencias en cuanto a la discusión. Internet es un medio que promete mucho al respecto pero al final da lo que las personas dan o previamente están dispuestas a poner en el. La idea del cerebro digital en transición es infinita en sus ramificaciones y su rigor le obliga a no querer salirse de ella pero su talante le lleva por otros caminos y ahí está lo escrito para probarlo. No solo no veo nada negativo en ello sino que me parece positivo pero parece que usted no está muy de acuerdo consigo mismo.

"Se leen más libros, de más calidad y mejor editados que nunca" dice un "asteroide" del mundillo cultural (http://www.elpais.com/articulo/cultura/sutil/arte/cazar/lectores/elpepucul/20080502elpepicul_1/Tes" "Hemos nacido en una época donde podemos ser editores sin ser ricos", añade después, porque lo permiten las nuevas tecnologías. Parece que hay gente que no cree en tendencias de la lectura a la baja o capacidades cerebrales en constante atrofiamiento (o para ser más precisos, lo cree pero se hace apóstata). ¿Podría ocurrir, quizás, que todos llevan razón? ¿Podría ocurrir que se lee muchísimo y al mismo tiempo se lee menos? ¿Podría ocurrir que el mundo audiovisual atrofia pero de el nos llegan "gadgets" que ayudan a que mejore y enriquezca? Sostener una cosa y la contraria es una estupidez pero creo que a veces hay que atreverse a ser "estúpidos".

Las estadísticas están siempre dispuestas a devorar a los que se arrimen a ellas y al mismo tiempo dar casi cualquier cosa con un mínimo de sentido común que le pidan sus arúspices pero como eso no es razón para evitarlas aquí dejo un par de páginas en japonés sobre índices de lectura en Corea y Japón por si alguno se atreve con ellas. http://www.chosunonline.com/article/20080226000069 http://www.chosunonline.com/article/20080226000070

Que en Corea se quiera saber el número de personas que han leído más de un libro el último año es bastante ilustrativo. Este ha bajado en los últimos quince años (aparece en una gráfica al final del artículo). Un 9% de tiempo libre usado en internet frente a un 24,1% de la televisión creo que también dice bastante respecto al lugar que todavía ocupa la red en países donde te puedes encontrar en el periódico ofertas de internet de 50 megas por 20 euros (una de esas quisiera yo). En cualquier caso, se deja sentir claramente entre los jóvenes el uso de internet (no es ninguna sorpresa) y según se dice, no hay manera de atajarlo. En esto y en los lamentos por lo insuficiente de las cifras parece que no hay diferencias. Podría seguir haciendome pajas mentales con tanto número a mi disposición pero, lo dicho, no quiero ser devorado.

(requerido)

(requerido)


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