Celebración del conocimiento libre

Desde el mes de enero y hasta el mes de junio viene celebrándose en el Círculo de Bellas Artes de Madrid el ciclo Dominio Abierto, “un análisis”, según sus organizadores, “de las formas cooperativas de conocimiento que permiten las herramientas tecnológicas y sociales contemporáneas”. Esta tarde, a las 19.30, gracias a la invitación de Igor Sádaba y César Rendueles, intervendré para hablar en torno a la “Celebración del conocimiento libre”.


La tecnología de la que disponemos es un recurso necesario, que nos ha dotado de una independencia y una capacidad de intervención impensable hace pocos años, devolviéndonos, en buena medida, la autonomía creativa y el autogobierno en la creación y difusión de nuestros contenidos, pero aún con todo, la tecnología, por sí misma, es insuficiente para explicar el crecimiento exponencial del conocimiento libremente accesible en la web.



Las apelaciones universalistas al altruismo y al bien común que conforman el núcleo de la doctrina del copyleft, pasan por alto la complejidad de las motivaciones humanas -tal como ponen de relieve muchos de los últimos estudios en torno a Qué es el altruismo o The drama of the commons- que, lejos de conformarse naturalmente a la celebración del conocimiento compartido o la distribución de los recursos escasos, tiende a comportarse de manera artera y egoista.



¿Cuáles son entonces las condiciones necesarias para que, valiéndonos de la tecnología disponible, como herramienta, propaguemos desinteresadamente nuestro conocimiento y lo compartamos? ¿Existe algún entorno, algún campo, dentro del que resulte plausible y sostenida alguna forma de recompensa por este comportamiento generoso y desprendido? Sí, sin duda: el campo científico.



Los científicos tienen tres incentivos fundamentales: la reputación que  los pares conceden, es decir, el crédito que se deriva de la consideración de sus iguales; el impacto que sus investigaciones alcanzan entre la comunidad científica, medido ya no solamente por el ISI sino por medio de otros mecanismos independientes de evaluación de la ciencia; la difusión nacional e internacional de sus hallazgos. Pues bien, la comunidad científica está de enhorabuena: cuanto más se difundan, abiertamente, sin cortapisas, sus contenidos, mayor índice de impacto alcanzará, mayor difusión internacional y, en consecuencia, mayor reconocimiento, notoriedad y reputación. El open access es una práctica económicamente más lógica -por cuanto la acumulación de capital que procura es la que circula dentro de este campo, la divisa que concede es la del crédito simbólico- en el mundo científico que cualquier otra.

Celebremos, por eso, el conocimiento libre y la extraordinaria expansión de los repositorios formales abiertos y, también, la progresiva penetración y aceptación de otros medios informales de propagación de valiosísimos conocimentos, desde los blogs, los open courses y las obras de referencia y consulta, hasta los videos y conferencias, hasta los archivos de prepints, tesis doctorales o bibliotecas digitales.

Pd. el aforo es, solamente, de mil plazas sentadas, y mucho me temo que será insuficiente para la oleada de público interesado.

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