Locos por los libros (X): Sir Thomas Phillipps o el retrato de una obsesión
En el retrato tomado, seguramente, alrededor de 1860, doce años antes de su muerte, a la edad de 80 años, Sir Thomas Phillipps posa enhiesto y orgulloso, con el rostro relativamente severo y los labios fruncidos, pero con un gesto de íntima alegría o de recóndita satisfacción procurado, seguramente, por una vida dedicada a la persecución de una benigna obsesión, la de acumular todos los volúmenes y manuscritos que encontrara a su alcance, unos 100.000 al final de su vida, cantidad que le convirtió -que aún parece seguir asegurándole ese puesto de honor- en el coleccionista de libros más desmedido de la historia.

En su biografía canónica, Portrait of an Obsession; The Life of the World’s Greatest Book Collector- Sir Thomas Phillipps, puede leerse la divisa que guió su vida entera, la exorbitada ansia de coleccionar libros indiscriminadamente: “quiero tener una copia de cada libro que pueda encontrarse en el mundo”, y desde luego hizo todo lo posible porque la realidad se pareciera todo lo posible al sueño que guió su vida.
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En las páginas que precedían a uno de los muchos catálogos que Phillipps confecciono, puede leerse: “en el acopio de mi colección, comencé comprando todo lo que estaba a mi alcance, instigado por la lectura de informes donde se detallaba la destrucción de muchos manuscritos valiosos”. Esa fue, seguramente, la razón de su sobrenombre, Vello-maniac, el obseso de la vitela, el maníaco del pergamino y de cualquier manuscrito que hubiera sido escrito sobre ese soporte. Muchos de aquellos manuscritos fueron iluminados y adornados con panes de oro que los hurones buscadores de tesoros despedazaban para separar el metal de la piel, pero esa irreverencia y esa abominación era inconcebible para Phillipps, hasta el punto de quiso convertirse en su salvador único y benefactor universal: “no tengo la habilidad para seleccionar, tampoco la resolución para dejar escapar nada aunque fuera de un valor insignificante”.

En Thirlestain House, la mansión donde atesoró buena parte de su biblioteca, escribió: “tal como he dejado dicho, el ardor de la búsqueda se incrementó hasta que me convertí en un perfecto vello-maniac, y pagué cualquier precio que me fuera demandado. No me arrepiento, porque no intentaba solamente obtener buenos manuscritos para mí sino, también, acrecentar su pública etima, de manera que su valor general fuera mejor conocido y, consecuentemente, más manuscritos pudieran ser conservados”.

Phillips, dice su biógrafo, no fue un hombre sencillo, como no lo es ninguno que, ofuscado, se haya entregado con contumacia a una obsesión y viva en pos de su consecución. Phillips fue “vanidoso, presumido, vano, egoista, dogmático, obstinado, litigioso e intolerante”. No le faltaba ninguna gracia ni adorno a su personalidad. De hecho, cuando hizo testamento -y después de que sus negociaciones con Disraeli para que el gobierno británico adquiriese su colección dándole plena potestad sobre su uso y distribución-, dejó dicho que ningún librero ni extraño alguno pudiera cambiar de sitio o reordenar su colección, que ni su hija ni su yerno -al que acusaba de ladrón de manuscritos-, tuvieran acceso a su colección, que ningún católico romano -como buen anglicano-, pudiera acceder a su biblioteca. En el sermón que el reverendo John Fenwick dio en su entierro, refrendando las observaciones de su biógrafo, admitió: “espero que el hombre que nunca agradó a nadie en vida, se las arregle para seguir disgustando a todo el mundo más allá de la muerte”. Los biblómanos son así, tercos, obstinados, irritantes y envidiables.
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cuya llegada pronostica este blog aquí está esta cita sacada de El País del domingo
"En España, por ejemplo, el promedio del cociente de inteligencia ha crecido 10 puntos entre 1970 y la presente década, según un estudio del psicólogo Roberto Colom, de la Universidad Autónoma de Madrid. Lo que influye no son tanto las condiciones externas como el acceso a la educación o a las nuevas tecnologías, sino algo más simple: la alimentación"
P.d:
No responder, no borrar, ¿no leer?… los comentarios de tu propio blog. veo que las cosas finalmente mejoran por aquí)