Observar la lectura

En el Consejo de Ministros de 3 de noviembre de 2006, se aprobó, según consta en el resumen del acta, la creación del “Observatorio de la Lectura y del Libro, que tendrá como objetivo el análisis permanente de la situación del libro, la lectura y las bibliotecas”. Ayer, 9 de junio de 2008, se convocó formalmente al pleno que constituirá ese organismo y se nombró al Patronato que lo conducirá. El Observatorio de la Lectura y del Libro es, a mi juicio, la entidad que deberá abordar alguno de los temas más cruciales que, por esenciales y nucleares, siempre se han postergado o arrinconado, para mejor ocasión.


Me permito enunciar y enumerar alguno de los principales asuntos que, a mi entender, serían temás cruciales que convendría investigar con la enjundia que el tema requiere, asuntos todos que, de una u otra manera, han ido apareciendo en las entradas dedicadas a la lectura:

1. Las encuestas que el Gremio de Editores encargas sufren de serias carestías que lastran el valor de las conclusiones: se nos dice que el 57% de la población lee y se celebra triunfalmente que entre ese porcentaje de supuestos lectores haya un 30% de lectores reticentes, irregulares y escasamente interesados en los libros. Peor aún es que el 43% restante es, simplemente, invisible. Nadie se ha preguntado nunca por qué les resulta impensable a esos millones de personas convertir a los libros en un esparcimiento (al menos) deseable.
2. Cuando algunos trabajos de campo demuestran, además, de manera fehaciente e incontestable, una ferrea relación estadística entre capital cultural y educativo heredado y éxito escolar, entre consecución académica y hábitos de lectura adquiridos en el contexto familiar, y se encarna esa correlación sobre el territorio, arrojando un mapa de diferencias sociológicas irrebatible, nadie parece caer en la cuenta de que los planes de fomento de la lectura no pueden ser indiscriminados, sino que necesitan aplicaciones contextualizadas;
3. Las encuestas de lectura regocijadas del Gremio apuntan que el 91% de los jóvenes lee (sin aclararnos qué se debe a la prescripción y qué al hábito familiar adquirido). En todo caso, nadie quiere reparar en una paradoja lacerante: puede que lea esa cantidad de jóvenes, que lo haga mecánica y forzadamente, pero como PISA se empeña en demostrarnos, existe un trecho casi infranqueable entre la lectura maquinal y la comprensión lectora;
4. Se presume que la enseñanza de la lectura se hace de una vez para siempre, sin matices y de una sola vez, cuando los estudios más avanzados demuestran que es precisamente esa dejadez la que convierte a muchos alumnos de secundaria en analfabetos funcionales que decodifican dificultosamente los textos y nunca alcanzan la fluidez suficiente para comprender lo que leen. La pedagogía de la lectura exige, por tanto, dos niveles o dos velocidades, al menos, con atenciones específicas para cada edad;
5. Existen proyectos europeos de gran calado (Adore-Project) que pretenden desentrañar las causas de la dificultad lectora de muchos de nuestros jóvenes para practicar políticas capaces de rectificar esa propensión. España apenas está representada…

6. Es urgente que comprendamos qué está ocurriendo con los jóvenes lectores que, en gran medida, leen casi exclusivamente en pantalla, fragmentariamente, siguiendo rastros dispersos y desconyuntados. ¿A qué tipo de cerebro y de compresión, de capacidades cognitivas, está dando lugar ese tipo de lectura?;
7. Las bibliotecas escolares siguen siendo un desierto inculto, un espacio desvinculado del resto de las áreas de conocimiento y de la actividad docente. La Ley de la Calidad de la Educación no hizo nada para remediarlo, y en lugar de convertirse en el corazón de un eje transversal que la atravesara desde todas las asignaturas para convertirse en el espacio privilegiado de trabajo e indagación, siguen siendo lo que son, páramos marchitos;
8. Los profesores (sobre todo de secundaria), no tienen una formación específica para la enseñanza de la lectura porque se presupone que la fluidez y las competencias necesarias se adquieren en la educación primaria en bloque, sin resquicios. Todas las evidencias apuntan, sin embargo, a que los diferentes ámbitos de conocimiento troncales requieren de diferentes pericias lectoras -no es lo mismo un texto literario que un enunciado matemático, simplificando-, y los profesores deberían ser sistemáticamente asesorados y preparados para que practicaran esa formación continuada;
9. En el año 2004 la National Endowment of the Arts Survey de los Estados Unidos, realizó una encuesta a nivel nacional sobre las prácticas lectoras de sus ciudadanos, y las conclusiones fueron sintetizadas en un título conciso y extraordinariamente significativo: “La lectura en peligro“. Por nuestros pagos no parece que a nadie inquiete demasiado esta posibilidad;
10. Algunos países occidentales con mejores resultados en los balances de PISA, han puesto en marcha este año campañas nacionales de fomento de la lectura de gran calado, con medidas de largo aliento. Inglaterra y Alemania ya lo han hecho, y yo espero que aquí no tardemos demasiado.

Observar la lectura es uno de los trabajos más interesantes que nos aguardan, y solamente esperamos, impacientes, a que conozcamos las primeras iniciativas.

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