¿Tienen los libros algún futuro?

En la última Feria del Libro de Frankfurt se encargó un estudio en profundidad a la consultora PricewaterhouseCoopers sobre los hábitos de compra y lectura de libros en Alemania y sobre la perduración o no del libro en papel. Los resultados de ese estudio -titulado en alemán Haben Bücher eine Zukunft?, ¿Tienen los libros algún futuro?-, hechos ahora públicos, resultan muy reveladores por cuanto son perfectamente extensibles al resto de sociedades occidentales y refrendan muchas de las intuiciones sobre los posibles futuros del libro que se han venido discutiendo en estas páginas desde hace tiempo.


Una de las principales conclusiones es que a mayor uso de las nuevas tecnologías, mayor nivel de lectura de libros en papel, o viceversa, lo que es tanto como decir que el uso de los soportes no solamente convive armoniosamente, sin exclusión alguna, sino que parece reforzarse mutuamente, a condición, eso sí, de que se posea previamente un nivel de formación escolar propio y unos antecedentes familiares culturales lo suficientemente altos como para haber propiciado a lo largo de los años el hábito regular de la lectura, de la compra de libros, de la costumbre de manejar distintas fuentes para obtener la información que se busca y se necesita.

La dependencia entre los antecedentes familiares -la trayetoria cultural- y la de los hijos se demuestra estrecha y determinante, más aún, se comprueba que la ligazón entre los hábitos lectores de la madre y la predisposición del hijo son categóricos. La buena noticia es que, también en Alemania, las mujeres leen mucho más que los hombres (13.5 libros anuales de media contra 9 por parte de los hombres, y dos tercios de los grandes lectores -más de 24 libros anuales- son, también, mujeres), de manera que la transmisión del hábito y  la costumbre serán más probables. Los resultados de esa predeterminación son curiosos: los hijos de madres lectoras no solamente leen más y usan con más frecuencia la red para instruirse, informarse y divertirse, sino que están mucho más inclinados que los demás jóvenes a gastar sus ingresos en la adquisición de libros, que su horizonte de realización cultural pasa por la inversión en libros de papel y, en consecuencia, que cabe presumir que esa generación de jóvenes lectores ya impregnados por esa práctica, seguirán haciéndolo a lo largo de toda su vida.

En esto de la lectura y su contagio y, por consiguiente, en esto de la perduración y convivencia de los soportes, se cumple a rajatabla la lógica de los círculos virtuosos: cuanto más lector se sea, cuanto más capital educativo se posea y se herede, cuanto más informado se esté y más interactivo con los nuevos medios digitales se actúe, más se leerá (el 38 de los grandes lectores dice leer aún más y utilizar más que antes Internet), mientras que aquellos que menos leen y menos disposición demuestren -por ausencia de motivación y formación preliminar-, menos leerán (el 57% de los no lectores dice leer aún menos que antes). Andamos, pues, hacia sociedades de nuevo divididas internamente entre ciudadanos informacionalmente ricos y acostumbrados a utilizar alternativa y complementariamente los distintos soportes de la escritura -asegurando así temporalmente su pervivencia en las próximas generaciones-, y ciudadanos informacionalmente empobrecidos sin afición ni orientación alguna a usar unos u otros soportes.

El problema, me parece, no está tanto en los posibles futuros del libro, porque todo apunta a que convivirán en armonía, sino a la estricta brecha que sigue agrandándose -en todos los países- entre lectores y no lectores, en unos u otros soportes.

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Comentarios

Cuando escribo aquí me esfuerzo todo lo posible por no parecer que estoy cayendo en la descalificación personal y prefiero centrarme del modo más objetivo que puedo en lo escrito por usted. Digo parecer porque para ser no tengo que hacer ningún esfuerzo ya que tengo la mejor opinión sobre usted. Comprenderá entonces mi perplejidad cuando me veo borrado una y otra vez.

Usted es un usuario activo de internet pero su comportamiento desde luego no es el usual en estos casos. Blogs como el de Félix de Azúa, Federico Jiménez Losantos… y otros muchos acogen en su sección de comentarios auténticas estupideces y barbaridades que, como no podía ser menos, son ignoradas por sus autores. Evidentemente cada cual hace con su blog lo que quiere pero pienso que lo que hacen ellos es lo correcto.

Haga lo que haga, reitero mis ánimos hacia su labor y le agradezco el esfuerzo mantenido a lo largo de los años para que este blog siga vivo. Aquí he encontrado muy buenos enlaces y bastante buena información a veces. Que a uno le den algo así gratis siempre es de agradecer y siempre le leeré.

Saludos

Gracias por dejarnos leer este comentario donde el autor se retrata confesando sus autores favoritos. Y de paso, muchísimas gracias por borrar el resto.

Felicidades por el blog y por el libro que he podido terminar últimamente aprovechando los numerosos transbordos que hay que hacer de Valencia a Estambul ¡y sin necesidad de apagarlo en los despegues!

(requerido)

(requerido)


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