Los objetos digitales y el futuro de la educación

Reconozco que fui uno de esos pésimos estudiantes que suspendió la asignatura de física y la de matemáticas sistemáticamente. Ahora que puedo contemplar las cosas con cierta perspectiva y cierta calma -durante mucho tiempo la pesadilla de un examen imprevisto me atormentaba-, sé que en buena medida mis aptitudes son realmente limitadas en cuestiones numéricas y espaciales pero sé, también, que los métodos que por entonces se utilizaban para explicar determinados conceptos y el comportamiento de algunas variables, se parecían más a los que rigen la comunión de los creyentes que a una comunidad científica. ¿Qué ocurriría, por ejemplo, si en vez de un texto al que le acompañara un simple dibujo sobre el funcioamiento de una polea -por centrarme todavía en la física- contáramos con un conjunto de objetos digitales que representaran esa situación y que pudieran agruparse, reagruparse y parametrizarse tal como el profesor deseara produciendo diversas situaciones posibles y reproduciéndolas indefinidamente? Y qué decir del cubo, ese paralelepípedo cuyas tridimensionalidad se me atragantó toda mi vida escolar. Buena parte del futuro de la educación, y de los libros de texto, por tanto, pasarán, sin duda alguna, por la generación de objetos digitales.


Esto parece ser tan cierto que Red.es, el Ministerios de Educación y el Ministerio de Industria, han puesto en marcha el proyecto AGREGA, que no es otra cosa que una biblioteca o un repositorio de objetos digitales de libre uso y acceso divididos por materias y niveles.

¿Cómo puede definiirse un objeto digital de aprendizaje? Según la National Learning Infraestructure Initiative, son “recursos digitales modulares que son unívocamente identificados y contienen metadatos, pudiendo ser utilizados como soporte para el aprendizaje”. David A. Willey, en su Connecting Learning Objects to Instructional Design Theory, decía que se trataban de “cualquier recurso digital que pueda ser reutilizado para apoyar el aprendizaje”. La idea principal de los objetos digitales de aprendizaje sería, entonces, “romper en pequeños pedazos el contenido educativo para que pueda ser reutilizado en distintos entornos de aprendizaje…”. Y si queremos una definición que se atenga a los estándares internacionales(IEEE 1484.12.1-2002, 15 July 2002, Draft Standard for Learning Object Metadata, IEEE Learning Technology Standards Committee (LTSC)), deberíamos hablar de “cualquier entidad, digital o no digital, que pueda ser usada para el aprendizaje, la educación o la formación”.

La construcción de objetos digitales entraña una aproximación muy distinta a la que puede propiciar un libro de texto tradicional al menos de cuatro maneras:

  • representan una manera completamente distinta de pensar en los contenidos del aprendizaje. Tradicionalmente, el contenido se ofrecía en una sola pieza, de una sola vez, en una clase de duración aproximada a la hora, pero ahora, mediante su conversión a formato digital, puede convertirse en pequeñas unidades de aprendizaje de menor duración;
  • son objetos autocontenidos, que pueden ser tomados y escogidos, por tanto, de manera independiente;
  • al ser independientes, son reutilizables, remezclables, reaprovechables;
  • son, por tanto, susceptibles de ser reunidos o invocados en configuraciones muy diversas, continuamente distintas, en función de las necesidades que el profesor detecte;
  • los objetos están etiquetados, marcados, de manera que cada uno de ellos posee una información que lo describe precisamente facilitando su ubicación.

Como ya expuse en una ocasión anterior, existe además toda una teoría que sustenta la conveniencia de una sustitución progresiva de los soportes, del libro de texto en papel al digital, porque sólo este último sería capaz de adaptarse, con la flexibilidad que un aula compleja requiere, a las diversas inteligencias de los alumnos de una clase.

Por una vez, y espero que sirva de precedente, con el proyecto AGREGA nos encontramos a la cabeza de lo que la tecnología digital nos permitiría hacer, aunque ese cambio deberá venir acompañado por transformaciones en absoluto menores: la de la propia industria editorial, que deberá substituir soportes, competencias y maneras de hacer; la de los enseñantes, que deberán abandonar la muletilla de los libros de texto para implicarse dinámicamente en la enseñanza; la de los espacios docentes, que deberán reconfigurarse espacialmente para acoger la nueva dinámica de trabajo. Todo un reto por delante.

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Comentarios

Hola Joaquín;

Muy interesante el post. Sin duda planteas cuestiones de gran importancia no sólo para “los futuros del libro”, sino también para “los futuros” de aquellas instituciones que tradicionalmente han realizado “uso y abuso” del libro. Y la escuela, y también la universidad, son un claro ejemplo. Durante siglos las instituciones educativas han utilizado este formato como algo sagrado; todo lo que quedaba publicado tenía un aura de irrefutable, de ser cierto, de ser, en última instancia, incuestionable.

Durante los días 3, 4 y 5 de julio he tenido la oportunidad de participar en el III encuentro de Edublogs en Santiago de Compostela y mucho de lo que comentas en tu post fue saltando a la palestra en las distintas comunicaciones, ponencias y talleres que se llevaron a cabo. De hecho comparto contigo que cualquier campo fruto de la aplicación de las TICs (especialmente de los que se avecina con la web 2.0) tendrá que “venir acompañado por transformaciones en absoluto menores: la de la propia industria editorial, que deberá sustituir soportes, competencias y maneras de hacer; la de los enseñantes, que deberán abandonar la muletilla de los libros de texto para implicarse dinámicamente en la enseñanza; la de los espacios docentes, que deberán reconfigurarse espacialmente para acoger la nueva dinámica de trabajo.”

Ahora bien, mi pregunta va un poco más allá: ¿qué cambios o transformaciones crees que deberán producirse en nuestras queridas instituciones educativas? ¿Son, por ejemplo, la escuela o la universidad, tal y como hoy las conocemos, compatibles con esta forma dinámica de entender el conocimiento?

Nada más, gracias por tu post,

Hola Jon,

no tengo la respuesta a la pregunta que planteas, pregunta sin duda clave. En todo caso, lo cierto es que a la adopción de las nuevas tecnologías en el aula deberá acompañar una reconfiguración del espacio de interacción entre los alumnos, por una parte, y entre los alumnos y el profesor, por otra. La reconstrucción de ese espacio, en todo caso, debería propiciar, según dicen los especialistas, la interacción entre grupos heterogéneos de alumnos (tanto por formación como por lengua y origen étnico), en disposiciones circulares que favorezcan el intercambio, la mezcla y la interactividad. Esos grupos de trabajo deberían estar tutelados por un profesor, o un adulto, o un supervisor de algún tipo, que rigiera y condujera, de alguna manera, su trabajo. Quizás un buen ejemplo de ello sea el CRA Ariño-Aroza http://craarino.educa.aragon.es/weduca/ por su mezcla del uso de las nuevas tecnologías y de la construcción de comunidades de aprendizaje.

Un artículo claro y clarificador Joaquín. ¡Te felicito!

El proyecto AGREGA es sin duda una buena idea, pero ¡ojo! la idea sí es buena, habrá que ver el origen de esos objetos de aprendizaje que, en muchas ocasiones, me consta que han sido encargados a empresas especializadas en la creación de material didáctico (léase editoriales entre otras) con encargos concretos y unos plazos de entrega muy ajustados. Esto no es malo en sí mismo pero, tal vez, se pierda un poco la esencia de la filosofía de un buen objeto de aprendizaje: partir de la necesidad concreta del alumnado para ser atajada por el profesorado. Para ello, un buen objeto de aprendizaje debería contar también con el asesoramiento de maestros y profesores con experiencia en el uso didáctico de la TIC para hacer que esos objetos den respuestas reales, concretas y creativas a aquellas necesidades para ser convertidas en conocimiento.

Totalmente de acuerdo con el reto que planteas sobre las transformaciones necesarias:

"…la de la propia industria editorial, que deberá substituir soportes, competencias y maneras de hacer; la de los enseñantes, que deberán abandonar la muletilla de los libros de texto para implicarse dinámicamente en la enseñanza; la de los espacios docentes, que deberán reconfigurarse espacialmente para acoger la nueva dinámica de trabajo"

Y si esa transformación viene coordinada por los agentes implicados con responsabilidad en la utilización de los ODA, mejor que mejor: Ministerio de Industria + Ministerio de Educación + Consejerías correspondientes de la Comunidades Autónomas…

De acuerdo también con la sustitución PROGRESIVA de los soportes para poder ir adaptandonos a las inteligencias múltiples del alumnado.

Con tu permiso comentaré el artículo en mi blog.

Saludos.

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