El futuro de la economía en Internet

El pasado mes de junio, entre los días 17 y 18, se celebró en Corea del Sur la cumbre mundial sobre el futuro de la economía en Internet. Ahora que se publican las actas de la reunión, un mes después, podemos valorar las conclusiones no vinculantes a las que la comisión de la OCDE ha llegado, conclusiones que cada Estado deberá implementar, dotar y desarrollar a discreción.

Me parece que uno de los asuntos más interesantes, al menos para las industrias de contenidos y, por extensión, para la industria editorial, es la definición que puede encontrarse en en el Anexo E  “Guía de políticas para los contenidos digitales” del documento Shaping policies for the future of the economy of Internet:

“El contenido digital se ha converitdo en un factor progresivamente más importante y dominante para el desarrollo económico y social. Las comunicaciones de alta velocidad, los anchos de banda incrementados para la subida y bajada de contenidos, los precios de acceso decrecientes, la convergencia entre redes previamente diferenciadas, la innovación en nuevos dispositivos y aplicaciones y la rebaja en las barreras de entrada, traerán consigo nuevas maneras de crear, distribuir, preservar y acceder a los contenidos digitales“. Esta definición entraña aquella que hace ya bastante tiempo proporcionara Roger Chartier, lo que él denominara la transformación de los tres órdenes o, lo que es lo mismo, la metamorfosis simultánea e irreversible en la manera en que generamos los contenidos y los entendemos; la forma en que los hacemos circular y los encadenamos a una madeja cada vez más grande de contenidos precedenes o coetáneos; las posibilidades inéditas que se abren al consumo y entendimiento de esos nuevos conglomerados de contenidos generados por adición y concatenación.

El comunicado, en su Anexo E, continúa diciendo: “a medida que las economías se mueven hacia modelos más intensivos en la explotación del conocimiento, más ricos informacionalmente, el contenido que se crea, recoge, gestiona, procesa, almacena, distribuye y al que se accede está extendiéndose hasta formar un conjunto de industrias que contribuyen al incremento de la innovación, el crecimiento y el empleo. El contenido digital está convirtiéndose en una parte fundamental de la investigación en ciencias de la salud, en la educación y los servicios sociales, en los servicios relacionados con el conocimiento, la cultura y la governanza. Estimula, igualmente, la participación y la creatividad de los usuarios”. Es decir, las cadenas de valor no son, y ya no lo serán nunca, las mismas que en la era predigital de creación y distribución de contenidos, y los nitermediarios, los editores en nuestro caso, deberán aprender a convivir con una realidad que estimula la participación y la convierte en parte esencial de la generación de ese valor.

“ESTAMOS DETERMINADOS -puede leerse en The Seoul declaration for the future of internet economy- a trabajar juntos para promover el acceso ubicuo a las redes y servicios de información permitiendo la extensión de la participación en la economía de internet. La expansión subsiguiente de la economía de internet reforzará la circulación libre de la información, la libertad de expresión, y la protección de las libertades individuales como componentes críticos de las sociedades democráticas y de la diversidad cultural”.

Ojalá sea así, cuanto antes mejor.

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