Bookmobile 2.0. o la distribución digital que se avecina

Hace ya mucho tiempo (a mí me lo parece), en enero de 2007, di cumplida cuenta de una interesante iniciativa relacionada con la impresión digital de libros, a caballo entre la alternativa real a la industria editorial predigital y la añoranza hippie del mundo visto desde una furgoneta Volskwagen que recorría las costas doradas de California. Hoy podemos ya hablar del Bookmobile 2.0., la versión plenamente actualizada de aquella iniciativa pionera.


En estos días de finales del mes de julio, precisamente, cuando muchas distribuidoras de gran tamaño y extraordinaria capacidad operativa intentan abastecer los pedidos que la campaña del libro de texto exige, quedan temporalmente aplazadas las preocupaciones que atenazan el resto del año a editores y distribuidores. Que me perdone quien corresponda por ser supuesto pájaro de mal agüero en tiempos de aparente bonanza pero, ¿cómo seguir soportando, a estas alturas, los sobrecostes de las tiradas industriales iniciales que deben abastecer, casi siempre arbitrariamente, los puntos de venta, las devoluciones ingentes, los costosos almacenajes, las demoras en el reparto de los pedidos, los agotados y descatalogados?



Ni siquiera la venta a través de librerías virtuales representa una solución plausible que pueda aminorar la presión sobre los pequeños editores, tal como puede leerse en la prensa británica, porque si a uno se le ocurriese utilizar esa canal debería soportar los costes industriales de las tiradas preliminares, el descuento del 55% que la librería aplica más los costes de transporte hasta los almacenes de la multinacional. Así que, como reza el cartel concebido para anunciar la noticia, irían dados…



El Bookmobile 2.0. es una iniciativa liderada por OverDrive, una empresa dedicada al desarrollo de tecnologías digitales aplicables al mundo del libro en cualquiera de sus ámbitos. La New York Public Library, biblioteca pionera en todos los sentidos, posee una colección digital que será impresa y distribuida a través de esta imprenta sobre ruedas. De hecho, si alguien anda el próximo 10 de agosto por el Central Park, podrá comprobar en directo su funcionamiento, una actividad que no se limita a la mera impresión bajo demanda sino, más allá, a la prestación de toda clase de servicios relacionados con los contenidos que hayan sido previamente digitalizados (audiolibros, libros electrónicos, etc.).



Puede que algunos piensen que se trata de una mera anécdota que no cabe generalizar, un invento utilizable solamente para libros que pertenezcan al dominio público -o para obras cuyos autores deseen que sean distribuidas de una manera distinta, añadiría yo-, pero creo que cabe pasar a la categoría cuando nos enteramos que la American Booksellers Association (nuestra Cegal) está promoviendo la impresión bajo demanda en los puntos de venta, de momento mediante el acuerdo puntual con algunas editoriales independientes afectas al dominio público, pero extensible en el futuro a cualquier clase de contenido.



La distribución digital se avecina, lo que entre otras cosas aseguraría la perduración del soporte papel y la supervivencia de todos los sufridos editores cuya estructura de costes está innecesariamente lastrada por procedimientos y convicciones industriales periclitados.

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