¿Nos hace Internet más tontos?

Durante este verano de calores y desidias, desenchufado del mundo, he podido constatar, sin embargo, que en la prensa internacional existe una preocupación compartida por las profundas transformaciones que los soportes digitales ocasionan en nuestros hábitos cognitivos, en nuestras prácticas lectoras. De hecho, a uno y al otro lado del Atlántico, he podido leer largos y enjundiosos artículos que se preguntan si Internet no nos estará haciendo más tontos, si, como reprochaba Sócrates en el “Fedro” a propósito de la invención de la escritura alfabética y el uso de los nuevos soportes, no estaremos alcanzando un conocimiento vacuo y vaporoso, superficial, de las cosas, en la ficción de superficialidad e inmediatez que Internet propicia.


El semanario alemán Der Spiegel de mediados del mes de agosto abría su portada preguntándose, Macht das Internet Doof?, ¿nos hace Internet tontos?. Y al mismo tiempo, al otro lado del océano, la recomendable revista norteamericana The Atlantic, se cuestionaba sin miramientos, haciéndose eco de la pregunta anterior: Is Google making us stupid?, ¿nos está entonteciendo Google?.


Ambas preguntas, más allá de la provocación periodística, son perfectamente pertinentes, porque constatan lo que los neurolingüistas llevan ya algún tiempo avisándonos y lo que los psicólogos han refrendado inequívocamente en teorías como la de la Cognitive Load Theory: nuestro cerebro es incapaz de procesar el aluvión de información que recibe cotidianamente, y la supuesta capacidad para gestionar simultáneamente varios procesos distintos es, simplemente, falsa; la configuración actual de nuestro cerebro está ligada a la práctica y ejercicio de la lectura tradicionales, sucesiva y procesual, basada en el encadenamiento de razones y la aportación de pruebas, en la reflexión retirada y recogida, solitaria y sostenida en el tiempo, no en el seguimiento intermitente y discontinuo de los enlaces de un texto digital que nos abocan a una lectura entrecortada y defectuosa, incompleta, nunca superior al 20% del texto que encontramos en una página.

¿No afectará por tanto ese tipo de lectura propiciado por los nuevos soportes a nuestras capacidades cognitivas?, ¿no nos estará embruteciendo la lógica inherente al texto digital?, es la pregunta que se formulan dos semanarios solventes, recogiendo -aunque no lo sepan-, las mismas preocupaciones que Sócrates expresaba a Fedro cuando criticaba abiertamente al texto escrito como simulacro del verdadero conocimiento, como artilugio capaz, a lo sumo, de generar vagas y falsas reminiscencias del objeto real.

Hasta tal punto parece esto cierto -aun cuando la evidencia empírica en la bibliografía profesional se ciña, por ahora, a los estudios de Maryanne Wolf-, que en los Estados Unidos, por ejemplo, el selecto Penn Club de Manhattan, organiza seminarios para profesionales y ejecutivos donde está estrictamente prohibido el uso de cualquier dispositivo electrónico que pueda alterar su atención, en la esperanza de reconstruir un entorno que favorezca la concentración y la meditación; muchas grandes empresas multinacionales, como Intel, han introducido un programa denominado Quiet time, que tiene como objeto -como si se tratara de un descubrimiento desusado y excepcional- establecer un tiempo de introspección y recogimiento obligatorio -los martes por la mañana- para que sus ingenieros se dediquen a pensar, no a contestar correos electrónicos o a perseguir confusamente un concepto en una selva inextricable de enlaces.

De lo que la mayoría se queja, precisamente, es de haber perdido la capacidad de seguir un razonamiento escrito extenso, expresado de manera sucesiva, a lo largo de las páginas de un libro o un artículo en papel, de haber perdido la competencia necesaria para concentrarse y dedicar el tiempo necesario a la elucidación de un argumento complejo, acostumbrados todos al bombardeo inclemente de los correos electrónicos, infoxicados por una marea incontenible de nueva y constante información. Es posible, como Maryanne Wolf exponía en Proust and the squid, que nuestro cerebro, como órgano plástico que es, acabe adaptándose a esta nueva demanda, convirtiéndose en un nuevo tipo de cerebro, el cerebro digital, pero, ¿qué habremos perdido por el camino?, ¿nos habrá vuelto Internet más tontos?

Y a propósito: bienvenidos a este nuevo curso.

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Comentarios

Bienvenido a este nuevo curso Joaquín.

Comparto tus porqués sobre la pertinencia de estas cuestiones: pensar más, y mejor (yo le llamo a eso pensodromear ;) , desinfoxicarnos, e insumir lo necesario en dilucidar argumentos complejos. ¿Nos adaptaremos? Quizá; y si no nosotros, seguro que los que vendrán… ¿Que perderemos cosas por el camino? La evolución es ganar en algunos aspectos, y perder en otros: me pasa sobre todo cuando quiero trepar a los árboles: mira que cuando los encaro, de algún recoveco profundo de mi ADN me asalta conocimiento trepador; y aunque tengo un recuerdo hondo de lo que era saltar de rama en rama, termino rindiéndome a la evidencia de que los últimos 50.000 años han limitado bastante mi capacidad de trepar, de asir ramas con los dedos de mis pies, y estabilizar el balanceo de mi peso con el coxis.

No sé si Internet nos vuelve tontos o no. Seguramente le afecte a ciertas personas, con ciertos usos y ciertas costumbres de navegación y lectura… Sócrates lo expresa con claridad: "La idea de que de las letras derivará algo incierto y permanente, está probablemente llena de gran ingenuidad y desconoce la profecía de Ammón, al creer que las palabras escritas son capaces de hacer algo más que de hacerse recordar a quien conoce el tema sobre el que versa lo escrito. Pues eso, Fedro, Lo terrible que tiene la escritura, y que es en verdad igual a lo que ocurre con la pintura. En efecto, los productos de ésta se yerguen como si estuvieran vivos, pero si se les pregunta algo, se callan con gran solemnidad. Lo mismo les pasa a las palabras escritas. Se creería que hablan como si pensaran, pero si se les pregunta con afán de informarse sobre algo de lo dicho, expresan tan sólo una cosa que siempre es la misma. Por otra parte, basta con que algo se haya escrito una sola vez, para que el escrito circule por todas partes lo mismo entre los entendidos que entre aquellos a los que no le concierne en absoluto, sin que spa decir a quienes les debe interesar y a quienes no. Y cuando es maltratado, o reprobado injustamente, constantemente necesita de la ayuda de su padre, pues por sí solo no es capaz de defenderse ni de socorrerse a sí mismo". Otras personas -como sigue Sócrates a continuación- "participan de un discurso hermano legítimo a éste. Aquel que unido al conocimiento se escribe en el alma del que aprende; aquel que por un lado sabe defenderse a sí mismo, y por otro hablar o callar ante quienes conviene”.

Me gusta que separes la cuestión de si "Internet no hace más tontos", de la de si "Google nos atonta". Ya que aunque Google sea una corporación montruosa, no es en sí misma Internet. Que una cosa puede ser un barco acorazado, y otra el vasto océano. Siguiendo esta analogía, es lógico que para muchos tripulantes del acorazado, saber de marinería no sea tan necesario como para los de una goleta. Pero el océano es el mismo para todos y, como se comento en Robinson Crusoe, está compuesto por muchas gotas de agua. Internet, en definitiva, según su uso atonta o no; y lo mismo ucede con la lectura de libros: según. Y, en relación a si Google nos atonta (o nos "atolonta"), en tanto que servicio en línea, depende también de como nos sirvamos de él…

“Este conocimiento, oh rey, hará más sabios a los egipcios y aumentará su memoria. Pues se ha inventado como un remedio de la sabiduría y la memoria”. “Oh Theuth -replicó aquel-, excelso invetor de las artes, unos son capaces de dar al ser a los inventos del arte, y otros de discernir en qué medida son ventajosos o perjudiciales para quienes van a hacer uso de ellos. Y ahora tu, como padre que eres de las letras, dijiste con cariño a ellas el efecto contrario al que producen. Pues este invento dará origen en las almas de quienes lo aprendan al olvido, por descuido del cultivo de la memoria, ya que los hombres, por culpa de la confianza en la escritura, serán traídos al recuerdo desde fuera, por unos carácteres ajenos a ellos, no desde dentro, por su propio esfuerzo. Así que, no es un remedio para la memoria, sino para suscitar el recuerdo lo que es tu invento. Apariencia de sabiduría y no sabidurçía verdadera procuras a tus discípulos. Pues habiendo oído hablar de muchas cosas sin instrucción, darán la impresión de conocer muchas cosas, a pesar de seer en su mayoría unos perfectos ignorantes; y serán fastidiosos de tratar, al haberse convertido, en cez de sabios, en hombres con la presunción de serlo”.

“Hasta que no se conozca la verdad de todas y cada una de las cosas sobre las que se habla o se escribe; se tenga la capacidad de definir la cosa en cuanto tal en su totalidad; se sepa, después de definirla, dividirla en especies hasta llegar a lo invisible; se haya llegado de la misma manera a un discernimiento de la naturaleza del alma; se descubra la especie de discurso apropiada a cada naturaleza; se componga y se adorne según ello el discurso; aplicando discursos abigarrados y en todos los tonos al alma abigarrada, y simple a la simple; hasta ese momento, en la medidas que la lectura sea tratada, en la medida que lo permite su naturaleza, con arte, tanto en su aplicación a la enseñanza como en su aplicación a la persuasión”.

Lo lector de la lectura…

Qualia [singular: quale, en latín y español]. Término filosófico que define las cualidades subjetivas de las experiencias mentales. Por ejemplo, la rojez de lo rojo, o lo doloroso del dolor.

Los qualia simbolizan el "gap" (hiato) explicativo que existe entre las cualidades subjetivas de nuestra percepción y el sistema físico que llamamos cerebro. Las propiedades de las experiencias sensoriales son, por definición, epistemológicamente no cognoscibles en la ausencia de la experiencia directa de ellas; como resultado, son también incomunicables. La existencia o ausencia de estas propiedades es un tópico calurosamente debatido en la filosofía de la mente contemporánea.

Los Qualia han jugado un rol importante en la filosofía de la mente, principalmente porque son vistos como una refutación de facto del fisicalismo. Hay un debate sobre la precisa definición de los qualia dado que varios filósofos enfatizan o deniegan la existencia de ciertas propiedades.

Bienvenido de vuelta Joaquín .Ya te echábamos de menos.

Yo creo que el problema tiene cierta similitud a cuando aparecieron las calculadoras para el consumo masivo. El sentido común decía que un niño no debía usar la calculadora hasta que no hubiese aprendido las cuatro regla y los fundamentos del cálculo mental (aunque la pereza apoyada por alguna teoría pedagógica "vanguardista" estableciese la inutilidad de aprender ya las tablas de multiplicar)

Ahora con los ordenadores e Internet estamos proporcionando a los niños unas herramientas mucho más potentes que inciden en el aprendizaje de las habilidades básicas, no solo la del cálculo, antes de que las hayan adquirido. Si el uso de Internet tiene el efecto, indicado en los artículos comentados, en adultos maduros y formados (pérdida de atención, capacidad de concentración etc. ), que efecto no tendrá en los niños en formación.

En el programa de Alfabetización Tecnológica impulsada por la Alianza para la Infancia ( ver más información en http://twinam.blogspot.com/2008/11/ordenador-e-infancia.html ) propone como primer punto:

"Concentrarse en desarrollar el propio poder interior de los niños, sin

explotar el poder exterior de la máquina en la primera infancia y a lo largo de toda

la escuela Primaria"

Por tanto, la pregunta de si Internet nos está volviendo tontos debería ser más bien ¿Vamos a renunciar a nuestras cualidades intelectuales humanas por esos cantos de sirena, promesas de nuevas facultades que nos traerá la evolución en brazos de las máquinas?

Yo ya "procrastinizaba" ideas antes de que apareciera la internet y tampoco me podría haber considerado una proeza lectora que digamos. En ese sentido no sé si internet me esté inoculando algún bichito procrastinador subliminal en el cerebro que ahonde mi condición procrastinadora y si sea recomendable “bajarme” un programa desprocrastinizador de la competencia (¿cuál tratándose de un monopolio?); tampoco sé si haya ganado puntos en el ranking de bobería, lo que sí he observado son ciertas ventajas gracias al arte de navegar, como el mejoramiento de mi conocimiento léxico y ortográfico, he contactado personas a quiénes ni remotamente soñaba conocer y en países diversos, con la riqueza y variedad cultural que ello implica.

Admito lo deficiente de gran parte de los contenidos en la red, es duro pagar la ingenuidad inicial pero los golpes me han enseñado a seleccionar con más minuciosidad los contenidos, gracias a ello he podido encontrar tutoriales gratuitos, o también información alternativa a la de los medios convencionales que, salvo honrosas excepciones, sólo gira en función a lo que los amos de los medios nos quieran vender, información diseñada de manera simplona, esquemática, global, machacona, con alto contenido de acción y emociones rayando en lo culebronesco. Desconfío de aquello que no admita contrastes, me desintereso de los blogs que se limitan a copiar textualmente porque eso idependientemente de lo interesante que pueda ser la fuente original, no implica esfuerzo alguno. Navegar me ha permitido además contrarrestrar esa abominable mentalidad de los correos indeseados, correos cadena que no cuestan a sus reenviadores sino dos o tres apretones del ratón y cuyos contenidos abundantes en dibujitos, rositas, música, pseudopoesía, son en su mayoría sosos y muchos falsos (hoax). No fuera la existencia de páginas que se nota la cultura de sus dueños y el empeño en presentar la información con calidad, páginas valientes, independientes que no se venden al mejor postor, páginas interesantes como ésta por ejemplo, estaría quizás sucumbiendo al automatismo de reenviar cadenas en la falsa creencia de “limpiar al mundo de vibras negativas”. Otra gran ventaja de la técnica digital es que ha permitido combinar medios para desarrollar trabajos altamente creativos, permitiendo a artistas noveles el mostrar sus trabajos sin la necesidad de intermediarios.

El lado poco favorable de la internet (yo extendería al automatismo digital en general) es el haber desplazado las habilidades manuales entre ellas la caligrafía por ejemplo, hay actividades físicas, deportes que se practican frente a una pantalla, por poco no inventen la natación virtual para el consumidor estandar. Es paradógico que el avance tecnológico haya atrofiado, en gran parte en las nuevas generaciones, su sentido crítico, su capacidad de síntesis, su disposición para el esfuerzo, su necesidad de expandir sus horizontes, es increible la facilidad para asimilar y manejar nuevas tecnologías, así como la facilidad para desechar conocimientos (Know how) y aparatos en un santiamén a la caza de novedades y al mismo tiempo asombra ver cómo el facilismo, la inmediatez y la carrera contra el tiempo han permitido crear una ortografía mutante de corte reduccionista. La capacidad investigadora se ha reducido a buscar información en la red, y copiarla en su totalidad sin procesarla, ni evaluar si corresponde medianamente a lo solicitado, como ponen en ese artículo de esa revista alemana, hasta en trabajos de doctorado copiaron sin empacho traducciones malísimas.

Al estar constantemente enchufados, on-line en el argot digital, el lado nada favorable de éstas tecnologías (ordenador, portátiles, sistemas de navegación, móviles sin y con función para generar imágenes, etc.) es que se es detectable, localizable, espiable. Llegará el tiempo de los nano implantes en que no se tendrá privacidad ni en los propios pensamientos.

¿Y nos hace la internet más tontos? ¿nos hacen los juguetes digitales seres más evolucionados?

If I had a penny for every time I came here.. Superb article.

Heh I’m literally the only comment to this amazing article!?

If I had a nickel for every time I came here.. Great read!

[...] la misma pregunta que había encontrado en algunas revistas y semanarios internacionales: ¿nos hace Internet más tontos? El artículo de Nicholas Carr en The Atlantic, Is Google making us stupid?, abrió un periodo de [...]

Buenísimo esto que leo, y sus respuestas… Y yo, que pertenezco a la cultura clásica del papel, de la atención, el silencio… ¡voy y tengo la ocurrencia de inventarme un experimento para La Red! Pinchando sobre mi nombre… Axiología —valores humanos— y socioeconomía. Espero que os guste ese experimento, o al menos el cuento “Isla Cincuenta”. Gracias por leerme.

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