La evolución de Kindle y los libros de texto electrónicos

Desde finales del mes de agosto se viene especulando en las páginas de algunos de los blogs tecnológicos más prestigiosos, con la posibilidad de que Amazon haga evolucionar su libro electrónico propietario de dos maneras: fabricando una nueva versión, la 2.0, cuya forma y manejo mejoraría, dirigida al púbico lector general, y un nuevo dispositivo dedicado, exclusivamente, a la lectura y consulta de libros de texto para las escuelas.


Aunque Amazon no lo haya confirmado oficialmente en su página web, dos indicios apuntan a que la noticia adelantada por Techcrunch pueda ser cierta: en primer lugar, el precio de la primera versión del dispositivo se ha reducido un tercio respecto a su precio original (mediante un programa de adhesión que procura un descuento de 100$), de manera que eso parece anunciar la necesidad de deshacerse de una mercancia (aun cuando se hayan vendido, hasta el día de hoy, unas 250.000 unidades) antes de lanzar la siguiente. Por ahora, lo único que se adelanta es que mantendrá las mismas características que el actual, pero mejorarán su morfología y sus funcionalidades. El modelo de negocio, sin embargo, parece permanecer intacto, en la confianza de que un volumen de contenidos similar al que Amazon distribuye es razón suficiente para adquirir un dispositivo con tecnología propietaria.

En la Feria del libro de Sevilla del mes de mayo, tuve la oportunida de hablar con Juan González, Director de I+D Factor Innovación, distribuidor de Papyre en España y abogado, por tanto, de la introducción y uso masivos del libro electrónico. El se manifestaba convencido de que si el precio del soporte electrónico tendiera a cero, de manera que se cobrara por la distribución y descarga de los contenidos pero no por la adquisición del dispositivo, sería omnipresente en nuestras vidas. Amazon, sin embargo, no parece opinar lo mismo, porque su modelo de negocio sigue estando firmemente basado en el doble beneficio que procura la venta del libro electrónico y la distribución y descarga del contenidos elegido.

El segundo de los amagos con los que Amazon nos advierte es el de la fabricación de un soporte que haga competencias a los Tablets PC que ya sirven como pizarras electrónicas en diversos colegios que sirven de avanzadilla a lo que tiene, obligatoriamente, que llegar: la cifra de negocio es de tal magnitud (unos 5500 millones de $) que si un solo distribuidor consiguiera convertirse en el único catalizador de contenidos educativos, se convertiría, sin duda alguna, en el gigante indiscutible de la venta de contenidos escritos en la red (ya lo es, de hecho, mañana contaré otra sabrosa noticia relacionada con el cíclope amazónico), pero ese sobredimensionamiento aplastante no me parece ni bueno ni justificado.

¿Por qué habría de existir un solo fabricante de libros de texto electrónicos? ¿Deberíamos amarrarnos a un único proveedor global de contenidos educativos y esperar a que impusiera sus condiciones comerciales? ¿En qué mejorarían sus prestaciones respecto a las pizarras electrónicas que ya existen? ¿No es más plausible y comercialmente saludable que en este caso exista pluralidad en los soportes disponibles y en quienes los producen? ¿Es la bulimia digital del Kindle algo más que una gran operación mercantil?

Como Charles Darwin en las Galápagos, permaneceré atento a los mecanismos de la selección natural.

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