La generación Google

Muchas de las investigaciones sobre el comportamiento de los usuarios de la web que se están realizando en poblaciones de personas nacidas posteriormente al año 1993 -los llamados digital natives o, también, generación Google- están poniendo de manifiesto un tipo de relación con la información que tiene profundas repercusiones sobre la manera en que creamos, almacenamos, catalogamos, publicamos y hacemos circular la información. También, sobre los criterios que los lectores y usuarios utilizan para determinar la autoridad de un texto, su relevancia, su adecuación a sus necesidades y su veracidad.


Los descubrimientos que por ahora se han realizado no son, exactamente, tranquilizadores: aún cuando solamos utilizar como sinónimo el acceso generalizado a las tecnologías de la información con el de competencia informacional, no son en absoluto lo mismo. La democratización en el acceso no ha llevado, según se apunta en libros como The University of Google, Information in the (post) information age, a un incremento parejo del conocimiento de las fuentes y de su jerarquía diferencial, del lenguaje de las búsquedas y de la complejidad de su sintaxis, de la capacidad para evaluar su credibilidad y pertinencia. Al contrario: parece que, cuanto más familiaridad se tiene con el nuevo medio digital, más se carece de las competencias básicas de gestión de la información.



La investigación sobre los logs (las conexiones) en el uso de determinados sitios que ofrecen información contrastada, arrojan una visión también algo desasosegante: es muy escaso el tiempo que se permanece en un sitio, a penas unos minutos, nunca suficientes para visualizar el contenido completo de una página, menos de un árticulo concebido para el formato arcaico de la revista en papel, y el usuario tiende siempre a tender puentes horizontales entre páginas persiguiendo las sugerencias caóticas que los enlaces le proponen. La lectura como ejercicio de procesamiento sucesivo es un arquetipo en extinción.




La generación Google tiene dificultades para utilizar en sus búsquedas otro lenguaje que no sea el natural, pretende obtener respuestas inmediatas a las preguntas que plantea, posee una idea muy precaria de la cartografía y funcionamiento de la web, menos aún de los arcanos que gobiernan el funcionamiento de los buscadores, y solamente utiliza interfaces que sean absolutamente simples en su concepción y presentación de resultados, de forma que, como en un círculo virtuoso, encuentran en los buscadores comerciales (en Google, particularmente), la satisfacción plena a su bulimia informativa.

A estas innegables carencias -me atrevo a llamarlas así, lejos de la complacencia de observarlas, tan sólo, como nuevos e incuestionables hábitos-  solamente se puede responder -como han destacado algunos trabajos de campo- desde una alfabetización informacional muy temprana, integrada en los planes de estudios primarios, porque cualquier estrategia formativa que aplace esa enseñanza hasta la formación superior o universitaria, no será ya capaz de erradicar hábitos profundamente incorporados.



Es incuestionable que todos estos cambios tendrán una repercusión sin precedentes sobre las bibliotecas -que pierden, o pueden llegar a perder, su clásico papel de intermediadoras entre el conocimiento y los usuarios, regidas por un principio de ordenación de las materias ajeno a la inevitalbe mixtura de las fuentes en la red-, sobre los editores -que no serán ya quienes decidan, únicamente, qué y cómo debe publicarse algo- y sobre los distribuidores en un sentido amplio, porque los nuevos soportes flexibles, como las pantallas OLED, harán posible que la distribución digital se haga realidad. Informes como el elaborado por la Biblioteca Británica, ponen de manifiesto todos estos asuntos.

De esto y de unas cuantas cosas más, si no se arrepienten, hablaré en Kosmopolis 2008.

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Comentarios

¿Hasta qué punto las dudas acerca de la cultural digital, no son los mismos ecos reaccionarios que han sobrevenido cada vez que ciertas formas de sociedad y poder empiezan a tambalearse (y a surgir necesariamente otras)?

Estoy totalmente de acuerdo. Urge una asignatura que enseñe a los jóvenes a distinguir y valorar las fuentes de la información. Yo creo que con una asignatura en secundaria sería suficiente, pero urge hacerlo porque sino habrá un par de generaciones que se quedarán en la brecha que podemos llamar "infocrónica".

No estoy del todo de acuerdo con tu pesimismo en relación al tipo de lectura horizontal que hacen. No creo que tenga nada de malo buscar respuestas inmediatas. Al fin y al cabo, cada vez existen más distracciones, más aficiones, y otras lecturas que atender. Lo importante, creo yo, es dejar cierto espacio al descubrimiento casual, a la "serendiapia". Y yo creo que los hipertextos dejan espacio a este tipo de descubrimientos.

Esta neva forma de lectura, imagino que provocará a su vez nuevas formas de escribir, de llegar al público. Tendremos que aprender a hiper-escribir y wiki-colaborar del mismo que hemos aprendido a blog-opinar.

Saludos.

hola good job

hey grax por esta info me fue de mucha ayuda en mi proyecto!!

que bueni bueni bueni sisisima pagina es tan genial

esta pagina esta muy bien informada no crei encontrar una pagina asi de recha!!!!!jajajajajjajajajajajajajajajajajajajajajajajajajajajajajajajajajajajajajajaj

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