Razones para continuar

Para Antonio Lafuente


Comienzo planteando mi tesis principal sin recovecos ni disimulos: un blog, un blog científico, representa hoy las virtudes de la sublevacion y de la resistencia y pretende, con su proclama de conocimiento abierto y cooperativo, volver a descubrir los principios olvidados, o abjurados, de la libertad intelectual. En un campo científico -como tú has demostrado tantas veces, reiteradamente, en Tecnocidanos- dominado progresivamente por intereses y valores ajenos a su lógica de funcionamiento independiente, subyugado por intereses pecuniarios o monetarios que enrarecen y pervierten la lógica de la circulación y acumulación del capital que le es propio -el crédito simbólico que los pares otorgan y distribuyen-, solamente queda, como escribió Flaubert a propósito del trabajo de los novelistas en el siglo XIX, en el preciso momento de la génesis de la independencia del campo literario, “encerrarse y seguir sumido en la propia obra, como un topo”.



Claro que nos encontraremos por el camino, como ya le ha pasado a alguno de nuestros más ilustres colegas, con la incomprensión, la indeferencia, incluso el franco rechazo, de la más ortodoxa de las academias y las más conservadoras de las empresas editoriales, porque ni a una ni a otras les conviene que las cosas cambien. Nuestra indeterminación objetiva -el hecho de que pocos nos reconozcan y que los blogs científicos todavía sean percibidos como un pasastiempo diletante y no como una herramienta de reflexión científica y social en abierto- nos causa, cómo no, incertidumbres subjetivas -más todavía a aquellos que, como yo, carecen de resguardo institucional-, pero ese es el precio que se paga por la libertad intelectual. Los académicos guardianes del orden no pueden ni quieren concebir un nuevo espacio donde el monopolio de la atribución del crédito y la estimación intelectuales pueda distribuirse de otra manera que no proceda de su sanción directa o del uso de mecanismos corrompidos -como el peer review del que, en tantas ocasiones, has hablado. Hoy existen, como todos sabemos, nuevos mecanismos de asignación del crédito que, en buena medida, los excluyen, sin descartar, en ningún caso, nuevas formas abiertas de revisión de la calidad y fidelidad de los trabajos, el llamado open peer review. Por su parte, los grupos editoriales, tradicionales intermediarios entre la creación de la obra y su uso y lectura posteriores, no pueden aceptar de buena gana que existan mecanismos independientes de generación y difusión de contenidos que no les tienen en cuenta.



En fin: ni tú ni yo somos Flaubert ni Baudelaire -los héroes de la independencia del campo literario en su momento-, pero nuestro trabajo en los blogs es muy similar: nos encontramos en esa fase crítica de (re)constitución del campo autónomo de la ciencia y reivindicamos el derecho a definir los principios de nuestra legimitidad -eso es, ni más ni menos, en lo que se basa el movimiento del Hard Blooging-, y al hacerlo, al intentar imponer un nuevo nomos, cuestionamos, inevitablemente, el orden intelectual, científico y editorial tradicional.

Continúa, Antonio, porque al obligar a que nos descalifiquen quienes tienen la legimitidad, revelando su incapacidad para reconocernos, hacemos aflorar los valores más propios del campo científico.

Y termino con André Breton que hoy estoy particularmente afrancesado:

Dejadlo todo.
Dejad a Dada.
Dejad a vuestra mujer, dejad a vuestra amante.
Dejad vuestras esperanzas y vuestros temores.
Sembrad vuestros hijos en el rincón de un bosque.
Dejad la presa por la sombra.
Dejad si es necesario una vida desahogada, lo que os

[presentan como una situación con porvenir.
Partid por los caminos.

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Comentarios

Tanto ardor en tan pocos párrafos pero ni un solo comentario. Qué triste…

LA FALTA DE COMENTARIOS ES LA AFIRMACIÓN DEL POST.

y ME CALLO, QUE JOAQUÍN TIENE NO SÓLO LA EMOCIÓN, SI NO TAMBIÉN LA RAZÓN

Muchas gracias. Pensaré todas las palabras que me regalas y algo agregaré en algún momento. No es sólo la indiferencia lo que mina la confianza, sino el desdén (hay por aquí un listo con mando en plaza que me llama rentista del CSIC, los demás, amigos o simplemente colegas, jamás me dijeron nada, aparentando que ni se enteraron del esfuerzo que estaba haciendo).

Déjame pensar unos días y vuelvo a explicarte mis motivos. En todo caso, nada es definitivo. Gracias

(requerido)

(requerido)


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