Frankfurt y los libros del mundo

Hoy comienza Frankfurt, el gran encuentro anual de los editores del mundo, el grandioso zoco donde puede vislumbrarse la magnitud de esta industria cultural que produce, globalmente, más de un millón de títulos al año, desigualmente repartidos. Los negocios, hoy, la negociación de los derechos exclusivos, las traducciones, ya no esperan a la cita de octubre para cerrarse, porque las comunicaciones a través de la red han agilizado y facilitado los contactos y las transacciones, pero conocer personalmente a tu interlocutor electrónico, conocer personalmente al autor al que vas a publicar, sigue siendo algo humanamente indispensable.

Al tiempo que da comienzo la Feria de Frankfurt se publica en Inglaterra The Atlas of the Real World, una cartografía ponderada que parte de la página web Worldmapper, donde puede encontrarse el plano de los libros publicados en el mundo.

La imagen que se incluye en el Atlas sobre papel ha coloreado las áreas de mayor peso específico con tintas más oscuras, de manera que la percepción de las disimilitudes y diferencias sea más viva:

En una lectura cartográfica superficial, se aprecian, claramente, tres cosas: que es en el continente europeo donde la industria editorial produce mayor cantidad de títulos y que España es un verdadero coloso, seguramente desproporcionado, excesivo; que el país del mundo donde la relación entre población y libros producidos es mayor es Islandia, país hacia el que Frankfurt ha vuelto los ojos para dedicarle la Feria del año 2011; que hay continentes que no existen, que no tienen participación alguna en el gran negocio de los libros, que su presencia en la Feria será meramente testimonial (Ghana y Burkina Faso producen 0.3 y 0.4 libros por persona respectivamente); que China, el anunciado coloso mundial de este milenio, potencia en las artes gráficas gracias al dumping salarial, produce 140.000 títulos anuales, cifra imponente pero proporcionalmente pequeña.

Estoy tentado de inferir un principio discutible pero iluminador: son las democracias occidentales el terreno propicio sobre el que se cultiva la edición de libros, donde las sociedades gozan, por tanto, de la posibilidad de intercambiar libremente ideas y donde el florecimiento de las artes y el pensamiento nos hace a todos más ricos. O quizás sea al revés: allí donde se producen más libros, donde los pequeños editores independientes luchan por hacer aflorar y circular las ideas y los conocimientos, se siembra la simiente sobre la que podrá germinar, en todo caso, una sociedad más libre y democrática, más rica. Así quiero pensarlo, y ojalá que Frankfurt contribuya de alguna manera a que así sea.

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