La vida después de Google. Año I d.G.

Imaginemos que Sergey Brin y Larry Page, los fundadores de Google, se quedan a vivir en Oviedo después de haber recibido el Premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades. Woody Allen ya lo había hecho antes que ellos. Despreocupados de lo que pueda pasar en Mountain View, California, sede central del ingenio buscador, nadie conoce allí exactamente cómo funciona el algoritmo de búsqueda, porque Sergey nunca ha confiado el secreto a nadie y lo guarda celosamente en un su monedero. La pertinencia de las pesquisas electrónicas decrece y el éxito conexo del buscador mengua porque no es capaz de atribuir rigurosa y justamente rango y relevancia a los resultados de manera que los anunciantes -que financiaban su mantenimiento y desarrollo porque pagaban por descollar en el ecosistema de la atención y el prestigio que es Internet- prefieren invertir en videntes y pitonisas. Nuestra memoria personal y general, nuestra memoria individual y global, que había sido confiada indolentemente a una empresa privada, desaparece. Larry y Sergey se han comprado una casita en la Playa de Verdicio y no les preocupa otra cosa que la liebre con fabes.


Sé que este arranque es distinto al de la charla de Kosmopolis 08 y, también, al del ciclo La Gaya Ciencia de la Biblioteca General de Aragón, donde he tenido la suerte de intervenir en el último mes para hablar de La vida después de Google. Año I d.G., una distopía verosímil que trata de llamar la atención sobre lo que podría llegar a ocurrir, lo que podría llegar a sucederle a nuestra memoria histórica e individual, a nuestra memoria como especie, si persistiéramos en confiarla laxamente al buscador de código propietario de una compañía privada; lo que estaría en trance de ocurrirle a quienes han sido durante siglos los intermediarios que han tratado de interceder entre el conocimiento y quien haya querido acceder a él, bibliotecarios que han ordenado, clasificado y servido información y contenidos metódicamente a los lectores, confiados ahora en exceso a las facilidades y embelesos de los lenguajes naturales; lo que podría estar ocurriéndole a determinadas destrezas cognitivas de nuestra especie, en particular a los jóvenes usuarios que no poseen la competencia informacional que se les supone ni, tampoco, la competencia lectora tradicional que deberían haber desarrollado en la lectura de los libros de papel.

Pablo Odell, paladín de la cultura escrita, preocupado por su perduración y diseminación en el soporte que sea, se encargó de registrarlo:

Y para quienes hayan soportado la primera parte, aún queda una segunda:

Hoy es el día primero del I año d.G.

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Comentarios

Los secretos mejor guardados son los que la gente no entiende

Yo me planteo las cosas de otra manera. Cuando pienso en Google, pienso primero en el presente y luego en el futuro. Entonces, al preguntarme qué sería de la búsqueda y recuperación de información actualmente si no existiera Google, me doy cuenta que este presente en el que Google nos ha lanzado es realmente el futuro. Y esto por varias razones.

1. Las rasgos esenciales del algoritmo de Google son bien conocidos (pueden verse en http://www.google.com/corporate/tech.html), y sus responsables no se han esforzado en ocultarlas, si bien, por razones obvias, los detalles no son públicos y están protegidos por una patente. El relato sobre el origen del algoritmo leerse en el libro "El Templo del Saber: hacia la biblioteca digital universal".

2. La iniciativa de digitalización masiva de Google ha puesto las pilas a nuestras instituciones y bibliotecas. Sin Google, aún estarían discutiendo acerca "del sexo de los ángeles".

3. El dinamismo innovador y la hambrienta inventiva de las que hace gala Google, que pone en jaque a la mismísima Microsoft.

4. Aunque no ha sido la primera en verlo, Google ofrece todos sus servicios en Red y no en local, es decir, que ofrece servicios en-línea gratuitos en lugar de productos (tipo Windows) que hay que comprarse o descargarse. Un ejemplo es Google Docs vs Microsoft Office.

5. Google no posee la información, solo la indexa. La información está distribuida en multitud de servidores. Google hace copias. Cualquer otro buscador puede hacer las mismas copias e indexarlas. ¡Qué culpa tiene Google de hacer las cosas mejor que los demás! (Personalmente, realizo diariamente, todas las noches, una labor de búsqueda de una información de un sector muy concreto, y estoy únicamente interesado en la información publicada en Internet en las últimas 24 horas. Por increible que parezca, resulta que Google es el único buscador, y he probado varios, que ofrece ese servicio que me interesa).

6. La Unión Europea lanzó el proyecto de buscador europeo Quaero, en paralelo a la iniciativa de Biblioteca Digital Europea, porque no se fiaba de Google. Hoy, Quaero ya es historia. La UE se dio cuenta que desarrollar un buscador es más dificil de lo que parece a primera vista. ¡Que se lo pegunte a gigantes como Yahoo! o Microsoft que no son capaces de hacer sombra a Google!

7. Comencé a utilizar Gmail porque era el único que me ofrecía espacio illimitado, sin obligarme a borrar ninguno de mis correos nunca más. Además, el sistema de etiquetado es mucho más efectivo que el de carpetas. Por otro lado, también utilizo Google Earth, no porque idolatre a Google, sino sencillamente porque me parece buenísimo.

8. Google ocupa el lugar que ha alcanzado por méritos propios. En lugar de quejarnos, es mejor tomarnos las cosas con deportividad. O sea, en lugar de cortarle las alas a Google, pongamos los medios para hacer algo mejor que Google. Pongamos los medios para que surja otro "Google" en algún garaje español, porque mucho me temo que ningún "Google" va a salir ni de las burocráticas oficinas de Bruselas ni de los garajes de los Ministerios españoles.

Gracias por tus comentarios Karim. Solamente puedo decirte que estoy completamente de acuerdo contigo, punto por punto, porque mi discurso no trata de minimizar la importancia de Google ni sus extraordinarias aportaciones al ecosistema de la web, ni mucho menos. Yo también soy un usuario convencido de muchos de sus servicios. En realidad, si has tenido la paciencia y el estoicismo de escuchar el video, verás que abogo por algo que tú mismo apuntas: "pongamos los medios para hacer algo mejor que Google", pensemos nuestra vida después de Google, no sin Google, pero sí como si solamente fuera un servicio entre otros, una herramienta importante que no debe sustituir nuestras propias iniciativas. El caso de los bibliotecarios en muchos países es sintomático (me dirigía a bibliotecarios, por eso ponía el acento en esa cuestión): de poseer el monopolio de la ordenación y clasificación del mundo y sus materias, del universo y sus problemas, se encuentran con espacio donde no existe compartimentación, donde las jerarquías se abolen (al menos tal como las comprendíamos), donde la mezcla y la armasa predominan, y ante esa realidad optan por acomodarse y hacer un uso acrítico del medio, desnaturalizando su profesión y la función misma de las bibliotecas, que es la de conservar el conocimiento y la memoria de la humanidad para ponerlo a disposición de quien lo busque y lo necesite. La iniciativa de la biblioteca digital europea, tienes razón, quizás no hubiera surgido si alguien no hubiera reparado en que la memoria de la humanidad o de un continente no conviene que quede, exclusivamente, en manos de un agente privado. Ojalá el buen trabajo de Google sirva para expolear a quienes se habían quedado dormidos.

Estimado Joaquín,

La verdad es que no he visto los vídeos. Mis disculpas. Al bajar en la página web para poner mis comentarios pensé que eran fotografía, no vídeos. En cuanto tenga un rato, les echo un vistazo.

Me alegro que tengamos perspectivas similares.

Estoy de acuerdo que no conviene que el patrimonio digital esté en manos sólo de Google. Me parece lógico que Google proteja su inversión (una inversión enorme, posible gracias a su capitalización bursatil, no lo olvidemos) y no comparta el 100% de lo que va digitalizando. Les toca a otros aceptar el reto.

Por otro lado, tampoco me fío de las instituciones culturales europeas. Espero que lo que vayan digitalizando (con dinero público proveniente de los impuestos de todos nosotros) lo dejen descargar en ficheros y que todos podamos hacer obras derivadas (incluidas camisetas y marketing con ilustraciones de lo que se haya digitalizado) gratis. Me temo que, con el argumento de proteger la cultura (que, repito, es de todos) pondrán algún tipo de restricción a las reutilizaciones de los contenidos por parte de los usuarios. Por contra, seguro que Google nos dejaría hacer lo que nos diera la gana con ello. Espero equivocarme. Ya veremos…

[...] invitaran a Kosmopolis’08. Intervine con una charla cuyo distópico título era el de “La vida después de Google“, porque pretendía invitar a los asistentes a imaginar un delirante futuro en el que los [...]

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