Escitores perseguidos
De forma involuntaria pero no inesperada, Roberto Saviano se ha convertido, junto con Salman Rushdie, en símbolo o icono de los escritores perseguidos, es decir, del pensamiento perseguido, de la expresión lúcida y el análisis comprometido contra las abominaciones del crimen organizado y la extorsión como sistema tolerado de governanza global, antidemocrática. En una entrevista exclusiva en el diario The Guardian, Saviano había precisado ya cuál es el asunto central que a todos nos atañe: “se trata de la libertad de expresión”, reconocía ante el periodista que le entrevistaba “pero, sobre todo, se trata de la libertad del lector, porque lo que me ha puesto en peligro es la lectura. Si lo que he escrito no hubiera acabado en manos de 20.000 personas, no habría generado ningún problema. Lo que me ha puesto en peligro es que, por mi causa, millones de personas han decidido tomarse cierto interés en cosas que a mí me interesan”.
Autor de Gomorra, el libro denuncia, el libro contra quienes gobiernan la vida de millones de personas sin plebiscito democrático o, al menos, sin otro reconocimiento que el que la fuerza y la brutalidad concitan, dijo ayer en una entrevista que mantuvo en Estocolmo con Rushdie:
“Hoy hay muchos canales en el mundo para expresarnos, como por ejemplo la televisión o Internet, pero eso no debe confundirnos. Ya saben ustedes lo que se dice: cuando hay una inundación, lo primero que falta es el agua potable”.

Hoy prefiero agregar esta entrada a la anterior, para amplificar su sentido, y callarme por un día, buscando a tientas el agua potable en la red.
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