El imparable ascenso de la autoedición

En el año 2008 se publicaron en los Estados Unidos unos 480.000 libros, casi 100.000 más que en el año 2007, y ese incremento parece deberse, en buena medida al menos, al imparable incremento de la autoedición o, también, a las posibilidades que las nuevas tecnologías de impresión digital nos ofrecen y al uso que de ella hacen una miríada de compañías que operan en ese campo. Empresas como Blur, Author Solutions, iUniverse o Xlibris, por no volver a cita a la archiconocida Lulu (empresa del grupo Amazon), ponen a disposición de sus potenciales clientes las tecnologías que hacen posible imprimir casi de un día para otro un original, a demanda, a precios asequibles, y con resultados gráficos e industriales notables, además de ofrecer una cartera de servicios adicionales que van desde la promoción hasta la distribución.

En “Self-publishers flourish as writers pay the tab“, algo así como “La autoedición florece cuando los autores pagan la cuenta”, publicado hace dos días en la sección de libros de The New York Times, se analiza un fenómeno en creciente e imparable expansión, el de la autoedición digital, manifestación bien conocida en los ISBN de toda la vida, cuando encontrábamos la referencia inequívoca a los autores-editores que, según el Informe de Comercio Interior del Libro en España 2007 representaban entre un 10 y un 15% de la facturación total.

Pero ese aire de clandestinidad y de improcedencia que tenía la autoedición, con tiradas industriales muy superiores a las que el autor y sus allegados podrían nunca distribuir, condenados esos libros a la humedad y oscuridad de los almacenes, ha sido soslayada por la tecnología digital que imprime solamente lo que se solicita. Para hacernos una idea de las colosales dimensiones del furor autoeditorial, XLibris imprimió en el año 2008 19.000 títulos, seis veces más que un coloso editorial como Random House, y Blurb alcanzó la escalofriante cifra en dos años de ejercicio de 300.000 títulos, una magnitud solamente equiparable a la del total de los títulos que circulan en los Estados Unidos.

Lo paradójico del asunto es que las tecnologías digitales no han venido en este caso a sustituir al soporte en papel aparentemente anquilosado sino, en todo caso, a devolverlo vigorosamente a la vida. El sueño esquivo de tanta gente, publicar un libro en papel, está al alcance de cualquiera, y muchas empresas crecen a expensas de esa bibliofilia agazapada. Create Space, compañía vinculada a Amazon, pretende cerrar perfectamente el círculo del nuevo modelo de negocio: maquetar, realizar, producir bajo demanda, comercializar en las páginas de la librería virtual, vender, promocionar, distribuir, todo en un paquete escalable, a medida, que el autor abona en función de los servicios que pretenda contratar. Los beneficios pueden provenir, en consecuencia, de los servicios prestados a los aspirantes a la gloria literaria, a particulares o empresas que quieran personalizar la edición de un original o, también, de las ganancias que la venta de esos libros pueda producir. Entre nosotros son bien conocidos ya los buenos ejemplos y prácticas de Bubok y Publidisa a través de Todoebook.

“Hemos publicado, sencillamente”, dice Robert Young, director ejecutivo de Lulu, “la más grande colección de mala poesía de la historia de la humanidad”, porque autoedición y prurito literario no son sinónimos, naturalmente, de excelencia poética. Cabe, como sucede en Youtube, que entre millones de contribuciones destaque alguna en la que repare una editorial profesional o, incluso, una multinacional de los contenidos audiovisuales, pero lo habitual es que “por cada mil títulos que se autoeditan, quizás haya dos que merecerían haberse publicado”.

Lo esencial, en cualquier caso, no es la repercusión literaria o el olimpo creativo sino la posibilidad cierta de convertir en papel un largo sueño acariciado.

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Comentarios

Tampoco lo que se publica vía editor tradicional es precisamente gloria bendita.

De todos los libros que he tenido que leer en casi 20 años como lectora-asesora, editora, correctora y traductora, y que luego han salido a la luz pública, apenas salvaría el 30 % si de mí dependiera la decisión. No digamos ya lo insalvables que son la mayoría de obras lexicográficas en español, un campo, por cierto, en extinción.

La proporción de material aprovechable es mayor, sin duda, en la edición tradicional, pero no tan significativa como cabría esperar.

Y eso por no hablar de las pocas joyas que un lector encuentra y que jamás se publican, por muy favorables que sean los informes.

Flipante.

Ahora sólo queda un buen encaje entre la autoedición y los blogs, y creo que podría cerrarse un círculo virtuoso.

De acuerdo con que "lo esencial…es la la posibilidad cierta de convertir en papel un largo sueño acariciado." Ahí se encuentra la magia de la autoedición, cuyo impacto es menor, mucho menor, al de obras producidas por editoriales reconocidas, lo que no le quita ser un jugoso negocio, si confiamos en las cifras recientes. Aunque no nos engañemos, también las obras de grupos sólidos, reconocidos, pueden tener también un impacto cercano a cero. Como decía Zaid, "el progreso ha logrado que todo ciudadano, no sólo los profetas elegidos, pueda darse el lujo de hablar en el desierto".

A mi me gustaría destacar otro aspecto importante del que hablas en el post: el descenso del precio de la fabricación de un libro. Si es no es carísimo editar una tirada pequeña (dudo que aquellos que se autoeditan encarguen miles de ejemplares), ¿no sería viable fabricar libros uno a uno, según lo que quiera el lector? Me estoy refiriendo al otro lado del negocio, pero: es una ocurrencia disparatada pensar que (de una forma parecida a la música) llegará un momento en que cada lector podrá decidir qué libro se descarga y como lo edita mediante una impresora-encuadernadora doméstica?

La impresión bajo demanda está haciendo posible un montón de negocios que se presentan como la panacea para los escritores autoeditores.

Yo he ofrecido un amplio artículo sobre este tema centrandome en lo que conozco que es el caso de Lulú.

¿Ofrece Lulú algún tipo de seguridad a un autor?

http://www.ciberdroide.com/wordpress/?p=1565

Creo que el autoeditor debe ser lo más independiente posible y creo que algunos pretendidos servicios integrales terminan en realidad matando el sueño de los escritores autoeditores porque no les interesa para nada promocionar a buenos escritores. Al contrario, viven de la enorme demanda de escritores autoconsumidores de sus propias obras dispuestos a pagar por su capricho de ver un ejemplar en su mano.

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