La libertad en internet como fundamento de las industrias culturales

Hace pocos días Freedomhouse.org, una organización dedicada a la vigilancia de la libertad en los medios de comunicación y, en particular, a la inspección de la libertad en la red, publicó su imprescindible Freedom on the net, un documento que no es de la incumbencia, solamente, de organizaciones no gubernamentales o de asociaciones pro derechos humanos sino, igualmente, de todas aquellas personas, instituciones y empresas que hayan comprendido que la web es el soporte fundamental de generación de ideas, diseminación de contenidos y cooperación entre colectivos en el siglo XXI. La preservación de la libertad de la web como sustentáculo de las ideas es absolutamente decisiva para el futuro de las industrias culturales, para el futuro de la edición y, por ende, para el nuestra autonomía como seres humanos. Esa es una de las batallas fundamentales que acontecerán en los próximos años.


A penas tres meses antes de que estallara la Primera Guerra Mundial, en abril de 1914, Karl Kraus, el intelectual azote de las conformidades burguesas y de la soberbia del poder, clamaba en una sala de Viena contra los peligros que acechaban a Europa, previendo las calamidades que se avecinaban. En aquella sala se encontraba un jovencito que, años más tarde, escribiría Masa y poder, una voluminosa obra que intentaba indagar en los mecanismos de la sumisión ciega y de la cólera alucinada que se desatan en determinados momentos históricos. Se trataba de Elias Canetti, un jovencito que acabaría siendo Premio Nobel y que en aquella conferencia, aunque andaba más entretenido en una joven belleza sentada en primera fila que en las artes discursivas de Kraus, percibió que aquella voz histriónica era profundamente libre y que constituía un milagro que no fuera detenido por la policía, habida cuenta de sus ataques furibundos contra unos y otros. Ese pasaje puede leerse en uno de los volúmenes de la autobiografía de Canetti, Die Fackel im Ohr (La antorcha en la oreja).

Es posible que sea solamente una coincidencia, pero la revista Die Fackel -quizás la más famosa de la historia de la cultura europea, aquella cabecera que mantuvo de manera radicalmente independiente Karl Kraus durante más de treinta años-, el título de uno de los libros de la autobiografía de Canetti (La antorcha en la oreja) y el símbolo que distingue a Freedomhouse, son todos antorchas que pretenden despejar las tinieblas. De entonces a hoy los tiempos han cambiado: ya no utilizamos los púlpitos solamente para expresar nuestras ideas, para difundir nuestros puntos de vista; la red se ha convertido en el espacio primordial de esa batalla por la propagación libre de las opiniones y el pensamiento, de la cultura en general, pero padecemos hoy las mismas asechanzas y peligros que Kraus padeció en aquel momento histórico de consolidación de la independencia del campo de producción cultural.

Estas y otras cuestiones similares acaban de discutirse en re:publica’09, un encuentro celebrado en Berlín en el se ha escuchado el eco de la voz de Kraus que nos decía: la web es la plataforma de vuestra libertad, el fundamento de la diversidad cultural y el soporte de vuestras ideas, no os la dejéis arrebatar. En tiempos en los que quizás la prensa tal como la conocemos deje de existir, Cebrián dixit, nos queda la web y su extraordinaria capacidad de difusión de las ideas.

Intentaré ser fiel a Kraus, uno de mis héroes culturales, hablando de él y de algunas cosas más en el encuentro que mantendremos, con Antonio Lafuente a la cabeza, el día 28 de mayo, en el Museo Nacional de Ciencia y Tecnología. El seminario llevará por título La aldea global: de la sociedad de la información a la sociedad del conocimiento, y yo persistiré en el lema que encabeza la entrada de hoy: “La libertad en internet como fundamento de las industrias culturales”.

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