La inacabable agonía de la novela

Si la novela está muerta, lo disimula muy bien. Es cierto que, como género, puedo estar abocado al agotamiento y a la repetición, a la extinción y el recambio, por tanto, más todavía cuando la estructura narrativa que todavía hoy leemos es ya veterana y presenta síntomas de reiteración y cuando, además, nuevos medios nos proporcionan nuevas formas de expresión, la posibilidad de generar nuevos lenguajes. Pero la pregunta es si asistimos a un capítulo más de esa agonía inagotable, inacabable y, por tanto, infinita, o estamos por última vez presenciando los estertores del género. Si creemos al New York Times, estamos en ese trance de desaparición y sustitución.


Probablemente, los artilleros que con más fuerza arremetieron contra la estructura tradicional de la novela lo conformaron (aquí viene mi consabida debilidad francófila) Alain Robbe-Grillet, Georges Perec y Raymond Queneau, y ninguno de ellos pudo finalmente con la novela como género. El primero propuso ya en el año 1964 (antes incluso de que Foucault pronunciara su discurso de acceso en el Colegio de Francia) un nuevo modo de hacer las cosas: Pour un nouveau roman se tituló aquel libro, y pocas veces un autor (representante por antonomasia de la Nouveau roman) ha reflexionado de manera tan lúcida como infructuosa sobre los límites de la novela tradicional; el segundo publicó el palimpsesto de La vide mode d’emploi en el año 1978, una verdadera composición hipertextual en papel, topográficamente o arquitectónicamente ordenada según los pisos, las estancias y las vidas de sus ocupantes, continua e inacabablemente ramificadas y entrecruzadas, en un pequeño prodigio de historias palpitantes; los Exercices de style, del tercero, datan de 1982, ese texto expresado de mil maneras diferentes, ese discurso torcido y retorcido de mil formas distintas, que muestra la ductilidad del lenguaje y la manera en que la forma fuerza al sentido. Todos ellos y unos cuantos más fueron colosos que lucharon contra un formato aparentemente caduco, pero no pudieron con él.

El diario norteamericano The New York Times intenta convencernos, sin embargo, de que la hora de la novela ha llegado definitivamente a su final porque, una página que todavía es invisible y a la que solamente han tenido acceso unos cuantos elegidos, pretende conformar una novedosa amalgama de medios -escritos y audioviosuales, claro está- enteramente novedosa: el sitio, que se llama Vook, promete una experiencia renovada de lectura, aunque por ahora sólo podamos seguir su discurso fragmentario a través de Twitter. El nuevo mago de ese género todavía ignoto -que deberá estar a la altura e incluso superar a Grillet, Perec y Quenau- se llama Harry Houdini. Quizás el apellido le sirva para ingeniar un nuevo género. Por ahora ha dejado dicho: “creemos que es realmente urgente que la industrial editorial innove con nuevos tipos de contenido”. Ahí queda dicho.

Mientras tanto, surgen nuevas modalidades creativas que intentan aprovechar el protagonismo que los nuevos medios digitales ponen en manos de sus usuarios, arropan e impulsan, por tanto, la proliferación de los discursos: WEBook permite a los usuarios escribir colaborativamente una historia y/o intervenir en el decurso de la concepción y redacción de la novela de un autor reconocido. La literatura infantil, en formato digital, permite, a través de sitios como Tikatok, que un joven conciba una historia y unos personajes que se convertirán en los verdaderos protagonistas de un libro que se imprimirá; lo mismo que hace otro sitio como Stickiestory, una historia construida con pegatinas donde pueden identificarse a los autores-lectores. Edición personalizada por medio de la web; muchos otros sitios, como Flattenme (algo así como, allánamelo), recurren a esa idea de individualización y caracterización para atraer el interés de sus lectores-escritores.

Wattpad es un servicio, simultáneamente, de asesoría editorial y de distribución digital de contenidos para jóvenes creadores o autores noveles. Fourth Story Media, por último, realiza un ejercicio de narrativa transmedial en el que una historia discurre a través de diversos soportes y formatos, un relato que el lector deberá esforzarse por seguir en sus diversas manifestaciones.

Todos son, sin dudas, legítimos y nacientes esfuerzos por renovar un género que se supone cansado y caduco en una versión renovada del Oulipo digital pero, ¿no estaremos confundiendo en este caso las propiedades de los medios con la esencia del género? ¿Podrá el sentido lúdico que el uso de las herramientas digitales nos inspiran con la estructura de la novela tradicional? ¿Estaremos asistiendo solamente a un capítulo más de esta inagotable agonía de la novela? En Sevilla, el lunes, más.

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Comentarios

1) O soy muy simple, o el quid de la cuestión no será que la fórmula de la novela se agote, sino que desaparezcan los lectores, que la abandonen paulatinamente por otras propuestas más acordes con su manera de vivir y educación recibida. Propuestas que necesitarán de creadores genuinos de otro tipo de expresiones para públicos nativos en las mismas que, con la edad, y con los centros de poder en sus manos, impongan un nuevo canon artístico, que iguale esas expresiones a la, entonces sí, histórica novela.

2) Un factor con el que no suele contarse, pero del que ya comenzamos a tener pruebas para estudiarlo, es el de la coexistencia.

3) ¿Todo esto va de literatura o de sociología?

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