Digitales, al fin

Casi nadie pone ya en duda que muchos subsectores de la industria editorial dependen, para su supervivencia, de la inteligencia con que desarrollen una estrategia de digitalizaci贸n, estrategia que comprende el propio proceso de digitalizaci贸n de los contenidos pero, tambi茅n, de explotaci贸n, del r茅gimen jur铆dico de los contenidos que ofrezca, de la protecci贸n inform谩tica que adopte, de la formaci贸n que proporcione a sus plantillas de editores. En fin: el caso de las revistas culturales en Espa帽a -y en el resto del mundo, sin duda-, es uno de los m谩s claros y manifiestos. No abundar茅 en las razones de esa mutaci贸n necesaria, porque lo he hecho ya en varias ocasiones previas, pero ahora es momento de prestar atenci贸n a una iniciativa que, si no fuera porque la conozco, dir铆a que es alemana o propia, al menos, de una asociaci贸n gremial que tiene la clara conciencia de que debe servir como plataforma para la evoluci贸n y el desarrollo de sus socios agremiados, de propiciadora de nuevas v铆as y modelos de negocio m谩s adecuados a los tiempos digitales que corren.

Leo en el incansable y siempre alerta Ojo fisg贸n lo que ya se nos hab铆a anticipado en otros mentideros: ARCE, la Asociaci贸n de Revistas Culturales de Espa帽a ha lanzado el primer kiosko digital conjunto para todas sus revistas asociadas, la primera plataforma conjunta digital, de hecho, de cualquier colectivo editorial espa帽ol, algo tan s贸lo comprable, como alud铆a al inicio, a lo que los libreros alemanes -ejemplo de cooperaci贸n en tiempos de agitaci贸n- han hecho con Libreka, una plataforma donde los editores alemanes distribuyen asociativamente sus contenidos, prescindiendo de inc贸modas e innecesarias intermediaciones.

Para disipar cualquier clase de duda o maledicencia, reconocer茅 que hubo un tiempo en que consegu铆 -con mucha ayuda, eso s铆-, malograr un primer proyecto de caracter铆sticas comparables. Lo cuento para que mi simpat铆a por el proyecto no parezca enturbidada por intereses profesionales. Se trata de una constataci贸n justificable: el ejemplo de ARCE deber铆a sin duda servir para que el resto de los colectivos profesionales del mundo del libro se dieran cuenta que el progreso y la supervivencia pasan, forzosamente, por la cooperaci贸n y por el dise帽o de estrategias cooperativas que tengan como centro la digitalizaci贸n y el uso de las herramientas que la web pone a nuestro alcance. Y eso vale para los libreros, para los distribuidores, para los editores, por supuesto. Por el entusiasmo que me transmiti贸 ayer Fernando Valverde, presidente de los libreros, al t茅rmino de mi intervenci贸n en Del sinodal al digital -resumida paradigm谩ticamente por Javier Jim茅nez-, creo que las compuertas se han abierto definitivamente y que el terreno est谩 sembrado y acabar谩 germinando.

Claro que queda mucha reflexi贸n y trabajo por delante. No podr铆a ser de otra manera. Puede y debe discutirse sobre modelos conjuntos de negocio, sobre cuotas de suscripci贸n a servicios o contenidos transversales que ni siquiera se limiten a una sola revista; sobre procedimientos de digitalizaci贸n y marcado; sobre financiaci贸n y sostenimiento; sobre tecnolog铆as para la protecci贸n de contenidos; sobre herramientas de m谩rketing y comunicaci贸n en la web, sobre la concepci贸n de las editoriales del futuro desde las nuevas plataformas digitales, de las que el papel no ser铆a sino una vista est谩tica y transitorio de un trabajo en progreso continuo. En todo caso, el ejemplo decidido de una asociaci贸n de editores que decide afrontar cooperativamente el reto de la digitalizaci贸n, de la distribuci贸n y comercializaci贸n digital de sus contenidos, de su conversi贸n o no en papel, en funci贸n de la voluntad del lector, deber铆a darnos una pista clara del rumbo que convendr铆a que el resto de las asociaciones tomara.

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Comentarios

La razón por la que he comprado un lector de libros digitales es que puedo leer los textos largos que encuentro en internet, ya sean libros digitales, páginas web, documentos PDF, o incluso entradas de blogs y artículos de periódicos.

Aunque el lector pueda parecer caro, sale a cuenta si piensas que las alternativas son dejarte los ojos en la pantalla o imprimir todo lo que quieras leer.

Hay veces que es mejor imprimir, dependiendo del uso que vayas a hacer del material, pero indudablemente el lector digital es un complemento para el ordenador que proporciona un gran alivio para la vista.

El único inconveniente que le encuentro es que la pantalla es un poco pequeña. Me pregunto si no se podrían vender en un futuro pantallas de tinta electrónica para colocarlas directamente en el ordenador. La necesidad estriba en los movimientos rápidos del ojo que hacen que explores un documento de arriba a abajo y en zig-zag (habilidad que se adquiere tras un uso continuado del ordenador e internet). El lector actual está pensado para leer despacio, no para la lectura rápida. Una pantalla más grande favorecería la comprensión de más palabras en una misma página.

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