¿Y si las librerías tuvieran futuro?: DILVE como fundamento del cambio

Uno de mis héroes indiscutibles es DILBERT, que suena a DILVE, ese oficinista norteamericano que haciendo de necesidad virtud convierte la obtusa y anodina vida del trabajador de cuello blanco en una disparatada comedia cotidiana donde todos nos podemos ver retratados. A veces, cuando pienso en lo que libreros y editores hacen, me acuerdo de esa escena en la que, reunidos los principales miembros de la empresa donde Dilbert trabaja, planean una página web por departamento, para facilitar la interconexión y el trabajo cooperativo que “contenga la suficiente información para ser difícil de mantener y no tanta que pueda resultar útil”. Además, por si cupiera la remota posibilidad de que algo funcionara, “tomarán la precaución de hacerla todo lo aburrida y desorganizada que quepa para que no pueda leerse”. Sin herir suspicacias ni restar méritos, que de todo hay, la gran mayoría de las librerías y muchas editoriales han construído páginas web con la información suficiente para necesitar de cierta gestión y mantenimiento profesionalizado pero lo suficientemente insuficientes para que no resulten útiles a nadie. Y así nos van las cosas.


Pienso en esto mientras leo en un confidencial electrónico algo que estaba cantado: Amazon ha enviado a sus clientes un protocolo de trabajo que les obligará a enriquecer sus registros bibliográficos para que la funcionalidad del search inside, de la búsqueda o consulta en el interior del libro comercializado, funcione a pleno rendimiento, de manera que un usuario siempre pueda hojear el libro que pretende adquirir antes de hacerlo. Una vez que los libros nacen digitales o han sido retrospectivamente digitalizados, que son asequibles en cualquier formato y legibles en cuaquier soporte y que, en consecuencia, el concepto de descatalogado o agotado no existe, cualquier lector puede hojearlos digitalmente antes de adquirirlos, ver sus cubiertas, consultar algunas de sus páginas, localizar algunos de sus conceptos. Amazon hace bien su trabajo, e implanta un protocolo que obliga a quien quiera utilizar el canal a aportar una serie de datos.

Sabemos, mientras tanto, que a finales de año Google Books se convertirá en librería virtual, que, en consecuencia, cualquier usuario podrá visualizar el contenido de los libros en el formato propietario de Google y encargar, posteriormente, aquello que mejor cuadre con la lectura que pretenda practicar. El procedimiento es parecido: digitalización, visualización, acceso a los contenidos, previo acuerdo con los editores, para que los usuarios interesados puedan consultar previamente aquello que van a comprar. Google hace bien su trabajo.

Cuando los libreros y los editores se sienta a discutir sobre su futuro, pueden suceder tres cosas: que culpen a Amazon o a Google de su situación; que sigan el acreditado procedimiento de gestión de proyectos ARC de Dilbert (consistente, según consta en la viñeta adjunta, en lanzar un proyecto fundamento sobre un optimismo sin ninguna garantía soportado por competencias engañosas, en su fase primera; en su fase segunda, los obstruccionistas tratarán de ahogar nuestros sueños; la ignorancia y la envidia, a continuación, alimentarán rumores que se repetirán hasta convertirse en conocimiento ordinario….); que se paren a pensar y se den cuenta de que tienen la solución a mano.

La estructura de metadatos sobre la que reposa DILVE, Onix, es extremadamente rica y permite, entre otras muchas cosas, incluir imágenes, ficheros de contenido, completo o parcial, datos sobre la propiedad intelectual y los usos permitidos, etc., etc., etc. ¿Qué nos impediría, me pregunto, que se estableciera un protocolo similar al que Amazon impone a sus proveedores o Google pacta con los editores para que, de manera soberanamente independiente, sean los propios editores, junto a los libreros, quienes añadan esos datos que permitirían a los usuarios hojear los libros y consultar los libros allí donde quisieran, en el monitor de su computadora o en la misma librería tradicional donde ha adquirido toda la vida sus libros? ¿Por qué seguir pensando la librería como un espacio estrecho e inmutable, angosto y casi menguante, que no da a basto con lo que le llega y apenas muestra lo que tiene, cuando contamos con tecnologías que pueden expandirla hasta abarcar los fondos editoriales completos de lo que se produce en este país?

La ignorancia no es o no debería ser un punto de vista, como dice Dilbert, y parte de la solución está aquí cerca.

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Comentarios

Sinceramente creo que la herramienta de "hojear el libro" [browse inside] es muy útil para el usuario y, lamentablemente, todavía muy poco utilizada por las webs de las editoriales y las librerías. ¿Acaso no es eso lo que hacemos cuando vamos a una librería? Además, es una tecnología bastante accesible y no necesitamos depender ni de Google ni de Amazon para disponer de ella.

Bien es cierto que aquellas editoriales que han hecho acuerdos con Google Book Search pueden activar la herramienta con el enlace provisto por Google conocido como ‘Google Preview’.

Comparto tu idea de que las librerías (y los editores) se re-piensen y que se re-piense la relación libería/editor, hoy casi inexistente salvo en casos muy contados.

Lo que sinceramente no acabo de entender es por qué contraponer a herramientas ya existentes y accesibles un nuevo desarrollo "nacional" via DILVE, que si bien podría ser posible, no dejaría de ser bastante complejo.

Otro detalle no menor es que DILVE es una herramienta profesional (para los de la profesión) y los contenidos de sus bases de datos están restringidos a los profesionales del sector y no son accesibles para los usuarios no-profesionales.

Pues faltarían pocas cosas si de verdad se utilizara la herramienta. Es decir: si los datos que proporcionaran los editores como punto de partida fueran de inicio homogéneos, de calidad y sosteniblemente actualizados.

En realidad es un círculo vicioso: los editores no enriquecen los contenidos de los libros que suben a DILVE porque desconocen su potencialidad y, sobre todo, porque aunque los subieran no hay ningún canal que pudiera aprovechar ese valor añadido. El usuario, contestando también a Henry, no necesita tener acceso a una base de datos profesional, igual que no lo tiene al de Amazon o al de Google Books; necesita una interfaz a través de la que pueda consultar los diversos fondos editoriales, donde pueda hojear efectivamente los libros publicados; donde pueda generar una orden de trabajo que resulte en la descarga de un archivo, en la impresión 1:1 en el mismo punto de venta o en un proveedor con el que se haya convenido tal servicio; donde pueda adquirir el libro en stock si es que todavía existiera en ese estado. La librería puede añadir a su dimensión física tradicional otra virtual, mediante la mera adición de las herramientas adecuadas, para que sus usuarios no tengan que renunciar a una oferta editorial ahora mismo inasequible. Y perdonadme que no sea más explícito.

Estoy de acuerdo en que:

— DILVE encierra un gran potencial;

— que el usuario no necesita acceder a "toda" la info profesional sino acceder a un interfaz amigable y de valor.

Esto, si bien nos permite pensar en "posibilidades", creo que choca con la realidad de DILVE hoy: un gran repositorio digital de información, pero pensado para un mercado editorial tradicional, enfocado a un modelo de comercialización del libro "como se ha hecho siempre", hoy en crisis.

Mi pregunta en todo caso sería: ¿Tendrá DILVE (sus promotores) capacidad de re-pensarse a si mismo y jugar un papel proactivo y de vanguardia en los nuevos entornos editoriales que se avecinan?

No veo a los de Neturity con "capacidad" para lo que indica Henry Odell en su pregunta final, y tampoco a los promotores de Dilve. Me da la sensación que hay cierta esclerosis en el tejido editorial español.

Las preguntas que planteais son las mismas que tendremos que resolver, así que agradezco que con vuestras dudas alumbréis el camino.

Como técnico informático puedo decir que el formato ONIX que utiliza DILVE es el más completo y flexible que conozco…

Gran post, si señor… Ahí está el futuro!

El problema de DILVE es que para usarlo, si eres profesional, tienes que estar agremiado, o asociado, a alguna asociación de editores. Lo que se supone que es una herramienta "para todos" está sólo en mano de unos pocos que pueden permitirse el lujo de pagar altas cuotas trimestrales en sus respectivas asociaciones o gremios. Yo lo veo más como una autozancadilla que reticencia de las editoriales a usarlo.

[...] pacífica, porque en el nuevo ecosistema digital sobran agentes intermediarios, distribuidores, libreros e, incluso, editores. A no ser, claro, que se atrevan a encarar el problema, desarrollen e [...]

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