7.5 en la escala sismológica de Richter

En la escala logarítmica que cuantifica el efecto de un terremoto y que se conoce con el nombre del sismólogo norteamericano Charles Richter, yo diría que la noticia publicada hoy por la prensa es de, más o menos, un 7.5 de intensidad, equivalente al terremoto de Santiago de Chile de 1985. Nadie que haya estado medio atento dentro de la industria editorial los últimos años puede parecerle insólito, ni siquiera extraño, que Google haya decidido convertir su servicio de vista de libros en una plataforma centralizada de gestión de contenidos digitales que adoptarán la forma que convenga, sea esta electrónica, sea esta en papel, por medio de la impresión bajo demanda en el punto de venta o derivada a proveedores concertados. Eso lo sabía hasta el ordenanza de la puerta del Ministerio de Cultura. El contrasentido de todo esto es por qué, aún sabiéndolo, no se han dado ya pasos decididos para desmantelar el modelo industrial obsoleto con el que trabajamos y por qué nos seguimos echando las manos a la cabeza, cuando la información ha sido pública y sencillamente consultable.


Ni siqueira aquellos que no leen blogs o no les otorgan el crédito que merecen pueden argumentar que el anuncio no se había realizado por personas cualificadas y que el seismo no había sido predicho: en el repetidamente traído y mencionado La industrial del libro, de Jason Epstein, se daba por finiquitado un modelo de producción extraordinariamente costoso e ineficaz basado en la sobreproducción, la búsqueda arbritraria de los lectores, el almacenamiento y la destrucción, el vaivén de las mercancias de un lado al otro… Cuando se llega a esa situación, es necesario repensar su fundamento, y la tecnología de la impresión selectiva abría las puertas a una nueva era. Eso es lo que Epstein anunció, desarrollando e invirtiendo en el negocio de las máquinas digitales, en concreto en la Expresso Book Machine, que apareció en este blog por pimera vez hace casi ya tres años.

Los refractarios a la idea de repensar la industria argumentarán varias cosas, que me permito anticipar: que las querellas interpuestas contra Google acabarán con el negocio antes de que empiece, esperanza pueril, porque además de que los acuerdos acabarán prosperando extrajudicialmente, la misma Unión Europea acaba de aconsejar que se trabaje en la digitalización de la mano de Google. En todo caso, las obras de dominio público no tienen padre ni madre; las máquinas son inasequibles, solamente financiables si se trata de cadenas de librerías, sin caer en la cuenta que los fabricantes seguramente estarían encantados de planear un leasing masivo y concertado para librerías de otros tamaños. Los precios, en cualquier caso, descenderán. Es cuestión de tiempo; la industria de la impresión y la distribución se resentirán, y miles de empleos se perderán, contabilidad en todo caso artera y parcial que no quiere tener en cuenta los inaceptables costes económicos y ecológicos (costes externalizados, le llaman los economistas, con un eufemismo que denota cómo se echan siempre los balones fuera) de una industria que, para seguir funcionando como lo hace, debe seguir instalada en el derroche y el despilfarro.

La gestión centralizada de contenidos digitalizados está al alcance de la mayoría y, desde luego, de un grupo de profesionales conjurados para contratacar una estrategia global como la de Google, pero luchando en su mismo terreno, no dándoles inconscientemente la espalda. Grandes grupos como Random House ya vieron hace cuatro años que la digitalización era una estrategia obligatoria en tiempos de reinado googleiano. Las iniciativas parciales como las que ligan a algunos grandes (Santillana, Random House, etc.) o a algunos pequeños (como Edi.cat), puede ser un ejemplo de vías intermedias a las que cabría acojerse para capear el temporal, aunque más deseable sería, a mi juicio, acopiar los fondos de la mayor parte de la industria en una estrategia colectiva.

Dejo tarea para el fin de semana, para intentar prevenir los próximos terremotos y saber interpretar el valor de los sismógrafos: la última intervención de Jason Epstein en el TOC 2009 de New York: On demand books. Haré preguntas el miércoles, a la vuelta de la iniciativa ecoeditorial de la Pablo Olavide.

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