Mapa de los nativos digitales

“Nos encontramos”, reconocía Maryanne Wolf en su libro tantas veces mencionado en este blog, asumiendo nuestros desconocimientos, “solamente al inicio del análisis de las implicaciones cognitivas del uso” de las tecnologías digitales, de los nuevos soportes y de la manera en que alterarán y trastornarán la manera en que leeremos, crearemos y procesaremos la información, la intercambiaremos. En realidad, muchas de nuestras presunciones son solamente eso, conjeturas a falta de fundamento empírico. Pero la importancia del envite es tal que convendría poner en marcha cuanto antes una cartografía experimental de los usos y hábitos de los nativos digitales, que también viven entre nosotros. En Estados Unidos, el proyecto Digital Nation ha realizado ya ese primer mapa.


Como en todas las exploraciones históricas que se adentran en territorios desconocidos, nuestra cartografía será parcial y fragmentaria, pero al menos nos permitirá ubicar determinados hitos y reconcer parte del territorio: el 89% de los jóvenes norteamericanos entre los 18 y los 24 años vive conectado a la web; los nativos digitales entre los 12 y los 24 años passan una media de 4.5 horas al día consultando medios audiovisuales (TV, Internet, Internet video, video móvil), lo que no incluye juegos de ningún tipo; el 82% de los jóvenes entre los 11 y los 14 años utilizan, al mismo tiempo que cumplimentan sus tareas escolares, medios digitales (es decir, practican la multitarea). Esta geografía es, a la vez, una anatomía, porque el estudio divide el impacto de las nuevas tecnologías en algunos de los órganos principales de nuestro cuerpo. Paso a diseccionarlos, seleccionando parte de la información que me parece más relevante:

1. El cerebro: los circuitos neuronales que controlan los procesos tradicionales de aprendizaje, aquellos que implican a la memoria y que proceden progresiva y sucesivamente en el procesamiento de la información, según reconoce el Dr. Gary Small, pierden progresivamente importancia hasta, seguramente, ser abandonados. Sabemos, eso sí, que en una estrategia de búsqueda en una página web se activan más áreas del cerebro que en el proceso de la lectura tradicional, lo que no es intrínsecamente malo ni bueno, sino que indica cambios importantes en las conexiones neuronales. De media, aquellos que trabajan simultáneamente en varias cosas dedican 11 minutos de atención a una tarea antes de saltar a la siguiente, y necesitan de promedio 15 minutos para recuperar la concentración después de haber contestado un correo o atendido a un chat online.

Las últimas evidencias proporcionadas por la Universidad de Standford apuntan, además, a que la multitarea es un mito que daña nuestro cerebro o, al menos, disminuye considerablemente su rendimiento.

2. Las manos: los nativos digitales entre 13 y 17 años envían de promedio 1742 mensajes de texto, de los que el 42% dicen que pueden hacerlo con los ojos vendados. Los adolescentes norteamericanos envían dos mensajes de texto por cada llamada que realizan y sus pulgares son, anatómicamente, más fuertes que el resto de sus dedos. De hecho se les ha comenzado a denominar la generación pulgar.

3. La boca: el 61% de los adolescentes prefieren enviar mensajes de texto a hablar, y el 60% no equipara este ejercicio con la escritura, de hecho piensa que son cosas diferentes. Los jóvenes entre los 13 y los 17 años realizan 1500 más envíos de texto que llamadas telefónicas. Se viene generando desde hace tiempo, en consecuencia, una jerga propia que se está trasladando, progresivamente, a las aulas. Algunos especialistas ven en ello un deterioro irreversible; otros piensan que se trata de algo parecido al bilingüismo, donde los niños con esa doble competencia saben diferenciar perfectamente qué lenguaje debe utilizar en función del contexto y los interlocutores.

4. Los ojos: la mayoría de la gente, eso dice el estudio, lee los sitios web de una manera completamente diferente a como lee un libro. Tienden a posar la mirada ligeramente en el pie de la página y en los márgenes del texto antes de enfocar el contenido principal. La mayoría de la gente, según la misma investigación, lee en pantalla un 25% más lentamente que un libro, seguramente porque la legibilidad y la composición sean todavía muy deficientes. Es cierto, en contrapartida, que aquellos adolescentes que son usuarios habituales de juegos de ordenador, incrementan su campo visual en un 50%.

5. Los oídos: el 67% de los adolescentes escuchan llamadas fantasmas, es decir, creen escuchar el sonido del timbre de sus teléfonos sin que haya ocurrido, lo que parece un síntoma de lo que ya ha sido diagnosticado como ringansiedad.

6. La espalda: en un estudio desarrollado en 2007 se demostró que ninguno de los usuarios había adoptado una postura adecuada para su columna vertebral, lo que implica un peligro cierto para su saludo muscular y osea.

7. El corazón: el 91% de los adolescentes entre los 12 y los 17 años usan sus perfiles en redes sociaels para permanecer en contacto con sus amigos; el 49% lo mantiene para hacer nuevos amigos; el 17% para flirtear. El 18% de los jóvenes entre 18 y 29 años utilizan sitios web de citas. El 19% de los nativos digitales entre los 13 y los 19 años reconocen haber subido fotos comprometedoras a la web.

Los nativos digitales son los que más rápida y cumplidamente han adoptado la tecnología, y ese hecho es incontrovertible o, más aún, incontenible. Realizar la etnografía exhaustiva de sus usos y costumbres, la cartografía completa de los sitios y lugares que atienden y visitan y la disección del impacto físico y psíquico que todo eso pueda comportar, será una de las tareas esenciales que debamos acometer en los próximos años.

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