Free Culture y las nuevas econom铆as de la generaci贸n del conocimiento

Lawrence Lessig escribi贸 hace tiempo un libro, bajo licencia Creative Commons, titulado as铆, Free Culture, cultura libre, cuya “meta no es combatir a los defensores de 芦todos los derechos reservados 禄. La meta es complementarlos. Los problemas que la ley nos crea como cultura son producidos por las consecuencias irracionales e involuntarias de leyes escritas hace siglos, aplicadas a una tecnolog铆a que solamente Jefferson podr铆a haber imaginado. Puede que las reglas tuvieran sentido en un marco tecnol贸gico de hace siglos, pero no tienen sentido en el marco de las tecnolog铆as digitales. Lo que hoy necesitamos son nuevas reglas 鈥攃on libertades diferentes, expresadas de forma que puedan usarlas seres humanos sin abogados. Creative Commons le da a la gente una forma efectiva de empezar a construir esas reglas”. Ayer comenz贸 en Barcelona el Free Culture Forum, un espacio para reflexionar sobre las profundas e inexorables implicaciones pol铆ticas, sociales y econ贸micas, am茅n de obviamente editoriales, que la expansi贸n del movimiento por el libre acceso y la cultura libre tienen en todo el mundo.


El lunes -qu茅 envidia- andar谩 tambi茅n por Barcelona Roger Chartier, en el Foro Atlantida, y lo menciono porque hace ya muchos a帽os que enunci贸 la regla fundamental del cambio contempor谩neo. Chartier dej贸 dicho que nunca antes en la historia de la civilizaci贸n hab铆an concurrido transformaciones en las maneras de crear y generar ideas y contenidos; en las maneras y modalidades de difundirlos y compartirlos, en las f贸rmulas jur铆dicas, por tanto, de su disponibilidad; en los usos que de esos contenidos pudieran hacerse, en su potencial reutilizaci贸n o remezcla. No hay parcela de la experiencia humana que pueda quedar indmene, menos a煤n la editorial, que no es otra cosa, esencialmente, que el oficio de la creaci贸n, explotaci贸n y distribuci贸n de contenidos.

Hace pocos d铆as escuchaba a Robert Darnton, otro de los grandes expertos en metamorfosis de la cultura escrita, Director de las Bibliotecas de Harvard y palad铆n del open access, declarar que una de las razones que explicaba la propagaci贸n imparable de este movimiento era la r茅plica de la comunidad cient铆fica ante los abusos de la industria editorial, y no le falta raz贸n. Darnton explicaba en esa entrevista que para las grandes universidades norteamericanas era m谩s cabal, consecuente y barato financiar a sus autores para que publicaran sus art铆culos en revistas de acceso abierto que intentar mantener por m谩s tiempo las suscripciones a cabeceras cuyos precios exced铆an, en muchos casos, los 30.000 $ anuales. Organizar una Oficina de Comunicaci贸n Acad茅mica, dotarla de personal y presupuesto y ponerla al servicio de la comunidad de profesores para explicarles las implicaciones del uso consciente de la propiedad intelectual, era mucho m谩s eficiente y econ贸mico que seguir adquiriendo productos editoriales que ellos mismos hab铆an contribuido a crear con su trabajo. De este reflexi贸n no quedaban exclu铆dos completamente, sin embargo, los editores: su funci贸n de filtradores y seleccionadores de contenidos, en concurrencia con otras modalidades de evaluaci贸n social distribuida, podr铆a seguir siendo fundamental, y lo digo s贸lo condicionalmente porque las herramienas de creaci贸n, distribuci贸n, uso y valoraci贸n de los contenidos est谩n siendo usadas de manera tan masiva y congruente, que a veces doy por desaparecido el oficio, al menos tal como lo hemos entendido hasta hoy.

Quiz谩s las iniciativas y estrategias de libre distribui贸n que siguen autores puntuales como el mismo Lawrence Lessig, Cory Doctorow o Alberto V谩zquez Figueroa, no sean m谩s que eso, ejemplos restringidos a autores cuya capacidad de deshacerse de molestas intermediaciones sea excepcional, pero en otros 谩mbitos de la generaci贸n y difusi贸n del conocimiento -como he ido comentando en las entradas de los d铆as anteriores-, la toma de conciencia de los actores sobre sus capacidades incrementadas es tan abrumadora, gracias al uso de las tecnolog铆as, que podemos hablar con propiedad de un nuevo ecosistema de producci贸n y circulaci贸n de la informaci贸n, de una nueva econom铆a o, mejor a煤n, de una nueva pr谩ctica econ贸mica vinculada a un espacio cuyas reglas ya no son las de la vieja econom铆a. De eso y de muchas otras cosas igualmente importantes se tratar谩 estos d铆as en Barcelona (y gracias desde aqu铆 a Simona Levi, alma instigadora del proyecto, que me ofreci贸 coordinar una de las mesas y por mi alocada agenda no pude aceptar).

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Comentarios

QUE INTERESANTE QUE LA CULTURA, LA INFORMACION Y EL CONOCIMIENTO ESTEN A DISPOSICION DE LA MAYOR CANTIDAD DE PERSONAS, SOLO ASI HABRE DE CUMPLIR SU ROL VERDADERO LA TIC.

QUISIERA CONOCER EL CONTENIDO DE ESE LIBRO

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