El tridente de la edición científica

Ayer, en Vigo, con cielo cubierto y claros ocasionales, en el Campus de la Unviersidad, hablamos del futuro de la edición científica. Se trata, básicamente, de difundir el conocimiento especializado que las universidades producen, para lo cual, hasta ahora, se venía utilizando la tecnología del papel -como soporte a través del que el contenido discurría-, el copyright -como licencia que intentaba controlar la circulación y la reproducción del contenido difundido-, y el peer review -como el sistema de evaluación y acreditación que daba el visto bueno definitivo para que ese contenido llegara a sus posibles lectores-. Todo eso, afortunadamente, ha cambiado. Adios al editor científico tradicional; viva el nuevo editor científico.


Si lo que pretendemos es difundir el conocimiento para que llegue a todos aquellos que lo puedan necesitar; si cuantos más especialistas lean un texto y lo comenten más inteligencia colectiva se generará en torno al tema tratado; si cuanto más desinteresados somos, poniendo ese texto a disposición de quien lo requiera, más intereses recibamos devueltos en forma de reconocimientos y parabienes de la propia comunidad científica, convendría que nos pusiéramos manos a la obra y transformáramos, consecuentemente, todo el proceso editorial tradicional.

Cómo afrontar la edición científica del futuro

El tridente de esa nueva edición científica debería estar compuesto por: la gestión digital de los contenidos, que se encarnarán, preferentemente, en soportes digitales dotados de aplicaciones que nos permitan explotar los textos de una manera mucho más rica, capaces de generar una verdadera red de conocimientos compartidos; la liberación de los contenidos, mediante su puesta a disposición de la comunidad científica mediante licencias Creative Commons, en la modalidad que se elija; la generación de grandes plataformas públicas de conocimiento que aglutinen la producción de los centros de investigación y las universidades públicas, sin necesidad, al menos forzosamente, de contratar servicios privados o accesos restrigindos a plataformas de suscripción obligatoria que no permiten que se realice descarga alguna.

Internet puso en manos de los autores la posibilidad de controlar el medio de producción, la circulación del contenido y su posterior reutilización o empleo. La verdadera revolución digital está en el uso consecuente de esas potencialidades.

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