Guadalajara y los futuros del libro

Mis relaciones con el espacio-tiempo se agravan con la edad. Mi cuerpo pretende estar siete horas por delante mientras mi yo virtual anda siete horas por detrás en la Feria de Guadalajara, sin terminar de encontrarse. Mientras dirimo estas diferencias irreconciliables a base de café, buena parte de los futuros del libro se deciden en Guadalajara. Lo que las industrias de Iberoamérica decidan hacer tendrá, sin duda, un efecto trascendental en la manera en que el conocimiento circule y se encarne, y está en su mano el hacerlo de una manera distinta e independiente.

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Es necesario tomar nota y leer con atención el artículo “La larga estela (The long tail) en el sistema del libro“, la contribución de Robert Max Sttenkist, de la CERLALC, al trabajo colectivo Estudio prospetivo del sector editorial latinoamericano. Sttenkist da en la clave, claro, y deja al descubierto que la mayoría de las rémoras y complacencias de las industrias editoriales son solamente eso, inercias injustificadas que suelen servir para lamernos las heridas analógicas: las tecnologías digitales hacen potencialmente realidad la posibilidad de llegar a públicos con demandas muy especializadas lo que hace a su vez viable la existencia (y aún la supervivencia) de pequeños editores que sepan explotar esos espacios restringidos y necesariamente limitados. Si conseguimos anudar la voluntad de unos cientos de lectores en una comunidad de intereses y afinidades más o menos devota y perseverante, podemos cambiar por completo nuestra manera de crear y difundir las cosas: puede llegar a bastar una plataforma digital bien diseñada, una estrategia de suscripción asequible, un conjunto de herramientas sociales bien utilizadas, y unos cuantos formatos de salida bien ideados (entre los que es necesario destacar, claro, el concurso de las tecnologías de impresión digital, tan necesarias).

La digitalización es la gran oportunidad, la gran baza, de la industria iberoamericana: superar las ineficiencias económicas que lastran el modelo tradicional; aumentar efectivamente la bibliodiversidad, la oferta cultural, llegando a más rincones y lugares de lo que la distribución analógica pudiera hacer; transgredir los ineficaces modelos de distribución tradicional tornándolos digitales mediante el uso de máquinas de impresión bajo demanda y, finalmente, obligándose a comprender que el giro verde de toda la cadena de valor no es un lastre económico ni industrial, sino un imperativo ético y económico.

Mañana, con la fuerza de mi pesuasión tocada por un jet lag monumental, intentaré convencer a los editores iberoamercianos de la trascendencia de su papel en el cambio.

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Comentarios

esperemos que gracias al verbo fácil que te otorgó la musa locuaz !? te ayude a convencer a los más reacios…

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