Neocolonialismo editorial y la república mundial (digital) de las letras

Jorge Volpi, en su último libro premiado, El insomnio de Bolivar, dedica ciertas consideraciones a la desigualdad en la balanza comercial editorial entre Iberoamérica y España o, lo que quizás sea más grave e intolerable aún, a una forma poco larvada de neocolonialismo cultural que consiste en que todo el campo literario iberoamericano gravita en torno a los polos de la industria editorial española, a Madrid y Barcelona. Para que un escritor latinoamericano triunfe, debe aspirar, firmemente, a ser editado por un sello español, a escapar de la consoladora jaula de las evidencias más cercanas y los halagos más provincianos.


Es cierto que el campo literario iberoamericano ha tenido -y sigue en buena medida teniendo- como polo magnético, la industria editorial catalana y madrileña. En la correlación de fuerzas que se establece dentro de un campo cultural, España ha asumido durante mucho tiempo el papel de instauradora del canon literario a uno y otro lado del océano, qué merece o no merece ser la pena editado o leído, difundido e impreso, promocionado y premiado. El acierto de Volpi es no refugiarse en la fácil condescendencia, sino en atribuir con lucidez las respectivas responsabilidades: “pala un latinoamericano, publicar en las editoriales españolas no significa una invasión bárbara o un acto de traición, sino la única forma de escapar de sus jaulas nacionales y de ser leídos en los demás países de la región”.

Paradójicamente, entonces, para triunfar en el propio campo literario, había que hacer uso de las redes de promoción y difusión de los grandes sellos españoles, en un trasiego de mercancías inconcebible entre la península y el continente. “La culpa de este proceso”, dice Volpi, no es, por supuesto, sólo española: la incapacidad de las editoriales latinoamericanas para crecer y modernizarse es la verdadera responsable de esta nueva forma de colonialismo”. Exactamente pero, ¿por qué debería seguir siendo así en un mundo multipolar, en el que contamos con herramientas digitales para gestionar más ágil y diligentemente la comunicación de nuestros contenidos y en el que la profecía de Pascale Casanova del verdadero advenimiento de una República mundial de las letras está cada vez más al alcance de la mano?

Todos los países del mundo, excepto Estados Unidos y el Reino Unido, son deficitarios en propiedad intelectual. Lo que exportamos e importamos son, tan sólo, paquetes y mercancias, pero, ¿sigue teniendo esto sentido en la era digital? En absoluto. Si no son mercancías y fardos lo que tiene que trasegar de un lugar a otro, sino contenidos y derechos, ¿qué nos impide hoy generar una verdadera república mundial digital de las letras -al menos una república iberoamericana digital de las letras- haciendo un uso metódico y estratégico de las herramientas digitales?

Hoy seguiremos discutiéndolo en el foro de la Feria de Guadalajara.

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Comentarios

Joaquín, recomiendo este informe, en caso de que no hayas accedido aún a él.

http://issuu.com/gindij/docs/el_comercio_de_libros

Saludos!

En el homenaje a Carlos Fuentes de la pasada FIL (http://www.youtube.com/watch?v=0WtqYWi_eIo&feature=related) se hablaba del Territorio de la Mancha en unos términos de altinosante panhispanismo que precisaban matización. Excelente, esta de Volpi.

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