La última oportunidad

En el último número de Vanguardia Dossier sobre cambio climático, Stefan Rahmstorf, uno de los científicos que más claramente han hablado en los últimos años sobre la deriva a la que nos llevará el aumento de la temperatura sobre la superficie terrestre, decía: “en este momento, el futuro a largo plazo de nuestro planeta pende de un hilo”. Hoy ha comenzado la cumbre de Hopenhagen, nuestra última oportunidad: si el ritmo actual de emisiones sigue aumentado, habremos sobrepasado en el 2020, dentro de tan sólo diez años, lo que la Unión Europea se había marcado como horizonte para el 2050. En el Copenhagen Diagnosis puede leerse: “Las emisiones mundiales de dióxido de carbono provvenientes de combustibles fósiles en 2008 fueron casi un 40% más altas que en 1990. Aunque las tasas de emisiones globales se estabilicen a los niveles actuales, en sólo 20 años más de emisiones tendríamos un 25% de probabilidad de que, aunque tuviéramos cero emisiones después de 2030, el calentamiento exceda los 2ºC. Cada año de acción retardada aumenta las probabilidades de exceder el calentamiento en 2ºC”.
Cuando discutimos sobre reducciones progresivas y sobre la conveniencia hipotética de dar los primeros pasos lo que no suele decirse es que, simplemente, no hay tiempo para tentativas ni tanteos; tan sólo para resoluciones drásticas y presteza en las decisiones. También, claro, dentro del mundo editorial.


La World Wild Foundation en Alemania realizó en el mes de octubre de este año un análisis titulado Tala de bosques tropicales para libros infantiles en el que demostró que 19 de los 51 libros analizados aleatoriamente contenían pulpa de maderas de bosques tropicales sin trazabilidad ninguna, la mayoría de ellos impresos en China, país que importa el 50% de la pasta de papel producida (a menudo ilegalmente) en Indonesia. Esa constatación levantó en la última Feria del Libro de Frankfurt un revuelo comedido, porque solamente se celebró un acto (al que asistí, en el stand de las academias coaligadas del libro) en alemán con presencia de algunos de los editores dispuestos a realizar un acto de contricción.

La campaña posterior promovida por la ONG lleva  por lema Ninguna tala para los libros infantiles, y los activistas se disfrazan de los orangutanes indonesios que pierden su habitat primigenio. Sabemos que en España sigue existiendo la importación ilegal de pastas provinientes del mismo origen. ¿Cómo sería posible que eso no sucediese si la deslocalización de la producción es masiva y muchas editoriales dejan en manos de empresas como Sinar Mas Group (SMG) y Asia Pulp and Paper (APP) el aprovisionamiento de la materia prima?

Joe Room, el bloguero más incisivo e importante del mundo en asuntos bioclimáticos (hay que seguirle en Climate Progress), revela en los últimos días que se ha subestimado durante mucho tiempo la progresión de nuestras emisiones, y que, tal como afirmaba Rahmstorf, nos queda muy poco tiempo.

En nuestro mano está, como editores, demandar materias primas con certificación FSC, única prueba de que el origen de las pulpas procede de bosques cultivados a tal efecto y de que las comunidades donde ha crecido reciben el beneficio que se deriva de su comercio y venta. Existen bases de datos a disposición de quien quiera saber dónde obtener papeles certificados para el tipo de libros que edita y existen también registros de buenas prácticas editoriales donde pueden rastrearse las decisiones que algunas editoriales ya han tomado.

Si realizáramos entre nosotros el mismo análisis que la WWF hizo en el mes de octubre en Alemania en 51 libros infantiles, ¿qué resultados obtendríamos? Es nuestra última oportunidad.

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Comentarios

¿Y por que no potenciamos el libro eelctrónico como forma mucho más incisiva para reducir la tala de árboles?

hemos de potenciar el libro electrónico.

Reproduzco uno de los muchos artículos sobre la e-basura y sobre el carácter extremadamente contaminante de la fabricación y deshecho de los productos electrónicos:

Un ordenador pesa nada menos que 1,8 toneladas. Sí porque, según dice el investigador alemán Ruediger Kuehr en su libro Computers and the Environment, la fabricación de un PC con una pantalla plana de 17 pulgadas necesita de al menos 240 kilos de combustibles, 22 de productos químicos y 1.500 litros de agua.

El uso de recursos en el sector electrónico es sólo parte del problema. La otra cara es la gestión de las crecientes montañas de e-basura. La Agencia Europea del Medio Ambiente calcula que el volumen de ésta crece tres veces más rápidamente que otras formas de basura municipal, al punto que pronto llegará a 40 millones de toneladas métricas, suficiente para llenar una fila de camiones que recorrería la mitad de la circunferencia de la Tierra.

La Universidad de las Naciones Unidas, el Programa de Medio Ambiente de la ONU, la Agencia de Protección Medioambiental de EEUU, universidades de los cinco continentes y empresas como Dell, Microsoft, HP o Philips se han unido en la iniciativa Solucionar el Problema de E-Basura (StEP, por sus siglas en inglés).

StEP quiere estandarizar globalmente los procesos de reciclado para recuperar los componentes más valiosos de la basura electrónica, extender la vida de los productos y armonizar las legislaciones y políticas. Uno de los mayores problemas para el reciclado de e-basura es la falta de una legislación común, por lo que las empresas están a favor de homogeneizar las leyes y reglamentos.

El otro factor es que, para producir electrodomésticos y PC, se usan metales preciosos como el oro o la plata, pero la creciente demanda de otros metales los está convirtiendo en materiales de extremo valor.

Es el caso de indio, un derivado del zinc que se utiliza en más de 1.000 millones de productos cada año, desde pantallas planas a teléfonos celulares. En los pasados cinco años, los precios de este metal se han multiplicado por seis y en la actualidad es más caro que la plata. Aún así, el reciclado de indio sólo se realiza en un puñado de instalaciones en Bélgica, EEUU y Japón.

Kuehr señala que los fabricantes se verán obligados a "rediseñar sus productos para que puedan ser más fácilmente reciclados y se puedan recuperar mejor los materiales valiosos o tóxicos".

http://www.baquia.com/noticias.php?id=12025

Los ebooks, desde luego, no son la solución.

este libro es muy bueno es largo pero tienen que leerlo despues que lo lean me dicen si esta bueno bye

La verdad es que lei estrelibro y me parecio espectacular tengo muchas ideas y razonamientos acerca del libro que quisiera conpartirlas deseo su pronta respuesta

gracias

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